Muchos cerebros: cada núcleo celular es como un cerebro, cada membrana celular es un cerebro procesador de información, la piel es un cerebro, el sistema digestivo es un cerebro, el sistema nervioso autónomo, que no es tan autónomo, el simpático y el parasimpático son prodigiosos cerebros periféricos.
Pero, además de esto, contamos con el sistema nervioso central, que es una amalgama de cerebros que procesan distintos tipos de información. Este procesamiento ocurre en profundidad, de tal manera que el modelo de aprendizaje es el deep learning, el aprendizaje profundo que acontece permanentemente en el sistema nervioso central, a través de la integración de distintas capas de información y de distintos estadios evolutivos de la conciencia.
En nuestro sistema nervioso central se acumula toda nuestra experiencia evolutiva. Recibimos el regalo de la herencia de toda la filogénesis, de todas las especies que nos precedieron. Ese prodigioso legado incluye el procesamiento vegetativo, los automatismos, el control de la presión arterial, de la respiración, y los controles endocrinos y metabólicos, para los cuales no tenemos que hacer ningún esfuerzo consciente. No necesitamos pensar en ello, porque forman parte de un legado de la evolución: miles de millones de años acumulados como experiencia evolutiva a nuestro servicio.
Así, podemos observar cómo el cerebro se va proyectando: desde una línea inicial se superponen numerosas capas o líneas. De esta manera funciona el patrón de ordenamiento neuronal. Este patrón no solo opera en sentido vertical, en la medida en que nos humanizamos, conquistamos un océano más profundo y rico de capas o estratos de la conciencia, sino que también funciona en sentido anteroposterior. Evolucionamos no solo de abajo hacia arriba, sino también de atrás hacia adelante, integrando ambas direcciones en el lóbulo frontal, donde reside el “gerente” de la empresa de la vida.
Si observamos el cráneo de los reptiles, encontramos una estructura más o menos horizontal y aplanada. Este cráneo contiene capas neuronales relacionadas con el manejo de la vida vegetativa y con las estrategias de supervivencia de la especie. Sin embargo, a medida que evolucionamos, ese cerebro adquiere mayor altura y profundidad, acumulando capas correspondientes a distintos estadios de la conciencia.
Se produce entonces un proceso maravilloso: desde un mundo horizontal, a través de reptiles, aves y mamíferos, avanzamos hacia la verticalización. No solo se verticaliza la estructura neuronal y su profundidad, sino también el cuerpo. Todo ello está relacionado con el procesamiento de la información, especialmente del sonido, y con el aumento de la banda de frecuencias que podemos procesar.
Al final de este proceso evolutivo, el cerebro experimenta una expansión significativa. Esta expansión no se refiere únicamente a la cantidad de neuronas, sino, sobre todo, a su forma de conectarse: la conectividad neuronal. Esta transformación ha representado el ascenso, a través de la verticalización, hacia nuestra humanidad.
Si lo observamos desde otra dimensión, hoy podemos ver cómo, a través de la conectividad, tres grandes esferas de la conciencia se han ido condensando y entrelazando, tanto en sentido ascendente como descendente, constituyendo la unidad compleja de nuestro sistema nervioso central: ese maravilloso instrumento de la conciencia.
Encontramos, entonces, una primera esfera —íntimamente interconectada con las demás— que corresponde al cerebro reptiliano. Luego, una esfera más instintiva, propia del cerebro mamífero. Y, a partir de ella, el desarrollo prodigioso del cerebro humano, que a su vez desciende e interactúa con las esferas anteriores, generando un sistema de conectividad y reverberación.
En cada instante, tenemos disponibles tanto las adquisiciones más antiguas como las más recientes. Cada día aprendemos, nos renovamos, y contribuimos a generar una conectividad que enriquece nuestro sistema nervioso central.
Así, podemos reconocer tres grandes dimensiones. Una dimensión relacionada con el campo físico y material, y con los sistemas automáticos vegetativos. Una dimensión intermedia, vinculada al manejo de los instintos, los afectos y las emociones, asociada a la inteligencia emocional y al cerebro límbico. Y una dimensión propiamente humana, donde toda esta información se integra y se utiliza de forma original y creativa, a través de la conciencia reflexiva que caracteriza nuestra humanidad.
Dr. Jorge Carvajal
Creador de la Sintergética y Manos para sanar


