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LA PAZ EN EL CONTEXTO DE LA RELACIÓN MÉDICO – PACIENTE 


Si buscas el silencio, encontrarás la oración. Si buscas la oración encontrarás la Fé.
Si buscas la Fé encontrarás el servicio, si buscas el servicio, encontraras la PAZ.

Sor Teresa de Calcuta.

 

Solo cuando me reconozco como parte de una totalidad, el todo está en la parte y la parte está en el todo”, cuando incorporamos en nosotros el proyecto de la COMUNIDAD, que viene de Unidad común, comenzamos a integrarnos como humanidad. Somos gotas de un inmenso mar, somos chispas de un inmenso fuego, somos células de un cuerpo que se llama humanidad”, cuando nos reconocemos como componentes de esta humanidad, el servicio surge como una necesidad, hasta hacerse un vicio, por ello decimos que es una de las adicciones permitidas: Servicio viene de vicio de SER.

Y el servicio nos conduce a la PAZ, esa paz que todo terapeuta debe tener en el momento de iniciar esa relación que nosotros llamamos médico- paciente, que va más allá del insight que debe haber entre ambos y que los médicos aprendemos en el curso de psiquiatría.

La paz es el primer movimiento, es el contacto indispensable para que aflore la impresión que es la escucha compasiva, que nos lleva a la relación, que es la comunión entre dos centros energéticos del corazón, la del terapeuta y el paciente.

La paz genera un sentimiento de amor impersonal, lo que las antiguas escuelas de la tradición llaman PUREZA DE MOVIL o de los motivos, que da lugar a cambios en la electrofisiología cardiaca, que tiene un efecto armonizador sobre todo los ritmos corporales, hasta el punto que los investigadores del instituto Heart Math, dicen que el corazón puede ser considerado como un oscilador eléctrico maestro.

En la consulta diaria con el paciente no debe primar la relación cerebral sino la del corazón, ya que a través del amor impersonal se está favoreciendo que el campo electromagnético del corazón del terapeuta envuelva al paciente y se establezca una relación que nos lleve a descubrir lo que se esconde en lo subjetivo de su enfermedad, en otras palabras, encontrar la llave que nos permita aperturar la conciencia.

Hace algunos años recibí en mi consulta a un agricultor con un proceso inflamatorio bastante marcado y delimitado, desde ambos codos a la punta de los dedos como si hubiese metido ambos brazos en agua hirviendo; el dolor intenso a pesar de los antinflamatorios y esteroides, después de 2 visitas a un centro hospitalario le hizo buscar ayuda complementaria. Sus exámenes de laboratorio confirmaban un proceso autoinmune, sin estar claro de qué tipo. 

Mi misión como médico de la conciencia me obligaba a buscar dentro de las causas de este proceso, no solo la punta del iceberg, sino lo que se escondía debajo del océano, haciéndonos recordar que lo subjetivo de la enfermedad suele ser tanto o más importante que lo objetivo.

Durante la relación terapéutica descubrimos que no se veía con el padre hace 5 años, derivado de una vieja disputa, llegando a plantearle que la enfermedad que estaba padeciendo era una autoagresión, que, así como se manifiesta en lo objetivo o bioquímico o físico se refleja como un espejo en lo subjetivo, en lo holográfico, en lo sutil y que tenía que terminar ya con esa vieja rivalidad con su padre, habiendo llegado el momento de perdonar. Era evidente que con su cara de sorpresa no entendía la relación entre enfermedad y el perdón a su padre y luego de darle algunas recomendaciones biológicas complementarios, él se fue a su casa. Regresó a los 3 días desconcertado y sorprendido, me comentó que el día de la consulta regresó a su casa pensando en su padre y hasta se durmió pensando en él.

Al día siguiente se levantó muy temprano por su labor agricultor, mientras preparaba su desayuno tocaron la puerta, al abrirla se vio cara a cara con su padre, se quedó sin atinar a moverse y decir nada, hasta que conmovido abrazo a su padre pidiéndole perdón y él le contesto: “no hijo, yo he venido para que tú me perdones” y ambos se pusieron a llorar. No puedo entender lo que pasó, pero sus síntomas comenzaron a desaparecer, mostrándome recién sus brazos donde ya no tenía nada. Por ello he venido doctor para que me diga si es necesario, tomar las cosas que me recetó….

Surgen muchas preguntas, ¿qué hilos de la conciencia se movieron y se conectaron para que el padre del paciente visite a su hijo después de 5 años justo al día siguiente de la consulta? Es el corazón como lo señala la tradición y lo reafirman las investigaciones más avanzadas, el lugar donde mora el alma y se asienta la conciencia.

Desde el punto de vista físico se sabe que el corazón tiene un campo electromagnético 5.000 veces mayor que la del cerebro, pero esto ocurre solo cuando se está en estados alternos de conciencia, que es un momento de PAZ en el corazón, es aprender a ver al mundo desde el corazón es decir con amor y sabiduría, con comprensión amorosa.

