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El cóndor de los Andes vuela libre sobre las cumbres bolivianas, cruza el Iscani o el Akhamani, montanas sagradas, milenarias, bajo la mirada desprevenida de nosotros, los “desarraigados”, los que nos relacionamos con la naturaleza de manera itinerante, pero no para Aurelio Ortiz, el medico Kallawaya y guía espiritual de Lunlaya, su comunidad, una pequeña población enclavada en la montaña a 3600 metros de altura sobre el nivel del mar. Para el, es importante observar si el viejo cóndor se eleva hacia el sol, trayéndolo consigo, o si desciende en su vuelo porque al bajar arrastra la lluvia bajo sus alas. Ante sus ojos, y como depositario activo del milenario conocimiento Kallawaya, cuando la flor del cactus crece hacia arriba, señala que en esa estación habrá más heladas, pero si lo hace hacia abajo le está anunciando que las cosechas serán más productivas.

Su apellido “cristiano” lo heredo de uno de sus antepasados: -Nuestro apellido autóctono es Mamani, que es un ave. Mi bisabuelo curo a la hija de un español y este le regalo el apellido Ortiz a manera de retribución por sus servicios médicos –relata.

Es otra de las varias consecuencias de “la modernidad”, que sigue arrasando con los conocimientos ancestrales, con las costumbres, con el ejercicio de la ofrenda –dice, y añade jocosamente, -la “sifilizacion” nos va enfermando sin que nos demos cuenta.

Su rostro no está turbado por el dolor ni por el sufrimiento sino cruzado felizmente por la serenidad.

-De la tierra somos y a la tierra volvemos. Somos hijos de la Pachamama, nosotros somos apenas una partícula de la tierra, no somos los dueños, ni los amos de ella –continua -. Una montaña es como un ser humano, es un ser vivo y todo lo que hay en ella conforma un sistema: la piedra es su hueso, la tierra es su carne, el rio es su sangre, el viento es su respiración, la nube es su piel. La montaña también tiene mascotas como nosotros tenemos, son sus animales, y ellos, al cruzarse en nuestro camino, nos envían mensajes: Si el zorro cruza tu camino hacia abajo, te va a ir mal, es posible que no vuelvas a ese Aipu o que algo pase, pero si en la mañana, se cruza hacia arriba, es excelente, quiere decir que te has encontrado con la buena suerte. Aunque si esto ocurre en la tarde ya no es tan bueno. De todas maneras, debo reconocer que somos muy supersticiosos –concluye -.

La comunidad (API o AIYU) de LUNLAYA ofrece un espacio para compartir. Sus habitantes “son dueños” de la ofrenda que cada dia hacen a la tierra, de la reverencia con que se inclinan ante ella para pedir permiso de ararla, de “herirla” con sus utensilios y preparar su seno para la siembra de sus nuevos hijos.
Cada individuo, desde su singularidad, cumple un papel en la comunidad, porque se trabaja para el bien común.
Aine en el Aiyu es el trabajo comunitario: cuando es necesario construir el techo o iniciar la siembra, por ejemplo, uno es ayudado por todos y ese uno luego participa, o mejor, retribuye con su participación para

ayudar a otros, aunque como en toda colectividad humana las personalidades luchan por imponerse, por dominar un mundo que los contiene, que los vincula.
Existen alrededor de 300 familias Kallawayas en la actualidad, pero solo una minoría son médicos de tradición. – La cultura Kallawaya está en decadencia –afirma Aurelio, porque la transmisión de la información no se da más que con algunos jóvenes, en su mayoría, no parecen estar interesados en hacerse de este conocimiento. Se van a la escuela formal y al terminar el bachillerato, se casan, se embarazan y se dedican a trabajar. Ahora, el otro problema de la educación moderna, no solo en nuestra cultura sino en todas las sociedades, es que genera competencia y en segunda instancia separatismo y exclusión. Tenemos profesionales de cartón, que no conocen sus raíces y por consiguiente no entienden su razón de ser como miembros de la cultura a la que pertenecen –dice.

