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La Soledad que evitamos

 

“Solo quien sabe estar solo puede verdaderamente amar”. Osho.

Necesitamos compañía porque somos mamíferos

Culturalmente asociamos la soledad con el aislamiento, con la proscripción, con el rechazo, con la incapacidad de ser “interesantes” o “populares”. Pocas veces pensamos en la soledad como un espacio de oportunidad. Soledad y silencio para nuestras sociedades occidentales modernas, son equivalentes a tristeza y a nostalgia. Desde muy pequeños, nos programan a buscar respuestas de aprobación social desde las cuales fortalecer la autoestima y el autorreconocimiento, nos programan a llenar el espacio que habitamos con todo tipo de distracciones y entretenimientos, a huir de la intimidad, de la soledad y del silencio y, es así como lentamente perdemos contacto con nuestra esencia, distraídos por las presencias. 

La raíz evolutiva de esa búsqueda de presencias y de aprobación va de la mano con la estructura y la función de nuestro sistema límbico. Nuestro cerebro ha llegado hasta aquí a lo largo de un camino evolutivo que queda registrado en zonas y funciones que recapitulan en nuestro propio desarrollo, la historia de la evolución biológica. Es así como en nosotros se encuentran los códigos de funcionamiento del reptil, del mamífero y comienzan a consolidarse los códigos que determinan el comportamiento humano, paradigma de síntesis de la evolución biológica. 

El cerebro reptil se caracteriza por el control de las funciones vitales básicas y los procesos que garantizan la vida. En él se encuentra la codificación para las emociones primarias centradas en la supervivencia y su manera de reaccionar se caracteriza por actos reflejos e instintivos básicos. Por su parte, en el cerebro mamífero, esa interacción entre reflejo, instinto, emoción y decisión se vuelve más sofisticada y ante situaciones concretas, prima la emoción sobre el instinto. Además, en el cerebro mamífero se da una progresiva consolidación de la memoria y esa memoria adquiere matices emocionales concretos. 

Una de las características esenciales del cerebro mamífero es el gregarismo. El mamífero necesita de la manada, de la presencia de otros, de sus semejantes. Los necesitamos allí, a nuestro lado, aunque sea echados en la pradera, rumiando en silencio o tecleando compulsivamente en el celular con el fin de tener la vaga sensación de que alguien nos acompaña. Si estamos solos sentimos inquietud y malestar.

 

Reflexión, autoconsciencia y visión estratégica

En el cerebro mamífero se crea, desde la memoria y las emociones, una imagen simple de nosotros mismos, un “yo” referente básico. Algunos mamíferos consiguen reconocerse en un espejo. Sin embargo, esa consciencia de sí mismo del mamífero es incipiente. En el ser humano, la autoconsciencia, la reflexividad, el pensamiento complejo orientado hacia el desarrollo integral, hacia el aprendizaje, se convierten en la esencia de su propósito vital. El ser humano se vuelve consciente de su finitud, se preocupa por la huella o el recuerdo que dejará tras su paso y es capaz, en muchos casos, de tomar decisiones desde consideraciones racionales que sopesan consecuencias y riesgos y que supera los impulsos instintivos, los dictámenes emocionales. 

¿Nos damos cuenta de que la gran conquista de la evolución biológica en nosotros, la especie humana, es la capacidad de ser autorreflexivos? Más allá de los logros tecnológicos, del desarrollo del pensamiento lógico y racional, de la transformación del ecosistema y de nuestros espacios vitales, del desarrollo de formas de comunicación de una complejidad y especificidad asombrosas, nuestro mayor logro es la capacidad de tener consciencia de nosotros mismos, de darnos cuenta de quiénes somos, qué nos falta y cuales son las implicaciones y consecuencias de nuestros actos.

 

El valor de la soledad

En soledad surgen nuestras comprensiones más profundas, los actos creativos, los poemas, las sinfonías, las pinturas más hermosas surgen en soledad. En soledad sucede la meditación, la oración profunda y es en soledad como podemos conectar con nuestra esencia para aprender y ganar coherencia y madurez. La soledad es el espacio de la reflexión. La capacidad de estar en soledad se equipará con la capacidad de amar porque si somos capaces de estar con nosotros mismos, sin temores, sin proyecciones, sin reacciones de fuga o distracción, seremos capaces de estar con el otro sin buscar llenar con su presencia nuestra propia sensación de vacío y seremos transparentes, profundamente honestos y nuestros actos no serán una búsqueda frenética de aprobación.

 

¿Cómo aprender a estar solos?

  1. Si al estar en soledad se disparan sensaciones de ansiedad o malestar, respira profunda y lentamente tratando de permanecer en la presencia y en la consciencia de esa soledad. Sin buscar huir o distraerte, tratando de encontrar eventos en el pasado que hayan codificado esa reacción de inquietud o ansiedad ante la soledad.
  2. Reconoce que estar en soledad es diferente a sentirse solo. Identifica los impulsos que te llevan a “llenar” de distracciones tu espacio.
  3. Si en soledad aparecen emociones conflictivas, no resueltas, obsérvalas con calma. Identifica qué emoción es, qué la produjo, si se repite tu patrón de respuesta, si hay eventos traumáticos y programaciones que te impulsen a reaccionar así y, sobre todo, pregúntate qué otras maneras de asumir esos eventos y de reaccionar puedes aplicar.
  4. Comienza a realizar pequeños actos significativos en tus espacios de soledad: 
    • Haz meditaciones cortas. Lee.
    • Escribe acerca de aprendizajes emocionales y eventos significativos en tu vida.
    • Realiza alguna actividad creativa de tipo artístico o intelectual.
    • Contempla… un paisaje, una obra de arte, tus manos, tu imagen en el espejo.
    • Escucha el espacio y sus sonidos y, lentamente, abre la sensibilidad a la voz del alma.
    • Recuéstate un ratito, sonriendo, y siente la vida que pulsa en tu pecho y te alimenta.
  5. Observa cómo comienzas a relacionarte de manera diferente con las personas y cómo cambia tu patrón de reacción ante los eventos.
  6. Siente la fuerza de tu centro. Desde una profunda aceptación de cómo eres, de lo que es y sucede más allá de tus deseo y temores, reconoce en tu individualidad irrepetible la gran oportunidad de expresar tu nota en la gran sinfonía del universo. Refina esa nota, cuídala, armonízala y déjala resonar para que, desde tu soledad, se integre activamente en la gran sinfonía universal.

 

Juan José Lopera

DR. JUAN JOSÉ LOPERA

El Dr. Juan José Lopera es Médico egresado en la Universidad CES.  Comenzó su formación y participación activa en la Sintergética desde el comienzo de sus estudios universitarios al lado del Dr. Jorge Carvajal.

Diplomado en Gestión Clínica y Organicional del Estrés (Institute of Heartmath).

Docente titular en Sintergética (AIS).

Máster en Programación Neurolingüística (Richard Bandler, Global NLP), en Coaching de vida, ejecutivo y emocional (Global NLP), así como en Coaching Sistémico (Talent Managment).

 

Asiste con el Dr. Juan José Lopera a la Segunda Edición del Congreso Online “Gestores de Conciencia por la Paz”, que se celebrará del 13 al 19 de Mayo de 2020:

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