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RESILIENCIA, INOFENSIVIDAD Y PAZ

PARTE I

 

La paz es un estado de la consciencia, que revela alineación entre la personalidad y el alma. Al alma es luz, es sabiduría. La personalidad alineada con el alma se caracteriza por su relativa ausencia de ignorancia, sinónimo de ausencia de incoherencia o tensión, presencia de paz.

Con frecuencia vinculamos la paz al bienestar de los sentidos o la armonía externa, las vacaciones, una buena cena, sin embargo, la paz es algo mucho más profundo y duradero.  Como estado interno de la consciencia, la paz puede perfectamente coincidir con un conflicto en el mundo externo, con el dolor o incluso con la muerte.

Íntimamente vinculada a la resiliencia, esa cualidad de la consciencia que nos permite aprender del dolor, la paz testimonia que comprendimos que la vida es buena, y las dificultades nos templan.

 

AMOR Y DOLOR 

Son los dos grandes Maestros y la vida es un proceso de aprendizaje, negar a un Maestro es negarse. Son las dos riveras por las que el rio de la vida fluye, quien niega una rivera pierde el cauce, generando una inundación y una sequía.

El amor no es romanticismo, ni complacencia, no es dependencia, ni querer lo fácil, lo cómodo, lo placentero. El amor es valiente, fuerte, sabio, incluyente. El amor camina con la verdad y no se posa allí donde hay motivos ocultos.

Donde hay inocencia y transparencia, hay amor. Donde se comprenden las lecciones del dolor hay sabiduría, la sabiduría es una vertiente del amor. Donde la visión es amplia y se percibe la conexión de todas las cosas, hay amor. Como humanidad estamos todos conectados, como vida estamos todos conectados. Saber que no pueden progresar unos cuantos, dejando atrás a otros, es visión. Somos un todo, así como una bicicleta no puede avanzar, si falta le falta un engranaje, nosotros no podemos avanzar si damos la espalda a otros.

 

EL DOLOR 

Posiblemente no exista sabiduría mayor, en menos palabras condensada que en el fragmento del antiguo Mantram de la Unidad, cuando dice:” QUE EL DOLOR REVELE SU LECCION DE LUZ Y AMOR”. Con eso basta. Para vivir de acuerdo a las Leyes de la consciencia, con eso alcanza. No es necesario buscar más, ni ir a ningún lugar, con aplicar esa verdad es suficiente, la luz y el amor se despliegan. Se despliegan revelando el sentido, la conexión intima de unas cosas con otras, se despliegan arraigándonos profundamente a la paz, que es arraigarnos a la vida.

En la vida de quienes tienen empatía, capacidad de acompañar, de sanar, de consagrarse a mejorar las condiciones de vida de otros, siempre encontramos las huellas luminosas del dolor que la resiliencia permitió incorporar, como nobleza, fuerza, amor y compasión. Es el arquetipo de Quirón, el sanador herido, el sabio que comprende el dolor de otros y ha profundizado en los modos de aliviarlo, porque lo ha vivido.

La resiliencia es esa cualidad de la consciencia que vincula el dolor, al amor, que tiende el puente, que hace el viaje. La resiliencia nos hace posible leer la intención siempre benéfica que la vida tiene, cuando trae lo que trae y retira lo que debe partir. Benéfica siempre… aunque no comprendamos, aunque no nos guste, aunque el viento arrecie, el frío corte y sea de noche. 

Acabo de tener un accidente, en el momento en que subía a un caballo, él se resbaló, entre mi impulso y su movimiento salí lanzada del otro lado, aterrizando de cabeza contra el cemento, eso fracturó dos huesos del cráneo. Por fortuna hombro y clavícula se comportaron como nobles soldados, se ofrecieron para absorber la mayor parte del golpe, la clavícula se rompió en tres partes, pero las fracturas craneales no fueron serias. Luego de eso, y solo fue un instante, él que se había desequilibrado, cayó sobre mí. Eso se saldó milagrosamente con 7 costillas que logran romperse de forma de no perforar corazón, ni pulmón y no se daña ninguna vértebra.

El dolor nos coloca en posición de máxima vulnerabilidad, la vulnerabilidad nos permite ver sin trampa ni cartón, donde estamos en la escala de la confianza. Si surge miedo, perdemos la paz. Si sentimos culpa, perdemos la paz. Si nos enfadamos, perdemos la paz.

Si aceptamos y nos entregamos, si recibimos la ayuda abiertos y agradecidos, el dolor nos permite experimentar el amor y la protección de una forma espléndida.

Isabella di Carlo

Isabella di Carlo es psicóloga transpersonal, escritora, conferenciante y poetisa. Especialista en Esencias Florales, Homeospagyria (Homeopatía) y AONC (Auto Observación Neutro Consciente – Neurociencias) se dedica a la psicología clínica desde 1992.

Enseña la práctica de la meditación como vía de autorrealización y servicio desde 1994. Realiza talleres prácticos para el entrenamiento en la aceptación, el perdón, la compasión y los demás valores que conducen a alinear la personalidad con el alma. Colabora desde hace 20 años con periódicos,   revistas y webs mediante artículos que promueven el despertar de la consciencia y la cultura de la paz.

Autora de  VALORES QUE CURAN: Hacia una Psicología del alma,  La Sal de la Tierra y La Vida Siempre puede más (anahataediciones.com).

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