El cuerpo tiene una fuerza vital o capacidad innata para autorregularse y sanarse; desde esta perspectiva, el papel de la terapia es estimular o apoyar esa capacidad, más que solo tratar síntomas de forma directa. Este principio constituye uno de los fundamentos conceptuales de la Sintergética.
Desde el enfoque de la Sintergética, esta puede comprenderse como una metodología terapéutica integrativa que fusiona elementos conceptuales, epistemológicos y prácticos provenientes de diversos sistemas médicos tradicionales codificados, tradiciones curativas indígenas, terapias complementarias, así como de marcos científicos contemporáneos, en particular la cibernética y la ciencia de sistemas.
Esta articulación configura un sistema holístico y salutogénico de terapias bioenergéticas, orientado no exclusivamente al tratamiento de la enfermedad, sino a la creación, mantenimiento y restauración de la salud.
La Sintergética integra, entre otros, principios de la medicina china y el Ayurveda, ambos clasificados como sistemas etnomédicos codificados, junto con saberes procedentes de tradiciones curativas indígenas, caracterizadas por una comprensión relacional de la salud, el territorio, la espiritualidad y la comunidad. A ello se suman prácticas como la auriculoterapia y la terapia neural, que funcionan como puentes terapéuticos entre paradigmas, permitiendo una intervención clínica que reconoce tanto los procesos neurofisiológicos como los flujos bioenergéticos del organismo.
Desde el punto de vista paradigmático, la Sintergética se inscribe en el marco de:
- Terapéuticas vitalistas (vitalistic therapeutics), al concebir al ser humano como un sistema vivo complejo y dotado de una dinámica energética fundamental autorreguladora;
- Holístico, al entender la salud como el resultado de interacciones entre dimensiones biológicas, emocionales, sociales, espirituales y ambientales;
- y salutogénico, al priorizar los factores que generan salud por encima de una lógica exclusivamente patogénica centrada en la enfermedad.
La incorporación de la cibernética y la ciencia de sistemas permite a la Sintergética comprender al organismo humano como un sistema adaptativo complejo, en el que los síntomas son expresiones de desajustes en la coherencia del sistema y no meramente desequilibrios aislados.
Este enfoque posibilita la integración de elementos biomédicos —como el diagnóstico clínico y el conocimiento fisiopatológico— sin que estos se conviertan en el centro gravitacional del modelo terapéutico, manteniendo así una forma de conocimiento que considera el conjunto y no solo las partes.
En este sentido, y de acuerdo con la tipología operativa de la Medicina Tradicional, Complementaria e Integrativa (TCIM) propuesta por Nadine Ijaz, la Sintergética puede situarse en el Tipo F: Terapéuticas Integrativas, también denominado el “Tercer Espacio”.
El Tercer Espacio se caracteriza por una integración profunda de distintos sistemas de conocimiento, una apertura entre enfoques médicos y la búsqueda de sinergias terapéuticas que sean culturalmente adecuadas y clínicamente eficaces.
Este espacio no corresponde a un sistema médico aislado o una suma de terapias, sino a un marco relacional, donde confluyen y dialogan sistemas de medicina tradicionales de distintas culturas (sistemas etnomédicos), prácticas complementarias y la biomedicina, sin que uno de ellos subsuma o anule a los otros.
Así, la Sintergética ejemplifica un modelo en el que los saberes tradicionales y los diversos paradigmas médicos y terapéuticos son reconocidos como sistemas integrados de manera coherente en un enfoque holístico y orientado a la promoción de la salud.
Su ubicación en el Tercer Espacio de la TCIM permite comprenderla como una propuesta actual que responde tanto a la diversidad de enfoques médicos existentes como a los desafíos éticos y de conocimiento que plantea su integración en los sistemas de salud del siglo XXI.