ESCUELA:
En su opinión, el plan curricular para la cultura Kallawaya, debe diseñarse de acuerdo al piso ecológico y al contexto del Aiyu: La gente de la montaña precisa educarse en torno a la crianza de la alpaca y de la llama, mientras la gente del valle debe hacerlo según sus labores: el tejido para las mujeres, y la siembra de la tierra (maíz, trigo, papa)
Los habitantes de la zona tropical viven de la siembra de la coca, del café, del plátano.

También han luchado por fundar la Educación Superior en la región: -Queremos un Instituto de Educación para que los jóvenes aprendan y mejoren el arte de la medicina Kallawaya –afirma con ilusión sopesada.

Para este sabio, humilde y sesudo, de acuerdo a la tradición aprendida y como principio, -HAY QUE PONERLE EL ALMA A LA MEDICINA. El hombre blanco y su medicina solo creen en lo que ven sus ojos -.

Dentro del contexto de la antigua medicina Kallawaya, las enfermedades y sus síntomas tienen una relación directa con lo que han definido como el alma grande y el alma “pequeña”.

El cuerpo físico enferma cuando de él se desprende esa alma pequeña, y esto tiene relación con el susto, el miedo, los accidentes, situaciones inesperadas para las que el individuo no está preparado (enunciado similar al de la Nueva Medicina Germánica del Dr Hamer).
En ese proceso, en ese descubrimiento del trasfondo del síntoma, dice Aurelio, -hay que conversar con la tristeza (YACHI-HUICHUNA).
-El ritual que utilizamos para “reconectar” la pequeña alma, es una Mesa Blanca, la cual incluye como ofrenda a la Pachamama, un componente de cada reino (mineral, vegetal y animal) – explica despacio.
Por otra parte, cuando el alma grande se separa del cuerpo físico este muere. La muerte es una transición, nosotros ofrendamos a los que mueren porque sentimos que ellos se

quedan aquí , los sentimos y encontramos en las actividades diarias y en la montaña: Una leyenda cuenta la historia de la hija de un Rey Mago llamada Surimana, ella se enamoró de un hombre que no le correspondía, por lo que el Rey lo mando matar y luego, al morir su hija de pena enterró su cuerpo, y allí mismo, en el lugar de su sepultura, creció una papa alargada que hoy se llama Surimana. Así vive desde entonces y por siempre con nosotros, porque nos alimenta todos los días.

El alma aprende y se engrandece luego de su aprendizaje, pero el cuerpo físico vuelve a la naturaleza. Las personas buenas se convierten en aves y en plantas medicinales. Las plantas nunca mueren, solo “cambian de ropa” en las estaciones. Las personas malas se reencarnan en espinas. También usamos las espinas para purificar las penas y tristezas –agrega.

Al hacerle la pregunta de ¿como distinguimos los seres elementales de la naturaleza, o los más elevados como los Achachiles? Aurelio responde:
– En el conocimiento Kallawaya, cada lugar tiene su habitante, y nosotros somos los invasores. El diablo no existe, todo es bueno, pero hay que ofrendar a los habitantes de los lugares, hay que pedirles permiso, y al hacerlo ellos responden. Se pueden presentar en forma de animal o de ave, por ejemplo: Si el zorro baja la montaña y cruza el rio por el lado norte, ese año es norte, y entonces la siembra se hace de ese lado del rio y así será prospera. LA MEDICINA ESTA EN NUESTRAS NARICES, como las

“barbas” de vegetación que crecen en las piedras grandes y que nosotros utilizamos para tratar a los enfermos mentales, usándolas en sahumerio. El rio debe ir siempre hacia abajo y la “basura” que se va acumulando, esas plantas que van muriendo a sus orillas, también tienen propiedades medicinales. Por eso el médico debe ser sencillo, debe, a través de la observación constante, encontrar la sensibilidad que le permita acceder a ese conocimiento.

