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Hacia una nueva visión de la salud

Esta es una sola tierra con abundancia de culturas y cultivos y una abigarrada diversidad de coloridos etno-culturales que conducen a la expresión dinámica de una sola humanidad. 

La humanización es un proyecto vivo, más incluyente y poderoso que el proceso biológico de hominización, más significativo que la portentosa explosión del campo neuronal. Ya no sólo somos semillas de un plan desconocido: nos cultivamos, nos sembramos, nos cosechamos y distribuimos la cosecha. Morimos, renacemos, nos renovamos y así, de toda muerte, vamos creciendo con la gran corriente de la vida.

Cada uno de nosotros es una pieza irremplazable en el puzle de este paisaje evolutivo. Ocupar la posición que nos corresponde en el concierto de las cosas. Ser, como decía Gandhi, el cambio que proponemos para el mundo.

Afirmarnos sin tener para ello que negar a otros. Unirnos sin necesidad de renunciar a nuestra diversidad y su correspondiente unicidad. Ser lo que somos sin necesidad de competir. Compartir, como un modo de relación que nos lleva a una forma superior de unión. Responder a la necesidad. Reconocer el valor de lo esencial. Hacer de la paz, la fraternidad y la libertad valores permanentes en todos los sitios del planeta.

Es interesante pues, más allá de dogmas y prejuicios, saber que no hay visiones correctas o incorrectas, todo depende de nuestro punto de vista. De nuestra postura como observadores.

La enfermedad nos muestra el camino hacia la salud

Así como vemos el mundo nos vemos a nosotros. Nos moldeamos según nuestro modelo del mundo. Un cambio de visión es producto de un cambio de conciencia, por lo que es interesante conocer cuál es nuestra postura como observadores para comprender mejor nuestros puntos de vista.

Con este punto de partida podríamos tratar de acceder a un mundo en el que el observador y lo observado son tan integralmente interdependientes que son realmente inseparables. En esta reciprocidad de observador y observado se insinúa un campo unificado de interacciones, que no sólo comprende al hombre en tanto que sujeto, sino que comprende todas las interacciones entre partículas, cargas, campos y niveles de lo manifestado.

El campo relacional es como el campo unificado, y la conciencia en sus distintos niveles es el hilo conductor que va tejiendo la trama de la vida. La disarmonía relacional en cualquier plano conduce a un estado transitorio de desequilibrio que llamamos enfermedad, por lo que ésta es también un asunto relacional, un proceso de conciencia. 

Aceptar las cosas tal cual son es el primer paso hacia el cambio. Pretender cambiarlas sin aceptarlas genera resistencias y desgaste innecesario. Se trata de comprendernos, de aceptarnos, de darnos la mano y completarnos. Se trata de reconocer nuestras diferencias y unicidades en el seno de un patrón de relaciones que escenifica nuestra profunda interdependencia, para emerger a una sociedad más íntegra, más sana, más feliz. En síntesis, más humana.

Por primera vez en la evolución asistimos en nuestra humanidad a la conciencia de sí, un tipo de conciencia capaz de transformarse a sí misma. Esta conciencia reflexiva, plenamente expresada en la capacidad de la conciencia de reflejarse sobre sí misma para auto transformarse, permite en el hombre la expansión a la conciencia creativa, la capacidad real de participar en el proceso creador. Somos creadores.

Un enfoque diferente de la salud y de la enfermedad 

Requerimos de un enfoque diferente de la salud y de la enfermedad, de una forma distinta de ver al ser humano que buscamos sanar, y por tanto de su vida y de su muerte.

Cambio de visión de la salud no ya no como un estado de bienestar físico emocional, mental y espiritual, sino como un proceso dinámico que tiende a la integridad, o restauración de la unidad relacional con uno mismo y con todo lo demás. La gran implicación en la relación terapéutica es que esta relación en sí representa el primero y el más esencial de los medicamentos.

Cambio de visión de la enfermedad que en esta visión no es lo contrario de la salud, y puede representar una crisis u oportunidad para emerger a un nivel superior de salud o de mayor integridad. Podemos ver la enfermedad como una estrategia adaptativa a veces fallida de nuestra naturaleza biológica y/o personal. Más que atacar la enfermedad como una catástrofe, es necesario comprender su dinámica multicausal y sus lecciones implícitas. Así, podemos afrontar los síntomas como respuestas adaptativas de nuestra naturaleza, la mejor que el organismo pudo expresar para compensar un desequilibrio.

Cambio de visión de la vida. Se enfoca la vida a la luz de una biología sistémica como un proceso de aprendizaje que se da por la interacción de un patrón de información auto-recreativa con la estructura permanentemente cambiante del cuerpo. Así, salud y enfermedad, vida y muerte, representan modos de aprendizaje evolutivo. La resistencia al aprendizaje genera fricción, dolor que se convierte en sufrimiento, e inercia que nos lleva a la repetición de lecciones no aprendidas.

Cambio de visión de la muerte. Se puede concebir la muerte, no como lo contrario de la vida sino como un evento necesario a todos los niveles para que la vida sea viable. Desde la biología de la apoptosis o muerte celular programada, hasta el desapego y la renuncia a lo que no es esencial en el plano de la personalidad, eso que llamamos muerte es en realidad la matriz desde la que se generan nuevos niveles de orden necesarios a la renovación de la vida.

Un nuevo nivel de observación. Crear salud

Esta concepción de la vida y la muerte, de la salud y la enfermedad, como procesos dinámicos de aprendizaje, implica una dimensión pedagógica de la terapéutica y una dimensión terapéutica de la pedagogía.

La mejor manera de crear salud es educar. Educar acerca de lo que somos de verdad es una modalidad de terapia irreemplazable que despierta nuestro potencial para cambiar, dado que la mayoría de nuestras enfermedades crónicas se relacionan con estilos de vida malsanos enraizados en hábitos, condicionamientos y falsos sistemas de creencias.

Estamos emergiendo a un nuevo nivel de observación, en el que el observador, la humanidad misma, está observando un mundo que involucra la materia, la energía, la información y la conciencia en un gran campo unificado e indivisible del que somos parte.

Integrarnos a ese campo y aprender a utilizar su enorme potencial será el arte y la ciencia de una nueva forma de abordar la salud y la enfermedad, la vida y la muerte. De un nuevo modo de vernos a nosotros mismos como humanidad. De crear salud.

Dr. Jorge Carvajal Posada

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