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UNA POLÍTICA PARA LA PAZ

 

Quiero partir de la idea de que no hay otro camino distinto que el de la elevación de la conciencia sobre el ser que somos y estamos llamados a ser, y en él, el lugar que juega el otro, los otros, a los que nos debemos, que es nuestra razón de ser y nuestro espejo; no somos seres en soledad sino en comunidad, y el reto de la paz se sitúa ahí, en la relación  de nuestro ser con los otros y con lo otro.

Ya decía Umberto Eco, cuando el cardenal de Milán, Carlo María Martini, le preguntaba: “Entonces, si no hay un Dios, ¿a qué apela el ser en los casos extremos? Ecco, ateo, le responde: “la ética aparece cuando el otro entra en escena”. Para él, el otro es razón suficiente; que para los creyentes, es el mayor regalo de Dios, hecho a su imagen y semejanza. Pero es extraño, no parece bastarnos la humanidad del otro, de los otros, que es nuestra misma humanidad.

Por eso, responder por la paz desde Una Política para la Paz, es plantear la utopía misma de la humanidad. Vivir armónicamente en comunidad, con los otros, con lo otro, ese medio que también nos ha sido dado, no para dominarlo, sino para domeñarlo (domesticarlo, crear lazos, relaciones de corresponsabilidad), por lo que este tema, que me ha sido encomendado por supuesto no puede aspirar sino a lanzar algunas reflexiones, algunas propuestas sobre las que como sujetos tengamos algún margen de maniobra. Que la inmensidad de la tarea no nos abrume.  Y pueden resumirse en 2 líneas:

Reconocernos en la inmensidad y la pequeñez que a la vez somos. En relación con los otros y lo otro. Cultivar la empatía. Ilustrarnos. Reconocer y valorar la diferencia. (Conciencia-Educación).

Reconocernos como sujetos políticos. Profundizar la democracia (Política).

No creo mucho en las políticas de educación, en las políticas de paz, en las políticas institucionales. Estas, o recogen, normalizan y ordenan (de dar una orden de acción) una práctica social, en el mejor de los casos; o imponen una práctica que no ha sido posible instaurar como conciencia en una comunidad, o porque conviene a algunos intereses (la política económica, por ejemplo).  Prefiero hablar entonces de política en su acepción más amplia: el lugar de la construcción del bien común, de aquello que conviene a todos de igual manera, a pesar de las diferencias.  

Lucía González D.

LUCIA GONZALEZ

Lucía González comisionada de la Comisión para el Esclarecimiento para la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. Trabajó con la oficina del Alto Comisionado construyendo fortalezas para la paz en los territorios, en pedagogía de los Acuerdos y en la Secretaría del Consejo Nacional de Paz, así como en la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas entre otras. Conferencista internacional en temas de Paz, memoria, reconciliación, museos, arte y transformación social.

 

Lucía Gonzalez es conferenciante invitada en el Congreso Online “Gestores de Conciencia por la Paz”.

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