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MEDITA PARA DEJAR FLUIR TUS EMOCIONES

 

En ese estado de calma y serenidad integrada que la conciencia en el sagrado acto de respirar nos genera como hemos visto en artículos anteriores (Edu, hipervincular el artículo anterior) vamos a acompañar un poco nuestro movimiento emocional, vamos a recordar algún tipo de emoción negativa, de emoción perturbadora que con relativa frecuencia experimentemos.

 

Puede ser enojo, puede ser tristeza, puede ser desesperanza, puede ser angustia, puede ser temor, puede ser ansiedad, sensación de estar abrumado por las responsabilidades. En primer lugar identifiquemos esa emoción. Recordemos algún evento reciente en donde hayas estado presente. Recordemos las circunstancias. Recordemos lo que en nosotros generó y vamos a sentir en nuestro cuerpo donde se aloja esa sensación. Para algunas personas es en la parte baja de la columna, en la espalda. Para otras en la zona pélvica, para otras en la boca del estómago. Pero otras en la zona del corazón, o se manifiesta como un nudo en la garganta. Otras personas lo sienten con un peso en la espalda, otras como una tensión en la mandíbula y en la articulación temporomandibular, a otras se les manifiesta con un peso en la nuca, como migrañas, dolores de cabeza. 

 

Cuando tengas identificado el lugar en el que esa sensación aparece toma cuerpo, coloca suavemente tus manos sobre esa zona y respira lenta y profundamente. Sigues recordando el evento, sigues recordando tu patrón de respuesta. Sientes el impacto en esa zona del cuerpo e imaginas que esa zona corresponde a la superficie de tu lago, de tu mar interior que se agita. La confusión, la ansiedad parecen entonces olas que levantan arena del fondo, enturbian el agua, la agitan, la vuelven peligrosa. Pero tú estás allí con las manos en esa zona del cuerpo, respirando, recordando, estando presente. Vas a recordar también las estrategias que has intentado utilizar para evitar, para negar, para sublimar, para cancelar, para reprimir, para no entrar en contacto con las sensaciones y emociones desagradables que se te despiertan. 

 

Y en este momento vas a decidir no huir, vas a decidir estar presente, vas a decidir verdaderamente sentir e identificar qué hay detrás de esa emoción, que hay detrás de ese patrón de desarrollo.

 

Con las manos allí, la respiración lenta y profunda vuelves a recordar, a visualizar, a comprender. Muchas veces el simple hecho de revivir en serenidad aquello que quisimos reprimir nos serena. El solo hecho de estar presentes ante la situación de conflicto que genera en nosotros una respuesta inadecuada nos revela algo que nos permite comprender en profundidad cuáles son las viejas heridas, los mecanismos que se activan con ese evento y solucionarlos.

 

Respiramos allí unos minutos y vemos que con el hecho de respirar y observar la agitación de ese mar interior disminuye. Como la esencia de las emociones sanas, al igual que el agua, es fluir. Y reconocemos que si se estancan en un patrón cristalizado de respuesta comienzan a descomponerse, a ser putrefactas, a ser distorsionadas por el lente de la memoria herida.

 

Vamos respirando y comenzamos suavemente a mover las manos en esa zona, a acariciarnos, a sentir que esas manos, con la respiración y la visualización, van teniendo un efecto más apaciguador aún. Lentamente llevamos esas manos a la zona de nuestro cuerpo que sintamos que puede metabolizar, que puede recibir esa sobrecarga y establecemos un bio circuito conectando la zona que es sobrecargada por la impresión con la zona que puede procesarla.

 

Seguimos respirando, visualizando y llevando lentamente las manos desde la zona afectada a la zona que sentimos que procesa adecuadamente esa información. Después de cinco o seis movimientos oscilatorios entre esas dos zonas de nuestro cuerpo dejamos que las manos reposen suavemente en la zona de nuestro cuerpo que procesa esas emociones.

 

Volvemos a conectarnos con la respiración lenta y profunda, con la imagen de nuestro mar interior aún más sereno. Muy lentamente llevamos nuestras manos a la zona del corazón. Con los dedos cruzados y las palmas abiertas como grandes alas de un ave, respiramos y sonreímos desde el corazón. Una vez en el corazón y con mayor serenidad invocamos la luz de nuestra alma, le decimos que sabemos que aquello que tiene la capacidad de sacarnos de nuestro centro es lo que más nos puede enseñar y le pedimos que nos ayude a comprender aquella lección guardada para nosotros en esas experiencias, en esas emociones, en esas sensaciones.

 

Respiramos atentos. Puede que no surja una respuesta concreta, puede que inicialmente nos la imaginemos. No importa: invocamos esa luz del alma, visualizamos nuestro corazón, invocamos el aprendizaje y nos hacemos una pregunta: 

 

¿De qué otras formas podría yo afrontar, interpretar, recibir estas situaciones que me producen conflicto? 

 

Comienzo a imaginar diferentes maneras de afrontamiento, diferentes estrategias, diferentes patrones de reacción. Y en la conexión con la respiración comienzo a sonreír, a visualizar ese lago interior en calma, la arena, el fango que se levantó de su fondo ha vuelto a caer a su lugar y el agua cristalina me permite mirar en profundidad

 

Me siento serenamente acogido en la armonía emocional de las aguas de mi corazón. En la superficie de ese lago veo cómo se refleja un horizonte infinito, un sol maravilloso, la luz del alma, y en ese estado de serenidad y de gozo me conecto con la misión que existe en semilla en mi corazón

 

Despierto la visión para comprender el camino, y con decisión y valor me dispongo a afrontar amorosamente los desafíos emocionales de los eventos que me generan temor, que me generan rechazo, rabia, tristeza, a través de los cuales pierdo armonía y conexión.

 

Inspiro profundamente inundado por la luz de ese sol maravilloso, arropado por las tibias aguas, claras, cristalinas de ese lago interior y exhalando con una sonrisa abro los ojos.

 

Y en este momento sería maravilloso si escribo un poco, recapitulando los aprendizajes, las intuiciones, las comprensiones de esta pequeña meditación. Es importante que hagamos ese tipo de meditaciones en la noche antes de acostarnos, en la mañana al despertar y en cualquier momento que llegue una emoción que nos exija atención porque nos perturba. En vez de intentar adormecerla en distracciones que nos impiden entender y comprender profundamente el regalo que esa comprensión nos tiene guardados, vamos a afrontarla, vamos a acunarla, vamos a recibirla, vamos a permitirle que nos de su sagrado mensaje y que nos ayude a crecer como seres humanos hacia la armonía, hacia el relacionamiento justo, amoroso, equitativo con el resto de la humanidad, con nuestro ecosistema. Y eso lo conseguiremos serenando nuestras aguas, caminando por nuestras aguas, caminando por la superficie de nuestras aguas. 

 

En ese símbolo maravilloso de la Biblia en el que Cristo nos enseña que cuando estamos centrados en la conciencia del Padre, no nos ahogamos en las aguas de la emoción sino que caminamos y navegamos sobre ellas. 

Dr. Juan José Lopera

 

El Dr. Juan José Lopera es médico formado en Neurociencias del comportamiento, Sintergética y medicinas alternativas, y diplomado en Gestión Clínica y Organizacional del Estrés por el Instituto Heartmath. Es Presidente de la Asociación Internacional de Sintergética, máster en Programación Neurolingüística (PNL), Coaching de vida, ejecutivo y emocional, así como en Coaching Sistémico y Ontológico.

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