La piedra también está viva y es el hueso de la madre tierra. Cuando yo era niño, mi abuelo calentaba una piedra en el fuego y luego le agregaba agua caliente y me la daba como “mate de piedra” diciéndome: toma eso que fortalece tu corazón sensible –nos cuenta con un dejo de añoranza. Nuestro ritual, nuestras mesas son una conversación que se sostiene con la montaña, con la Pachamama, a quien se pide permiso para obrar sobre alguien. El ritual tiene tres etapas:

1. Reunión de la familia 2. Quema de la ofrenda 3. Regocijo y agasajo

El método diagnóstico es la lectura de la hoja de coca.
El pulso, que ellos llaman la vena, determina el nivel de energía. Los animales (curí, conejo, llama) sirven como herramienta diagnostica y como método de tratamiento. Cuando el medico Kallawaya realiza cada uno de sus rituales, no espera sentir el efecto, lo siente mientras lo ejecuta, no se distrae pensando en el resultado.

-En el conocimiento Kallawaya las energías tienen un orden: del mediodía a la medianoche las energías son de bajada y de la medianoche al mediodía las energías son de subida, y en ese movimiento las fuerzas pueden entrar en juego por lo cual los médicos Kallawayas utilizamos amuletos –continua.

¿Como se mantienen “sanos” los médicos kallawayas? ¿Practican la auto curación?

-Después de curar a los demás, debemos curarnos con otro médico Kallawaya que haga un ritual en la montaña para nosotros. Nosotros nos mantenemos en armonía, mambeando (mascando hoja de coca) y challando (empapando un clavel en un cocimiento de hierbas y sacudiéndolo para rociar la tierra o, directamente arrojando una porción de la bebida que se está consumiendo para ofrendar a la Pachamama).

Antes de dormir hacemos esto o fumamos un tabaco.

Para Aurelio el medico Kallawaya debe prestar sus servicios cuando es requerido por un enfermo o cuando las necesidades de la comunidad exijan una ofrenda con propósitos específicos, pero no debe ofrecerse ni marchar lejos de su gente en busca de la prosperidad y la fama. -Cuando tengo que hacerlo, pido permiso para salir, ofreciéndolo en el cabildo con el fin de estar protegido y siempre llevo conmigo un amuleto –dice-. El cabildo es una

suerte de altar que todo miembro de la comunidad debe mantener y nombrar en su casa.
-Sin cabildo, un hombre no es nada –enfatiza-.

También adoran a sus dioses y santos y realizan ceremonias especiales con la comunidad. Santiago representa al Dios Rayo y es el santo más querido de los Kallawayas
Uruze es un ritual que se hace antes de las ceremonias católicas, antes de las celebraciones familiares para imbuirlos dentro de la cosmogonía Kallawaya.

Tahuicho: es el dios de las comidas que se invoca con la vestimenta y el baile.
Los rituales requieren Kallawayas preparados. Para atraer la lluvia, el que realiza la ceremonia tiene que haber nacido en tiempo de lluvia (Paraipacha). No lo debe hacer cualquiera porque si falla va perdiendo credibilidad. Cuando el pueblo se reúne en época de sequía, acuden varios Kallawayas para que la ofrenda, el ritual, tenga éxito.

La magia negra no es de uso de los Kallawayas, pero la conocen y saben lidiar con ella. Una Mesa Negra es cuando se dirige el ritual hacia alguien en especial, con mala intención, con mala energía.
El Kallawaya bloquea la energía negativa, neutraliza, pero no envía mala energía. Las energías enviadas a través de la preparación de las mesas negras se pueden bloquear con una mesa blanca. En algunos casos se hace necesario hacer una purificación con el baño en el rio, a esto se le llama

CUTI-MESA (cuti=limpiar), ceremonia que además se usa para quitar las penas del corazón.

-En nuestra región no hay rateros, no hay ladrones: cuando ocurre un delito, no se va a buscar al ladrón, se lo encuentra tirando la hoja de coca y, una vez descubierto, solo se trabaja sobre la huella de sus pies, o se le pone una planta llamada “cola de zorro” para que se le pierda el camino – comenta Aurelio.

Los sueños también tienen significados en el imaginario colectivo de los Kallawayas. La pequeña alma sale del cuerpo físico en el sueño, en el astral, y recorre lugares que probablemente luego recorrerá el cuerpo físico. Los malos sueños anuncian peligros y dificultades, por ejemplo: una mujer morirá si durante el sueño alguien ve rodando una piedra.

