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En un hogar medio europeo, aunque muchas veces no seamos conscientes de ello, puede haber innumerables sustancias tóxicas.

Son sustancias que pueden proceder del uso de productos de la limpieza, insecticidas, ambientadores, tejidos, plásticos o pinturas, y que se concentran, entre otras cosas, en el polvo doméstico. Algunos de estos compuestos químicos pueden tener efectos sobre nuestro organismo a niveles muy bajos de concentración.

Sin embargo, esos posibles efectos no son los mismos en cada persona. Hay personas más sensibles que otras. Y, sin duda, si hay unas personas especialmente sensibles a las sustancias que pueden contaminar nuestra casa son los niños.

Muchos padres tienen muy incorporada la idea de limpiar la casa para reducir la presencia de agentes patógenos, como los microbios, a fin de prevenir enfermedades en sus hijos. Sin embargo, la gente no suele estar concienciada sobre la necesidad de limpiar la casa de otros patógenos que no son microbios, sino sustancias químicas tóxicas. Estas sustancias, al igual que los microbios, son un enemigo invisible, pero no por ello menos peligroso en ocasiones.

Hay una serie de razones que hacen que los niños sean más vulnerables a los efectos de estos tóxicos que los adultos, de modo que aunque muchas de estas sustancias puedan estar en niveles que parezcan muy bajos de concentración pueden acabar por afectarles.

Los niños, en proporción a su peso y tamaño, respiran más que los adultos, lo que hace que puedan inhalar comparativamente una mayor cantidad de sustancias que haya flotando en el ámbito doméstico. Además están más cerca del suelo, de modo que se exponen más a inhalar sustancias preocupantes, tales como compuestos orgánicos volátiles o las más diversas sustancias presentes en el polvo, además de las que puedan ingerir directamente por llevarse las manos a la boca. Su piel, por otro lado, es más permeable. Y también comen y beben más en relación a los adultos, lo que hace que sus cuerpos puedan incorporar más contaminantes. Además, sus sistemas orgánicos de eliminación de tóxicos aún no han madurado. Con lo cual, no es solo que entren más tóxicos en sus cuerpos, sino que los acumulan más.

Los niños, pues, son como esponjas para los contaminantes de la casa. Y para cerrar el cuadro, tal y como muestra una enorme cantidad de estudios científicos, por una serie de razones, el hecho de que estén en desarrollo hace que esos tóxicos puedan causar alteraciones en ellos más fácilmente.

Por otro lado, los niveles legales considerados “seguros” de exposición a muchas sustancias, al margen de otras deficiencias, no han sido calculados teniendo en cuenta debidamente la singularidad infantil, tal y como reconoció hace años la propia Comisión Europea.

Existe una gran cantidad de estudios científicos que han asociado una serie de sustancias presentes en los hogares con problemas de salud infantil que están creciendo en incidencia: enfermedades respiratorias, asma, alergias, cánceres, problemas cognitivos, alteraciones hormonales, etc.

Así, por ejemplo, alguno de los compuestos orgánicos volátiles, que son uno de los tipos de contaminantes de los espacios cerrados que más preocupan, han sido asociados a un incremento en el riesgo de padecer asma infantil. Incluso por debajo de los límites de concentración que se tienen como “seguros”. Y son sustancias que pueden proceder de ciertos disolventes, adhesivos para suelos, pinturas, productos de limpieza, muebles, ceras abrillantadoras o ambientadores. Por ejemplo, compuestos como el benceno, el etilbenceno o el tolueno a niveles bastante bajos podían hacer que el riesgo de que se presentasen síntomas asmáticos se multiplicase varias veces. Pero la lista de sustancias que han sido asociadas a este tipo de problemas es amplia, e incluye, por ejemplo, a algunos contaminantes tan omnipresentes como ciertos ftalatos que pueden ser liberados desde fuentes como el plástico PVC.

También diversos tipos de cáncer infantil han sido asociados a contaminantes que puede haber en el hogar. Por ejemplo, diferentes investigaciones asocian ciertos pesticidas domésticos y leucemia infantil, y también con cánceres cerebrales en la infancia.

Otro de los problemas asociados a sustancias que puede haber en el hogar son los que pueden darse sobre el desarrollo cerebral de los niños. Especialmente conocidos son los efectos de metales pesados como el plomo, que antaño estaba tan presente en pinturas o tuberías de agua potable, ligado a muchos casos de retraso mental infantil leve, problemas renales y de desarrollo, déficit de atención, hiperactividad e irritabilidad en los niños. E incluso por alterar zonas del cerebro asociadas al control de los impulsos, a un incremento muy notable de la agresividad y las conductas violentas.

Pero los contaminantes que pueden afectar al desarrollo neuronal infantil son más. Por ejemplo, algunos que pueden llegar a los niños a través de la alimentación. Diversos estudios muestran que los residuos de pesticidas existentes en los alimentos, como los organofosforados, aún a muy bajas concentraciones podrían causar efectos sobre el cerebro infantil que es muy sensible a estos tóxicos. Entre los efectos posibles: problemas conductuales, de retención (memoria), de desarrollo motor o de menos rapidez de reacción. También un mayor riesgo (hasta el doble) de padecer trastorno de déficit de atención e hiperactividad, problema al que han sido asociados otros contaminantes como: dioxinas y furanos, plomo, manganeso, disolventes, PCBs, cadmio, piretroides y piretrinas, cipermetrina, deltametrina, PBDEs o tricloroetileno, sustancias que a veces pueden estar presentes en el hogar.

No hay espacio aquí para extenderse más sobre otros muchos posibles efectos que las sustancias tóxicas cotidianas pueden causar en los niños, como, por ejemplo, daños en el aparato reproductor. Pero baste lo dicho para que los padres se percaten de los riesgos que pueden tener muchas de las sustancias que introducimos en casa inadvertidamente en los más diversos productos que van desde los de limpieza a los pesticidas, pasando por ambientadores e incluso plásticos.

Es muy recomendable asesorarse, por ejemplo a través de webs como la de la campaña Hogar sin Tóxicos (www.hogarsintoxicos.org).

Fuente: revista Vivo Sano

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