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LA MÚSICA DE ABEL 

 

Lo más notorio de su ultima visita fueron los zapatos bien puestos, los pantalones de bota angosta y su delgadez. El primer vistazo me sugería que sus piernas estaban deshinchadas y que el fuego de los nodos enrojecidos se habría apagado también. Tuve un asomo de alegría en el corazón. Era como celebrar un triunfo por el único merito de haberlo vislumbrado, de haber sembrado un palpito desde el primer contacto y abandonarlo sin apegos para verlo luego convertido en certeza.

Por su propia decisión, soporto con valor el proceso de “destete” de los esteroides y antibióticos, de los que había dependido Abel los últimos tres anos de su vida. Todavía le quedan los narcóticos, muy útiles para aplacar su dolor y tal vez para darle combustible a su esperanza, pero ahora ha vuelto a sentir su cuerpo como suyo, a reconocerse en el. Se siente de nuevo a cargo, como un niño que monta su caballo después de una convalecencia y a pesar de su temor, sabe como hacerle obedecer. 

Antes de recibir el diagnostico de enfermedad de Crohn era un estudiante aventajado y con bastante popularidad gracias a sus dones musicales y a sus habilidades como bailarín de “break-dance”. Lo conocimos en una sesión de sanación a la que llego por recomendación de un familiar consternado por su condición, en compañía de su madre y su padre, un ginecólogo de larga trayectoria y atenuado escepticismo.  No pudimos figurarnos allí, detrás de sus expresiones y sus gestos, ni la génesis ni el colorido del impacto emocional que dividió su vida en un antes y un después. La agresiva expresión de sus síntomas como consecuencia de la profunda exigencia a sus mecanismos de adaptación nos dejo con la hipótesis de un detonante circunstancial, refundido en las profundidades de su inconsciente y sus limites difuminados.

Tuvimos entonces como tenemos ahora, la consciencia plena de no estar luchando contra ninguna enfermedad, de reconocer detrás del diagnostico, la historia de ese ser humano confuso pero optimista; de aventurarnos en la interpretación simbólica del origen de su padecimiento; de su su dolor físico y emocional; de los obstáculos que este le impone al curso diario de sus actividades y pensamientos.  

No obstante, no somos ajenos al postulado que exige de todo acto terapéutico un resultado, pero sabemos que ese posible resultado no depende por entero de nuestro conocimiento o de nuestra destreza, conlleva una percepción, una reacción en el seno fisiológico único de Abel y la relación que se deriva de interacción entre su ser y el nuestro en términos de acogimiento, empatía y comprensión.

También recordamos, educados en el paradigma clásico, el pronostico de esta enfermedad crónica, que en su curso sigue un deterioro progresivo salpicado de complicaciones, algunas veces de gravedad y de carácter urgente. Así las cosas, decidimos renunciar a la expectativa y emprendimos el camino de la observación callada y paciente, pero avivada en el fuego transformador y transmutador de la presencia consciente, es decir que estando presentes en cada acto medico podíamos entrar en resonancia con una visión integral, no fragmentada, de ese ser, no contemplándola sino sumergiéndonos en ella. 

Haciendo el recorrido juicioso de la propuesta Sintergetica, y descrito aquí en síntesis obligada, nos encontramos primero con un moderado déficit de su energía global y con una invaginación de la red etérica a nivel del timo (glándula relacionada con el sistema inmune), y también sobre el tallo cerebral. Una fuga en el primer centro, y debajo de esta, bloqueos del tejido medio anudados en extensión hasta el segundo chacra. Los filtros que usamos se fueron seleccionando por resonancia y aquí el color jugo un papel principal en la eliminación de toxinas y en la reparación de la mucosa del intestinal. Nos servimos además de la gran contribución que nos ha hecho la Biorregulación para armonizar el sistema inmune, proteger ante el estrés oxidativo, reducir la absorción de endotoxinas y alérgenos, actuar sobre el endotelio vascular y contribuir con la microcirculación en la pared intestinal, y mejorar la oxigenación de estos tejidos a través del mejoramiento de la energía mitocondrial. 

El primer entusiasmo surgió con la detención de las hemorragias rectales junto con un leve incremento en su nivel de energía. Una mejoría flaca ante esa constelación de síntomas que parecían tener independencia unos de otros, y justo de esa percepción nació la exigencia reflexiva de sincronizar las partes en el todo. El endotelio vascular lacerando la superficie de absorción del tubo digestivo, el sistema inmune trabajando, pero desorientado, y la marea de sus emociones a la deriva. Todo esto ocurriendo en simultaneo, en la mente y el cuerpo de este joven, atribulado por su malestar, y descreído de las opciones de tratamiento ofrecidas.  

La espiral inquieta de la vida hizo un nuevo giro en su evolución. La segunda y última sesión de sanación actuó en el, desde la sencillez y sabiduría del que comprende restaurando así el poder del ser. Restablecer el cauce de su energía ancestral, destrabar el bloqueo de su energía magnética llevando la luz verde hacia el sistema vascular, y el ajuste, entre manos, corazón y consciencia de su energía vital, lograron anclar en su biocampo, un optimismo prudente, pero confiado, de recuperación. 

Las visitas, nos revelaron además, una mejoría paulatina en pequeños aspectos:  han desaparecido síntomas como el dolor de pecho, el callo en la mano izquierda (cultivado por la carga repetida de sus destrezas acrobáticas), la fistula entero-cutánea (del intestino delgado a la piel del abdomen), sin embargo, las fistulas alrededor del ano y un par de nuevos episodios de sangrado por el recto nos obligan a continuar investigando bajo la luz de la reflexión, que devela en la memoria un viejo aforismo de Voltaire – El papel del médico es asistir al enfermo mientras la naturaleza obra su curación”.  

Ahora la música de Abel toca la nota del amor. Tal vez la ilusión de su enamoramiento nuevo reoriente su despistada inmunidad; tal vez, la caricia de otras manos en su piel erice las vellosidades intestinales devolviéndoles su atrofiada capacidad de absorción; tal vez, la comunicación fluida y tierna con su pareja sirva de molde biocibernético para que las fistulas cierren la comunicación anormal entre sus tejidos. Tal vez todo esto ocurra sin tener que recurrir de nuevo a los antibióticos, o sin necesitar una cirugía derivativa. La única certeza es que su enfermedad, como la de todos los enfermos, parece haber puesto su vida al margen, aplazándola, pero aun enferma, es vida que sigue buscando su “forma” a través de la comprensión y desde la pluralidad de lo creativo.

 

Dr. Renato Segura-Rodriguez

Aventura, Florida, EEUU

RENATO SEGURA

El Dr. Renato Segura-Rodríguez es médico cirujano. Su extensa experiencia clínica incluye Medicina Occidental y Medicina Alternativa, todo lo cual desarrolla en el concepto de MEDICINA INTEGRATIVA.

Formado en acupuntura manual coreana, Electroacupuntura, homeopatía y terapia neural.

Master en Medicina Oriental en la Universidad de SAMRA en Los Ángeles, California. Diplomado en Medicina Oriental. 

Desde 2010, el Dr. Segura está profundamente involucrado en la práctica de la SINTERGETICA.

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