Desde la visión tibetana existe el TONGLEN que es una estrategia de aproximación al corazón del paciente y atraer su energía para transmutarla y devolverla. Existe un TONGLEN con uno mismo, con otra persona, con la familia, con el ambiente, etc.

A través de la inspiración uno toma la energía del corazón del paciente y lo dirige a su propio corazón, hace pausa inspiratoria y transmutamos la energía del paciente en nuestro cuarto centro y luego con la expiración devolvemos la energía transmutada al corazón del paciente.

Existe una evidencia directa de que corazón requiere neurohormonalmente una constante actualización ambiental del cerebro a fin de organizar la energía corporal. Después de la contracción auricular se favorece la producción de una neurohormona conocida como Factor Naturético Atrial (FNA), este péptido se comunica en forma directa no solo con el cerebro, sino con el sistema inmunitario y sus conexiones llegan al hipotálamo (centro regulador endocrino) que participa en nuestro estado emocional, a la epífisis que regula la producción de melatonina, que interviene en nuestro ciclo sueño- vigilia, en el proceso de envejecimiento y el nivel de energía en general. También influye en la hipófisis, tálamo y sistema límbico que participa en la memoria, aprendizaje y emociones.

Estos estados de amor impersonal en los que se experimentan profundos sentimientos de conectividad y PAZ interior se asocian a una alta coherencia cardiaca que se registran en el tiempo como una disminución de la tasa de variabilidad de la frecuencia cardiaca. Este mismo estado es capaz de incidir voluntariamente sobre el grado de polimerización del ADN in vitro haciendo evidente el cambio en los estudios por espectofotometria. En toda relación médico-paciente, la PAZ es terapéutica, la PAZ es el contacto que se realiza mediante la atención dirigida, la intención, la mirada amable, la pregunta cordial ¿Qué te ocurre? ¿en qué te puedo ayudar?, estableciendo una corriente inicial de energía que va del terapeuta al paciente estableciendo el contacto que es la apertura amorosa, la aplicación del código del sentir que es atracción magnética, luego aparece una segunda corriente de energía que va del paciente al terapeuta produciendo una gran liberación y surge la escucha compasiva que se desarrolla cuando escuchamos sin juicio y culpa.

Finalmente se establece la relación, que es el amor que equilibra la energía que discurre en el binomio terapeuta – paciente.

La energía puede entonces fluir, equilibrar, reposar, destruir, fortalecer o disipar según requiera, que es la conexión entre alma a alma.

La PAZ es encontrar el vacío, es la pausa, solo así es posible reencontrarse con las memorias transgeneracionales y nos permite fundirnos en la enseñanza detrás de la vivencia, nos permite tomar al toro por las astas para confrontar y resolver el proceso que nos lleva a una enfermedad.

Hace casi 80 años el conocido naturalista Charles Darwin escribió una carta a la célebre revista Nature conocida por sus publicaciones científicas, la cual título “La perra del carnicero” en la cual relataba la historia de una perra cuya vida era muy miserable ya que su dueño, un carnicero la castigaba a veces sin haber motivo, a tal punto que cuando veía a su amo acercarse , ella adoptaba una postura muy característica  se inclinaba hacia atrás, metía la cola entre las patas y levantaba la pata delantera como protegiéndose de la probable agresión. Con el transcurrir de los años la perra quedo preñada y tuvo 4 cachorros que fueron a dar a distintas familias, sin entrar en contacto con el carnicero dueño de la madre.

Al pasar el tiempo la madre falleció, los hijos adolescentes visitaron por primera vez un mercado en diferentes tiempos y espacios y los 4, cuando confrontaron a un carnicero con su mandil manchado de sangre, adoptaban la misma postura de la madre.

Charles Darwin agregaba en la carta que esta observación ya la había mencionado alguna vez, el célebre biólogo francés Lamarck hace más de 60 años.

La PAZ es el padre del amor, así como el sonido es el padre de la luz, porque en el origen de todas las cosas la tradición nos señala, que se escuchó una voz que dijo ¿hágase la luz! y la luz se hizo, es indudable que era la voz del padre y para que la luz, el hijo, se exprese, era necesario fecundar a la madre que es el vacío, el espacio sagrado, el útero. De la misma manera la PAZ para expresar el amor necesita fecundar la libertad, el último portal del alma, ya que solo en libertad sintiéndonos libres, puedo ser autentico, puedo revelar el alma dentro de mi personalidad.

 

Oscar Villavicencio

OSCAR VILLAVICENCIO
Médico Cirujano egresado de la Universidad Mayor de San Marcos (U.N.M.S.M.)
Coordinador de la Diplomatura de Terapias Alternativas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (U.N.M.S.M.).
Docente y médico fundador de la Asociación Internacional de Sintergética (A.I.S)
Asesor del Comité de Medicina Tradicional, alternativa y complementaria del Colegio Médico del Perú.

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