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Si te interesa este tema seguramente sea debido a que estás cuidando de alguien que se encuentra en una etapa difícil, o quizás tú misma o tú mismo quieras conocer mejor cómo prepararte para este viaje. Me refiero al que precede al cierre de nuestra biografía, lo que se conoce como el proceso de morir.

Aunque algunos se van súbitamente, a la mayoría se nos deja un tiempo para prepararnos. Aunque a menudo no sepamos cómo hacerlo y muchos pasen este tiempo luchando para retrasar lo inevitable.

Seguramente es el viaje más apasionante de nuestra vida, aunque a casi todos se nos haga cuesta arriba. Parece que vamos a visitar un país extraño, debiendo dejar, casi siempre antes de lo deseado, todo lo conocido y todo lo amado, y nos vamos sin mapas a un sitio desconocido, a través de un proceso que percibimos amenazante. Si tú estás en esta situación, puedo imaginar bastante cómo te sientes. Esto no tiene mucho mérito ya que todos los humanos, una vez pasada la superficie de las apariencias, por dentro somos muy parecidos y los temas que a todos nos afectan son universales.

Permíteme que me presente, me llaman Enric y tengo más de 70 años. Vivo en Mallorca y he pasado la mayor parte de mi vida trabajando como médico. Los primeros 25 años como oncólogo y otros 20 más como médico de cuidados paliativos. Es decir, siempre acompañando a personas, pacientes y familiares, en momentos complicados y a menudo ayudándoles a preparar las maletas para este viaje.

He decidido escribir este artículo porque con frecuencia me preguntan sobre estos temas, y veo que lo que comparto a algunos les ayuda.

Estas líneas, son fruto de años de experiencia clínica, y resumen de lo aprendido cuidando a personas en este proceso.

Conozco el territorio por el que vamos a pasar y si de manera resumida tuviera que decirte lo que he aprendido en estos años diría que si has vivido más allá de la adolescencia, seguramente habrás aprendido que en esta vida casi nunca podemos decidir lo que nos pasa. Sin embargo, nos queda siempre la libertad última de decidir qué hacemos o cómo nos enfrentamos con lo que nos pasa. Y nuestra actitud, determina en gran parte cómo nos sentimos ante lo que no podemos cambiar.

Frecuentemente he visto como en esta etapa muchas personas eligen, generalmente desde el miedo, rechazar la realidad, luchar, resistirse… y de este modo lo hacen más largo y más difícil para ellos y los que le acompañan. La realidad suele ser muy tozuda y bastante indiferente a nuestros deseos autocentrados.

Por otra parte, he visto personas que se entregan, aceptan, y se dejan llevar por la vida, que ahora parece que quiere tomar un destino desconocido. Estas últimas se van con menos sufrimiento, con más paz, y dejan una mejor herencia a los que se quedan.

Los familiares y amigos del que se va, además de la lógica tristeza, suelen quedar gratamente impresionados por la experiencia cuando perciben que todo ha ido bien, sin lucha, sin resistencia, con armonía y a menudo con una intensa sensación de paz y bienestar.

Después de haber acompañado a cientos de personas, sabemos que cada uno hace su viaje y mientras algunos eligen el camino fácil de soltar y confiar, otros, sin conocer a dónde van, pretenden controlar el viaje y lo complican, resistiendo, luchando y alargando el proceso.

Si te preguntas que hace que algunos vayan por el camino fácil, mientras otros eligen el complicado, resumiendo mucho diría que la diferencia básica está en la confianza que la persona ha desarrollado sobre cómo está organizada la vida.

Decía Einstein que la pregunta del millón es cómo respondes a si “el universo es un lugar acogedor”, y por tanto puedes confiar o si sientes que es un lugar amenazante y debes andar con cuidado. Desde la física él decía que debes decidir si “esto es un cosmos o es un caos”.

