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¿QUÉ ES EL ALFABETISMO EMOCIONAL?

 

El alfabetismo emocional es que podamos comprender un poco el ABC de las emociones sin pretender que ésta sea la única visión o la verdad acerca de ello. Pero sí que puede hacer algo que primero nos ilustre en el plano intelectual, nos lleve a la comprensión del entendimiento, pero más allá del entendimiento a participar o  compartir prácticas que nos ayuden de manera efectiva a transformar la asociación de la tendencia que tenemos automática de nombrar y darle categoría a la experiencia emocional asociada a eventos anteriores o presentes o futuros. Porque igual no solo nos vamos al pasado. Resulta que nuestra mente tiene la capacidad de irse constantemente al futuro. El futuro es el mundo de la expectativa, y aunque no haya sucedido algo el condicionamiento que tenemos, las experiencias anteriores que nos han llevado al hábito, de ver las cosas, de vivir las cosas de cierta manera, nos condicionan también para las del futuro. 

 

Si no estamos presentes, si no estamos atentos, entonces también al pensar en un evento del futuro puedo pensarlo desde mis condicionamientos de temor, de ansiedad, de no merecimiento, de si voy a ser capaz, de las otras veces he fallado. Ese tipo de condicionamiento también afecta el futuro y eso es un misterio porque desde ya estamos programando negativamente o dramáticamente el futuro y podría no ser así, podríamos entrar desde el plano de la presencia total del presente. De la contemplación en presente podríamos transformar la significación del pasado y dejar de sufrir por lo pasado y el condicionamiento del futuro, y dejar de sufrir por el futuro.

 

Si logramos eso, yo creo que podríamos avanzar un poco como humanidad, podríamos realmente utilizar las herramientas que nos han sido dadas en este vehículo, en este cuerpo que habitamos, humano, en el que tenemos esa posibilidad. Estamos invitando a la reflexión y a la práctica acerca de la serenidad.

 

La serenidad podríamos comprenderla como lo que ocurre cuando las aguas estaban turbulentas y de pronto las aguas se van calmando. Es un estado sereno de no agitación a nivel cerebral. Podríamos decir que es pasar de ondas beta (de una actividad alta de la mente a ondas alfa), a unas ondas más serenas a ondas theta y tal vez delta, es decir, a unas ondas en las que nos conectamos con nuestro poder creativo, con la imagen y la imaginación desapegada de todo prejuicio. Dónde estamos entrando en el mundo de todas las probabilidades, es decir, en el campo cuántico. Y para eso no necesitamos desarrollar unas máquinas externas, unos aparatos costosísimos, puesto que este aparato en el que vivimos, este instrumento ya tiene esa posibilidad.

 

Entrar en el alfabetismo emocional para que nos permita en la serenidad hacer una transmutación o transformación de nuestro mundo emocional es hacer uso de este instrumento y de la capacidad de atender. Podemos desarrollar esa capacidad de la atención plena, y las técnicas o prácticas meditativas nos conducen a eso.

 

En el mundo cuántico, el mundo de las partículas subatómicas, el electrón alrededor del núcleo del átomo tiene la velocidad de la luz, tiene la probabilidad de estar simultáneamente en cualquier lugar alrededor del núcleo del átomo. Eso hace que se pierda la categoría del tiempo tal como lo conocemos en esta dimensión. Cuando yo percibo el tiempo desde mis órganos de los sentidos, desde mi experiencia sensorial externa y la necesidad de moverme a algo, deseo algo, quiero algo, estoy aquí voy a ir allá, todo eso implica el espacio y el tiempo. Cuando estamos en la dimensión cuántica el tiempo es uno, es sólo presente, porque la probabilidad de que esté la partícula en un lugar u otro es la misma. Por lo tanto no puedo decir que fue y que será, siempre es. A donde apunta mi observación es, a donde mire allí puede estar el electrón pero entonces nos disuelve también la ilusión del espacio porque también es un inmenso vacío. Y paradójicamente con la probabilidad de estar pleno de la presencia de esa partícula en todo instante, en todo lugar entre comillas. Entonces el espacio tal como lo conocemos es útil en esta dimensión en la que vivimos porque estamos acostumbrados a los órganos de los sentidos, a lo que vemos, oímos, gustamos, olemos, tocamos. Toda esta experiencia es útil para la vida práctica, para la supervivencia, para conseguir el alimento, para experimentar la vida físicamente, para no tropezarnos, para no caer, para tener memoria de movimiento. 

 

Pero cuando estamos hablando del sufrimiento estamos hablando de una categoría que tiene que ver con la mente, que tiene que ver con el significado de experiencias que pudieron ser dolorosas o generar dolor en un momento dado, pero que hoy no existe.

 

Yo recuerdo una experiencia que a mí me impactó mucho acerca de eso, acerca de la presencia rotunda del pasado con toda su significación tal como lo vivimos. Una señora, una consultante, que venía a mi consulta hace varios años, esta señora venía con un abrigo negro. Era una señora pálida, blanca, con una manera de caminar que era la encarnación misma de la tristeza, de la melancolía. Cuando la señora entró a la consulta se sentía la tristeza, la melancolía, el frío, se sentía todo eso, ella lo encarnó perfectamente. Venía acompañada de dos de sus hijos, era tremenda su tristeza. Yo les hice preguntas iniciales, como por ejemplo… “¿En qué puedo servirle?” Ella empezó a llorar, le empezaron a caer lágrimas y entonces me dice: “es que me mataron un hijo”. Entonces yo tomé nota de ello y pude comprender la tristeza de una madre que le han asesinado un hijo. Pero vino una pregunta que fue la que me abrió el clic frente a esto del pasado, del tiempo, de la permanencia de la emoción y fue… “¿cuándo mataron a tu hijo, hace cuánto?”. Y ella llorando, con la voz entrecortada, me dice “hace 40 años”. 40 años. Tenía 2 hijos adultos a su lado, pero para ella solo existía el fantasma de su hijo muerto hace 40 años. Esto ya no está sucediendo, ya no es real, pero en su mente, en sus memorias, en su programación es lo peor, lo trágico, el drama más grande que ha sucedido en su vida y lo trae presente. Lo encarna, es una imagen de película. En la sanación hicimos la restitución para ayudar a despegar esa imagen del cuerpo. Y ahí viene la clave: que este proceso no es solamente intelectual, no es de repetirnos cosas intelectualmente. Trabajar el mundo de la experiencia emocional para despegarla del significado que le hemos dado en un momento implica revivirla y sentirla corporalmente, identificar corporalmente dónde en nuestro cuerpo ocurre.

 

Dr. Jorge Iván Arango Caro

Médico, docente, terapeuta y vicepresidente de proyección social de la AIS

 

DR. JORGE IVÁN ARANGO CARO

Médico y cirujano de la Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. Ejerce la medicina integrativa y terapias de sanación desde hace mas de 25 años. La Sintergética, como visión de síntesis de la vida y la salud, es hoy eje de su consulta.

Es socio de AMIBIO (Asociación de Médicos e Investigadores en Bioenergética) y actual Vicepresidente de Proyección Social de la AIS (Asociación Internacional de Sintergética).

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