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Hacia una Nueva Visión de la Salud

Introducción

Este planeta tierra con sus mil matices, razas y colores. lleva implícitos misterios inescrutables:

El misterio de la unidad sostenida por la belleza de su diversidad.

El misterio de la armonía, conseguida a través de un doloroso trajinar que ha ido revelando la complementariedad de los opuestos.

Y, sobre todo, el gran misterio de la muerte de individuos, proyectos, cultivos y culturas, que nos revela la eternidad de la vida escondida en el programa de todas las semillas.

Esta es una sola tierra con abundancia de culturas y cultivos y una abigarrada diversidad de coloridos etno-culturales que conducen a la expresión dinámica de una sola humanidad. La humanización es un proyecto vivo, más incluyente y poderoso que el proceso biológico de hominización, más significativo que la portentosa explosión del campo neuronal.  Ya no sólo somos semillas de un plan desconocido: nos cultivamos, nos sembramos, nos cosechamos y distribuimos la cosecha. Morimos, renacemos, nos renovamos y así, de toda muerte, vamos creciendo con la gran corriente de la vida.

Visto desde la amplia perspectiva del observador, que se humaniza emergiendo de la materia para volver a sumergirse de otro modo en ella, somos el porvenir de los antiguos y los cimientos de otros porvenires, en el ir y venir de una historia que no ha dejado nunca de estar presente. La injusticia revela la necesidad de justicia; la contaminación, la necesidad de una nueva ecología; la economía de nuestras miserias humanas nos lleva hoy a crear los embriones de una humanización de la economía. La enfermedad nos muestra el camino hacia la salud. No estamos perdidos, hemos caído una y mil veces para reconocer, en cuerpo y alma, nuestro camino. Tal vez, y gracias a que nos hemos equivocado tantas veces, podamos aprender de nuestros errores las mejores lecciones. Quizás el sentido de estar y sentirnos perdidos sea el de volver a otear el horizonte de la vida, y llenar nuestras vidas de sentido.

 

Un cambio de visión

Así como vemos el mundo nos vemos a nosotros. Nos moldeamos según nuestro modelo del mundo. Un cambio de visión es producto de un cambio de conciencia, por lo que es interesante conocer cuál es nuestra postura como observadores para comprender mejor nuestros puntos de vista. Si nos vemos como víctimas no podemos menos que construir un mundo de verdugos. Si vemos el mundo como un agregado de materia así nos veremos a nosotros, como complejos moleculares. Si nos vemos como enfermos, confundimos nuestro ser con la enfermedad y en esa falsa identidad la fortalecemos. Es interesante pues, más allá de dogmas y prejuicios, saber que no hay visiones correctas o incorrectas, todo depende de nuestro punto de vista. De nuestra postura como observadores.

Esa posición del observador, que en términos de los físicos estaría determinando el mundo que observamos -para algunos también el mundo que creamos- establece nuestro modo de relación con el mundo, o el modo de interiorizar el mundo que observamos y recreamos.

Con este punto de partida podríamos tratar de acceder a un mundo en el que el observador y lo observado son tan integralmente interdependientes que son realmente inseparables. En esta reciprocidad de observador y observado se insinúa un campo unificado de interacciones, que no sólo comprende al hombre en tanto que sujeto, sino que comprende todas las interacciones entre partículas, cargas, campos y niveles de lo manifestado.

Como un orden implícito, sumergido detrás del mundo de las apariencias, un campo ordenante relacional establece la posibilidad de todo tipo de relación y explica por qué todo cuanto existe, existe en relación. El campo relacional es como el campo unificado, y la conciencia en sus distintos niveles es el hilo conductor que va tejiendo la trama de la vida.  La disarmonía relacional en cualquier plano conduce a un estado transitorio de desequilibrio que llamamos enfermedad, por lo que ésta es también un asunto relacional, un proceso de conciencia.

Relatividad, incertidumbre, impredecibilidad, emergencia, enfermedad, caos, evolución, multi-dimensionalidad, conciencia, naturaleza, humanidad, son procesos que nos introducen a la plasticidad e impermanencia del sustrato mismo que nos constituye y que nos lleva a una amplia contextualización física, psíquica y espiritual de un ser en sociedad, que no excluye ningún aspecto de nuestra propia naturaleza.