Todos llegamos a esta sala de espera, el preámbulo de la despedida de esta vida, con cierta experiencia de haber vivido, y el grado de confianza en cómo está “organizado todo” depende en buena parte de cómo te ha ido en la vida. En cierta manera todos tenemos cierto grado de confianza y un cierto grado de incertidumbre; es lo normal.

Frecuentemente hemos observado como estos dos aspectos que cada uno lleva consigo, la confianza básica en la vida y la incertidumbre o el miedo, van apareciendo en la escena y, en la última etapa, llega un momento en que conviene aflojar, soltar resistencias, permitir, dejar el control, aceptar, dejar hacer…

Si uno sospecha que, al soltarse, al abandonar el “control”, se va a caer y se va a dañar, cuesta más que si confías en que hay algo que sostiene y de hecho no te caes. Según mi experiencia, hay algunas cosas que facilitan la aceptación.

Una de ellas es la armonía en nuestras relaciones significativas. Todos somos seres en relación y los vínculos afectivos son muy importantes, pero cómo venimos al mundo sin manual de instrucciones, para cuando hemos aprendido cómo va hemos cometido errores que debemos reconocer y reparar. Todos necesitamos pedir perdón por aquello que no supimos hacer mejor y perdonar a aquellos que desde su ignorancia nos han herido. También necesitamos perdonarnos a nosotros mismos (esto a veces cuesta más) por las veces que nos equivocamos o no supimos hacerlo mejor.

Puede que no sea tu caso, pero llegar al último capítulo de tu biografía sin asuntos pendientes, sin tener a nadie castigado en tu corazón, o no tener sentimiento de culpa por algún error, según mi experiencia, facilita soltar y aceptar.

Otro aspecto que ayuda mucho a la entrega y la aceptación es hacer un balance positivo de lo que has vivido.

Deberás empezar por reconocer y aceptar que parece que te queda menos tiempo del que pensabas y vas a tener que renunciar a algunas cosas que hubieras querido hacer y no vas a tener tiempo. Esto puede doler, pero es necesario. Aceptar la realidad es la única manera de poder adaptarte y fluir con ella.

Después te invito a que revises con benevolencia, sin dramatismo, con la máxima ecuanimidad posible tu historia, especialmente lo que has aprendido, compartido, amado, enseñado y querido, lo que has hecho por los demás y el amor que has recibido. Todo ello visto con la perspectiva de alguien que mira atrás y trata de hacer un collar con las perlas más significativas de las cosas con sentido que ha vivido.

Una vez hecho el balance, debes reconocer que la vida no es este poco tiempo que te queda antes de partir, sino el cúmulo de todo lo que has amado, compartido y aprendido, y este bagaje puede que te ayude a generar cierta gratitud por todo lo vivido, que no es poco, y esta gratitud facilita la aceptación.

 

“TODOS NECESITAMOS PEDIR PERDÓN POR AQUELLO QUE NO SUPIMOS HACER MEJOR Y PERDONAR A AQUELLOS QUE DESDE SU IGNORANCIA NOS HAN HERIDO”

 

Si ves cómo funciona la vida, sabrás que morir no es un fracaso ni un absurdo, sino algo natural, un traspaso muy parecido al nacimiento.

El viaje de abandonar el cuerpo está bien organizado y además no duele. La desconexión, cuando se produce de forma progresiva, sigue un orden que conocemos y está tan bellamente estructurada como el alumbramiento.

Es cierto que la enfermedad o el proceso orgánico que precede al morir puede doler, y a veces se necesita cuidar los síntomas, y también es cierto que la lucha por mantener la vida biológica, más allá de lo conveniente, es fuente de sufrimiento, pero éste lo añadimos nosotros desde nuestro miedo o resistencia.

En las últimas horas, una vez se desencadena este “parto”, la persona pierde el interés por su entorno, se desconecta de su propio cuerpo, de modo que, en mitad de la falta de oxígeno, no siente ninguna sensación de ahogo. Poco a poco se va abriendo a otro nivel de conciencia en el que se conecta y siente expandir aquello que no muere en sí, lo que siempre te ha acompañado y que nunca ha estado en peligro, esta consciencia que te ha permitido ser y te ha alumbrado toda la vida.