Las premoniciones toman su lugar aquí también:
-Si la concepción se produce durante la luna llena es muy probable que él bebe sea hombre, y si ocurre durante la luna nueva ira a ser niña. Hay que hacer rituales para que el embarazo vaya bien –comenta.

Ante la pregunta sobre la posibilidad de cultivar y exportar masivamente las plantas medicinales Aurelio hace una pausa y explica:

-Hace un tiempo vinieron los franceses y nos ofrecieron un contrato para que los abasteciéramos con nuestras plantas a cambio de un pago conveniente. Algunos querían aceptar de inmediato pero los Kallawayas nos reunimos y le preguntamos a la coca, y la coca dijo, ¡no!!! -.

Visualizaron a futuro el abuso en la explotación de la tierra para cubrir la producción, entendieron que eso desgastaría el suelo y acabaría con las plantas en extinción.
– En pocos meses nos quedaríamos más pobres, ya que el 95% de las plantas que usamos son silvestres, solo el 5% fueron traídas por los españoles. Tendríamos dinero si, pero empobreceríamos en nuestros principios y costumbres, iríamos debilitando nuestras raíces.

Antes de terminar el Kallawaya Aurelio nos regalas sus últimas reflexiones:
-La comida, la industrialización, mata más gente que la guerra, y esto sucede por vivir en un mundo de competencias, donde los que producen quieren ganar más dinero poniendo químicos que aumenten el rendimiento. ES LA SANGRE DEL IMPERIALISMO = LA COCA COLA, y consumirla te enferma.

-El tiempo no pasa, pasamos nosotros: ni el sol ni la luna envejecen. Nosotros si vamos a volver a donde nacimos: a la madre tierra.

-Por falta de ofrenda hacia la Pachamama es que siguen ocurriendo los grandes cataclismos. Es como un perro lleno

de pulgas, SE LEVANTA Y SE SACUDE. Nosotros, los hermanos menores, somos los únicos culpables de la destrucción del planeta.

Este peregrinaje no nos deja datos ordenados sobre las propiedades biológicas ni químicas de las plantas medicinales que crecen en estas cordilleras, ni de la cuantificación del aura energética de estos chamanes entrenados en el crisol donde se funden el conocimiento transmitido, la propia experiencia, la observación y las alturas. Nos deja, sin embargo, más allá de la convivencia, del frio, de la lejanía del mundo civilizado, un encuentro en tiempo presente con el código del sentir, una conciencia plena de nuestro ser desconectado, ajeno al pulso de la tierra. Nos deja también algunas certezas:

-La tierra no nos pertenece, sino que nos acoge y por tal razón le debemos respeto y reverencia,
-en el discurrir de la vida, entre nuestro trabajar, servir, sonar y renunciar, lo único que poseemos es el instante. -el aprendizaje no es externo, el templo del cuerpo, la observación, la meditación, la reflexión son las mejores herramientas para explorar la vida.

Como médico y desde la visión integradora de la sintergetica este ha sido un encuentro de gratitud y de reconciliación:

  1. Gratitud con nuestros ancestros a quienes esta vez vimos representados en la sabiduría de la cultura medica Kallawaya, cultura preincaica que ha prevalecido a través del tiempo gracias a su respeto y entendimiento de las leyes de la madre tierra.
  2. Reconciliación con la visión sistémica que compartimos, las similitudes entre la naturaleza de la tierra y la naturaleza humana y la convicción plena de continuar haciendo una medicina con alma.

La reflexión final es siempre una pregunta:
LA PREGUNTA NO ES SI CREEMOS O NO CREEMOS en una u otra medicina, si podemos o no, traducir el conocimiento de estas culturas a un lenguaje practico y trasladarlo a unas circunstancias determinadas, la pregunta es, ¿si somos o seremos capaces de gestionar el valor de nuestras experiencias y nuestras observaciones, la relación con nuestra propia salud a la luz de nuestro intelecto y bajo el influjo de nuestras emociones, si seremos capaces de encontrar, a través de la pausa que el síntoma o la enfermedad aportan, el sentido de nuestra paradoja: LA RAZÓN DE SER de nuestra alma?

Renato Segura Rodríguez Aventura, Florida, EEUU. Sep 10 del 2017

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