Para ver nuestros sistemas de salud y pretender cambiarlos hemos de ser capaces, antes que nada, de cambiar nuestros propios puntos de vista. De salir de visiones estrechas puntuales o lineales, a una visión que abarque todas las dimensiones posibles de los procesos sociales en que nos desenvolvemos. Esto implica salir de dogmas y verdades a medias, renunciar al voluntarismo y al catastrofismo. Aceptar las cosas tal cual son es el primer paso hacia el cambio. Pretender cambiarlas sin aceptarlas genera resistencias y desgaste innecesario. No se trata ahora de la lucha entre los mejores y los menos buenos o entre el bien y el mal. Se trata de comprendernos, de aceptarnos, de darnos la mano y completarnos. Se trata de unirnos, no de revolvernos, más bien de afirmarnos en el grupo, dando la nota que, a cada individuo, sociedad o país, corresponde. Esto no implica el homogenizarnos o igualarnos por lo alto o por lo bajo, sino el reconocer nuestras diferencias y unicidades en el seno de un patrón de relaciones que escenifica nuestra profunda interdependencia. Se trata de liberarnos no de nadie ni de nada, sino con todo lo otro, en un proceso progresivo de expansión que representa el ascenso colectivo de la conciencia.

Con esta pequeña introducción en mente trataré de representar, en un escenario de significados, los procesos que vivimos, las crisis u oportunidades para emerger a una sociedad más integra, más sana, más feliz. En síntesis, más humana.

 

¿Dónde estamos?

En un sistema solar que ahora emprende con el todo planetario el sendero de regreso orbital hacia el centro de la galaxia.

En una fase del espacio-tiempo sometidos al cambio del campo de influencia de piscis a la constelación de acuario.

En un planeta cuya atmósfera y forma actual fue construida por la misma vida.

Ad-portas de la sexta gran extinción de la vida en la tierra, ahora ocasionada no por un meteorito sino por el consumismo desenfrenado.

En un planeta vivo, en el que la fina película de la vida orgánica representa la transición de fase crítica o nivel de transmutación y cambio más importante.

Como parte integrante de una naturaleza cuya diversidad asciende a través de la humanidad a reinos o interfases de la conciencia superiores.

Como un tejido vivo de grupos, sociedades y culturas que expresan el ascenso de la conciencia enriquecida por la diversidad.

En la era de la conciencia, un tiempo en el que la que las diferentes visiones del mundo se complementan. en una síntesis que nos convierte, a través de la comunicación y las redes sociales, en una pequeña aldea.

En una fase de la historia caracterizada por una disolución de antiguas fronteras culturales, una revolución crítica de los modelos económicos y una transformación profunda en las relaciones del hombre y la naturaleza.

 

¿Quiénes somos?

No sólo un sub-producto de la diversificación de la materia que por obra y gracia del azar se ha ido humanizando.

No sólo una emergencia de los estados de conciencia mineral, vegetal y animal que a lo largo de centenares de millones de años han ido ascendiendo hasta el ser humano.

También somos el resultado intangible de lo que “desciende”.  Somos una interfase entre el mundo de la naturaleza que va ascendiendo y el sutil mundo del espíritu que se expresa en la materia más evolucionada. En nosotros, como en el mito del centauro, el hombre y el animal se integran y, de esta integración, junto al portentoso desarrollo del sistema nervioso central destinado al control del movimiento, surge un nuevo uso de la conciencia.

Todas las formas de conciencia primigenia, caracterizadas por la reactividad química del mineral, la sensibilidad a la luz del vegetal, y la libertad de movimiento, que confluye en el instinto y el embrión del pensamiento en el animal, dan lugar a una manifestación individualizada de la conciencia reflexiva, en la que reactividad, sensibilidad e instinto desembocan en el pensamiento humano.

De esta forma tenemos la conciencia de la conciencia: como esencia humana:  por primera vez en la evolución asistimos en nuestra humanidad a la conciencia de sí, un tipo de conciencia capaz de transformarse a sí misma.

Esta conciencia reflexiva, plenamente expresada en la capacidad de la conciencia de reflejarse sobre sí misma para auto transformarse, permite en el hombre la expansión a la conciencia creativa, la capacidad real de participar en el proceso creador.  Somos creadores.

Surge como esencia humana la responsabilidad, la capacidad de responder por lo que hace y por lo que en realidad es.

Si la humanidad, representa no sólo al reino animal que asciende, sino en realidad un nuevo reino de la naturaleza, el cuarto reino, podríamos decir que la humanidad es también el puente entre toda la creación y el quinto reino, un nivel de expansión de toda la naturaleza a través del cultivo de lo humano.

 

Implicaciones de este ser y estar

Cada uno de nosotros es necesario al proceso de la creación. Una pieza irreemplazable en el puzle de este paisaje evolutivo. El desarrollo de la conciencia reflexiva, la conciencia de sí mismo, es esencial al proceso de humanización.