Esta conciencia, aunque los científicos materialistas aún no lo reconocen, no está localizada en el cerebro, éste es tan solo la “interfaz” que permite su expresión. En el momento de desconexión, hay una liberación de la consciencia del cuerpo y se acaba el personaje que has interpretado, pero de manera dulce y gozosa; al abandonarte al río de la vida, te encontrarás (creas o no creas, ya que lo que tú creas al respecto tiene poca importancia) con una agradable sorpresa.

Tras años acompañando personas en este viaje, sé (no de haberlo leído o escuchado, sino de haberlo vivido muchas ocasiones) que esto no es un caos, es un cosmos, que la vida está bien organizada, aunque nuestra mente no lo entienda.

De hecho, el sufrimiento viene de esta parte, del intento de control de la mente, que en realidad nunca ha controlado nada, y que tiene miedo.

Un miedo lógico, pues esta parte mental es lo único que se disuelve y gracias a esta disolución surge un nuevo nivel de conciencia. Como cuando el bebé, que está en pleno alumbramiento, saca la cabeza del canal del parto y empieza a vislumbrar otra realidad, desconocida y asombrosa. Llegado a ese punto todo lo que creías ser deja de tener importancia.

 

“ACEPTAR LA REALIDAD ES LA ÚNICA MANERA DE PODER ADAPTARTE Y FLUIR CON ELLA”

Es un alumbramiento que siempre acaba bien, si bien es cierto que la ignorancia y el miedo lo complican un poco, en realidad es un viaje fascinante que ni siquiera el miedo puede enturbiar.

Espero que estas palabras te ayuden a conectar con esta parte de ti que es feliz con lo que ha vivido, con lo que ha amado, aprendido y compartido, y que tras el balance tengas el coraje de aceptar la realidad y cuando llegue el momento puedas entregarte a la vida que te ha sostenido y ahora vas a conocer más profundamente, con aceptación y, a poder ser, con gratitud y confianza.

Muchos antes que tú han hecho este viaje y ten la seguridad de que todo está bien organizado, la misma organización que hace que los planetas giren, el sol salga cada día y las plantas crezcan y den flores en primavera, y que todo fluya con armonía a pesar de nuestra ignorancia y de las interferencias que desde el miedo podamos crear.

Dejar de luchar cuando llegue este momento y entregarte con confianza es, posiblemente, una de las mejores decisiones que puedas tomar en la vida, que facilita un buen traspaso y además deja un buen legado a los que te acompañan y que así aprenden cómo se va alguien cercano.

 

“MORIR NO ES UN FRACASO NI UN ABSURDO, ES MUY NATURAL Y PUEDE VERSE COMO UN TRASPASO MUY PARECIDO AL NACIMIENTO”

 

Si eres la persona que va a emprender este viaje, y tienes a seres queridos a tu alrededor, su ternura y el afecto te serán una de las mejores ayudas para sentir la proximidad y la compañía que todos necesitamos para venir e irnos de esta vida, ya que lo hacemos desnudos y vulnerables y la ternura de los que nos aman es el mejor bálsamo para el traspaso. Déjate cuidar y suéltate sin miedo, y quizás puedas sorprenderte, como hizo Steve Jobs en sus últimos momentos, mientras dejaba la mirada perdida en algún sitio no visible para su hermana que contó esta historia, y se despidió en actitud maravillada diciendo: ¡Wow! ¡Wow! ¡Wow!

Decía Sócrates, de forma un poco cínica: “Los que temen a la muerte son algo pretenciosos, pues pretenden saber lo que hay después y lo sienten como amenazante”, parece ser que el viaje continúa en otra parte, no seamos pretenciosos y dejémonos sorprender.

 

ENRIC BENITO Médico. Miembro de Honor de la SECPAL

Artículo publicado en la Revista Vivo Sano

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