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Hace algo más de treinta años, y por motivos que no podía en aquel entonces explicar, elegí como especialidad la Neurología. Mis compañeros de carrera se burlaban diciendo que me dedicaría a regar plantas, entendiendo que los daños que usualmente vemos en neurología son devastadores e irreparables.

Siendo alumna, fue Miguel, un hombre de 33 años, quien había sufrido un Accidente Vascular Cerebral extenso que lo dejó hemiplégico y sin habla, el que me llevó a elegir este camino. En el silencio de su dolor, encontré lo que da esencia a mi quehacer desde entonces, estar, sentir, acompañar, escuchar. Podríamos decir que la Neurología, dentro de su entonces limitado campo de acción, prácticamente un juego mental de exquisitos diagnósticos, con pocas herramientas de resolución, me llevó a la más dulce compasión.

Pasaron años en que progresivamente el desencanto de no ofrecer mejores estrategias de ayuda, por lo demás tardías, me llevó a la enfermedad y a cuestionar mi ejercicio profesional.

Fue entonces, cuando la Sintergética apareció en mi vida, nada casual, a recordarme aquello que tantos años atrás había encendido la luz en mis ojos y el deseo de servir…elevar los ojos del paciente al alma.

Era lo que había intentado por años hacer, pero con pocas herramientas a mi entender.

De pronto, desaparecieron los límites, las especialidades, los roles y la Neurología pasó a ser un antecedente, valioso, pero sólo eso.

Muchos años he practicado la Sintergética como ex neuróloga, como solía decir, hasta hace muy poco tiempo, en que tras vencer miedos ancestrales, dirigí un módulo de Neurosintergia.

Es verdad que enseñando es cuando más se aprende. Es así como todo aquello que había aprendido, estudiado y practicado, se tornó en un cuerpo nuevo, una imagen tridimensional de esta maravillosa estructura que deja de ser estática, rígida, un computador si no un holograma magnífico del universo en su semejanza con las estrellas de nuestra galaxia, que permite relacionarnos con uno mismo, con el otro y más allá, con el TODO.

Magnífica partícula de la creación, y nosotros, en dominio, aún primitivo de ella.

Mucho nos queda por descubrir y estudiar respecto al cerebro y ampliemos al sistema nervioso.

Lo que no debemos jamás olvidar, es que cuando dos neuronas se abrazan, se comunican, sólo recuerdan el acto creativo, amoroso entre el Creador y su criatura.  Millones y millones de abrazos, de encuentros, sinapsis para la ciencia, conforman este tejido que genera el mapa holográfico de la evolución y de nuestra evolución.

Vuelvo a enamorarme de la Neurología redescubierta desde la mirada de la Sintergética.

Autora: Dra. Mercedes Espinoza S.

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