Lo que nos sucede tiene que ver con posturas en las que no asumimos nuestra verdadera identidad como seres humanos. Es el no haber nacido plenamente a nuestra condición humana lo que nos puede llevar a un manejo no responsable de nuestras potencialidades y a una inadecuada administración de nuestras relaciones con nosotros y la tierra.  Desarrollismo, consumismo, neoliberalismos, totalitarismos, son todos manifestaciones de posturas que no corresponden plenamente a nuestra dimensión humana.

 

Asumirnos

Ocupar la posición que nos corresponde en el concierto de las cosas. Ser, como decía Gandhi, el cambio que proponemos para el mundo.

Afirmarnos sin tener para ello que negar a otros. Unirnos sin necesidad de renunciar a nuestra diversidad y su correspondiente unicidad. Diversificarnos sin perder el contacto con la unidad.

Ser lo que somos sin necesidad de competir. Compartir, como un modo de relación que nos lleva a una forma superior de unión. Responder a la necesidad. Reconocer el valor de lo esencial.

Hacer de la paz, la fraternidad y la libertad valores permanentes en todos los sitios del planeta.

Reconocer en el separatismo una dirección que va contracorriente de toda la evolución.

No crear más partidos, ni divisiones. Ser punto de encuentro en todas las condiciones.

 

La crisis de los sistemas de salud

Los sistemas de salud del mundo están en crisis. Crisis económica es cierto, pues cada vez se incrementan los costos de medios diagnósticos y terapéuticos. Pero la crisis de la economía sanitaria, que dificulta una adecuada relación costo-beneficio en la prestación de sus servicios, es consecuencia de otro tipo de circunstancias críticas. Nuestros modelos de salud generan dependencia, están medicalizados y centralizados, hacen un énfasis desmedido en la atención de la enfermedad, no previenen, no educan, no crean salud.  Más que sistemas de salud, son sistemas de enfermedad, concebidos para afrontar los síntomas más que las causas. Desintegran la dimensión humana, compartamentalizan el cuerpo, subdividen en especialidades múltiples, frecuentemente desconectadas entre sí, y abusan de los recursos farmacológicos. Desconocen la inteligencia de nuestros cuerpos, adquirida después de una experiencia evolutiva de miles de millones de años, y se superponen a nuestra naturaleza, imponiéndole pautas generadoras de daños colaterales, en ocasiones más graves que la misma enfermedad

No es cierto que a más inversión más salud y que la crisis sea sólo de índole económica. Es nuestra visión de la salud, de la enfermedad, de la vida y la muerte lo que está en cuestión. Hemos generado sistemas médicos jerarquizados, verticales, dependientes excesivamente de la figura de un médico que no se integra efectivamente al equipo de salud y que ejerce una autoridad que muchas veces no viene realmente de la ciencia, como casi siempre se pretende.

A nivel global no tenemos hoy mejor salud, no somos más íntegros, no se han reducido la tasa de suicidio, no tenemos menos enfermedades degenerativas. Emprendimos la guerra contra el cáncer sin que décadas después podamos mostrar resultados muy alentadores. A pesar de los innegables logros en el campo de la salud pública, no hemos logrado controlar muchas de las infecciones que desde siglos asolan la humanidad. Alrededor de un tercio de las muertes hospitalarias se deben a complicaciones de nuestros tratamientos médicos aceptados.

Los costos de la investigación, el poder de farma- industria y su posicionamiento como un sector de gran rentabilidad, las fallas en el modelo educativo y el enfoque reduccionista del ser humano en las facultades de medicina, convierten la prestación de servicios de salud en uno de los problemas de mayor envergadura para la sociedad actual.

 

Replantearnos el sistema de salud

Además de ser una crisis económica, la de los sistemas de salud es por sobre todo una crisis de visión. Requerimos hoy un enfoque diferente de la salud y de la enfermedad; de una forma distinta de ver al ser humano que buscamos sanar, y por tanto de su vida y de su muerte.

Esto significa trascender, sin negarla, la biología molecular; asumir las implicaciones de los más recientes descubrimientos de la neuro cardiología, la plasticidad neuronal y la epigenética, y trascender la visión positivista que asimila el ser humano a una simple emergencia evolutiva del reino animal.  Un cambio de visión representa saber que desde una postura en la que reducimos el ser humano a un complejo sistema molecular, no podremos ver jamás el campo de energía, ni el universo de información, de lenguaje y de sentido en el que también vivimos.

Este cambio de conciencia significa expandir nuestra visión más allá del estrecho margen de la física newtoniana, involucrar la visión cuántico relativista a nuestros códigos de lectura, e ingresar de lleno, más allá del dualismo mente cuerpo, en la dimensión de una medicina que involucre tanto el olvidado paradigma cuerpo- tierra como la visión emergente de la no localidad de la conciencia, concebida como la gran corriente de la vida en la que somos en relación con toda la naturaleza.

 

El cambio de conciencia nos lleva a un cambio de nuestra visión  

Cambio de visión de la salud no ya no como un estado de bienestar físico emocional, mental y espiritual, sino como un proceso dinámico que tiende a la integridad, o restauración de la unidad relacional con uno mismo y con todo lo demás. Esta visión enfatiza el hecho de la relación en si como el común denominador de todas las formas de manifestación. Todo cuanto es, nosotros incluidos claro está, es en relación. La gran implicación en la relación terapéutica es que esta relación en si representa el primero y el más esencial de los medicamentos.

Cambio de visión de la enfermedad que en esta visión no es lo contrario de la salud, y puede representar una crisis u oportunidad para emerger a un nivel superior de salud o de mayor integridad.  Podemos ver la enfermedad como una estrategia adaptativa a veces fallida de nuestra naturaleza biológica y o personal. Así, más que atacar la enfermedad como una catástrofe, es necesario comprender su dinámica multicausal y sus lecciones implícitas. Así podemos afrontar los síntomas como respuestas adaptativas de nuestra naturaleza, la mejor que el organismo pudo expresar para compensar un desequilibrio.

Cambio de visión de la vida concebida más allá de la biología como gran corriente de conciencia que va entrelazando distintos niveles evolutivos, incluyendo aquellos que precedieron la química orgánica. La red entretejida de la vida se proyecta más allá del cuerpo, que en realidad es como la onda portadora del complejo patrón de información que cada vida comprende. Se enfoca la vida a la luz de una biología sistémica como un proceso de aprendizaje que se da por la interacción de un patrón de información auto-recreativa con la estructura permanentemente cambiante del cuerpo. Así, salud enfermedad, vida y muerte representan modos de aprendizaje evolutivo. Sanar tiene que ver enseñar, vivir con aprender, la enfermedad y la muerte representan procesos de aprendizaje. La resistencia al aprendizaje genera fricción, dolor que se convierte en sufrimiento, e inercia que nos lleva a la repetición de lecciones no aprendidas.

Esta concepción de la vida y la muerte, de la salud y la enfermedad, como procesos dinámicos de aprendizaje, implica una dimensión pedagógica de la terapéutica y una dimensión terapéutica de la pedagogía. La mejor manera de crear salud es educar y salir de la ignorancia de lo que somos en realidad. Educar acerca de lo que somos de verdad es una modalidad de terapia irreemplazable que despierta nuestro potencial para cambiar, dado que la mayoría de nuestras enfermedades crónicas se relacionan con estilos de vida malsanos enraizados en hábitos, condicionamientos y falsos sistemas de creencias.

Cambio de visión de la muerte. Se puede concebir la muerte, no como lo contrario de la vida sino como un evento necesario a todos los niveles para que la vida sea viable. Desde la biología de la apoptosis o muerte celular programada, hasta el desapego y la renuncia a lo que no es esencial en el plano de la personalidad, eso que llamamos muerte es en realidad la matriz desde la que se generan nuevos niveles de orden necesarios a la renovación de la vida.

 

A modo de conclusión

Estamos emergiendo hoy a un nuevo nivel de observación, en el que el observador, la humanidad misma, está observando un nuevo mundo, enraizado en el orden de las profundidades. Este mundo involucra la materia, la energía, la información y la conciencia en un gran campo unificado e indivisible del que somos parte.

Integrarnos a ese campo y aprender a utilizar su enorme potencial será el arte y la ciencia de una nueva forma de abordar la salud y la enfermedad, la vida y la muerte. De un nuevo modo de vernos a nosotros mismos como humanidad.  De crear salud.

 

Dr. Jorge I. Carvajal Posada

DR. JORGE CARVAJAL

El Dr. Jorge Carvajal es médico cirujano de la Universidad de Antioquia (Colombia). Escritor, docente, investigador, con cuarenta años de práctica clínica dirigidas a la integración de diferentes sistemas médicos. Creador de la Sintergética y Manos para sanar. Es presidente honorífico de la Asociación Internacional de Sintergética (A.I.S.).

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