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Cuando los astrónomos examinan el fondo espacial buscando entre las estrellas planetas que puedan albergar vida, generalmente buscan planetas que, de alguna manera, se parezcan al nuestro. Al no tener más referentes de vida en el universo que el de nuestro propio mundo, normalmente se buscan planetas que se encuentren a una distancia adecuada a la estrella que lo regenta, distancia donde los niveles de radiación solar no sean ni muy fuertes, ni muy débiles, y que además dispongan de atmósfera, si es posible con vapor de agua, o mejor aún, con grandes extensiones de agua líquida en su superficie.

Agua, atmósfera, calor y luz solar… Pero ¿y su magnetosfera? ¿Cómo de importante puede llegar a ser la existencia de un campo magnético para que un mundo esté vivo?

Por lo que comenzamos a saber, el campo magnético de la Tierra es lo que hace tan especial a nuestro planeta. Es un campo magnético que protege y anima la vida que alberga, comportándose, por un lado, con un inmenso escudo que protege a la Tierra ante las radiaciones cósmicas y el viento solar y, por otro lado, como un inmenso oscilador, capaz de generar las imprescindibles fuerzas físicas intrínsecas a la vida tal y como la conocemos.

Tenemos un ejemplo de la inevitable necesidad de mantener activa una magnetosfera lo suficientemente intensa como para albergar y generar vida en la historia de otro mundo con posibilidades dentro de nuestro propio sistema solar: Marte.

La arcaica existencia de una magnetosfera activa y lo suficientemente firme permitió a nuestro planeta vecino mantener una atmósfera densa y agua líquida en su superficie, y quién sabe, igual también llegó a animar vida. Pero ocurrió que en algún momento de su historia se apagó su actividad geológica, y consecuentemente se desinfló su campo magnético, bien por falta de masa, pues se trata de un planeta más pequeño que el nuestro, o por no producirse mareas en su manto, ya que los dos satélites de Marte juntos tienen una masa minúscula comparada con la de nuestra Luna, o porque existen otros factores geofísicos que aún desconocemos. Por una o más causas, el campo magnético de Marte perdió densidad dejando al planeta desprotegido ante las energías procedentes del sol, y así el viento solar, poco a poco, durante millones de años arrastró al espacio gran cantidad de su atmósfera, y con ella, sus mares y ríos, convirtiéndolo en el mundo de cauces secos y atmósfera tenue que conocemos en la actualidad.

Las misiones europeas Clúster y Mars Express han medido la disminución producida en las atmósferas de la Tierra y de marte al paso de una ráfaga de viento solar. Al comparar los resultados de las mediciones, se observó hasta qué punto el campo magnético protege nuestra atmósfera. Si bien la presión ejercida por la radiación solar llegaba en una cantidad similar a ambos planetas, la atmósfera de Marte sufría una pérdida diez veces mayor que la atmósfera de la Tierra.

“El efecto protector del campo magnético es fácil de comprender y de simular matemáticamente, por lo que se ha convertido en una teoría ampliamente aceptada”. Así lo explica Yong Wei, del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar, en Alemania.

Primero fue el campo magnético, después fue posible la vida

Por el trabajo de un equipo internacional de investigadores, liderado por la Universidad de Rochester, que ha logrado datar la formación del campo magnético de la Tierra, sabemos que según sus cálculos, la magnetosfera terrestre se formó hace 3.450 millones de años, lo que sugiere que el campo magnético fue previo a la formación de vida en el planeta. Los hallazgos apuntan además a que el campo magnético era entre un 30% y un 50% más débil de lo que es ahora, pero aparentemente lo suficientemente denso y activo como para que se empezase a formar vida en la Tierra.

Por lo que hemos visto hasta el momento queda claro que la existencia de un campo geomagnético envolviendo nuestro mundo es esencial para la vida, pues filtra el exceso de radiación procedente de la actividad del Sol, del fondo del universo, y además genera la inducción de corrientes eléctricas que activan nuestros sistemas biofísicos, electricidad indispensable para soportar las complejas funciones biológicas de los seres vivos.

El cuerpo humano está compuesto en su mayor parte por líquido con iones en disolución. Técnicamente se trata de un electrolito.

Somos complejos conductores eléctricos en constante movimiento, inmersos en un campo magnético, y por lo que sabemos desde la primera mitad del siglo XIX gracias a Michael Faraday, quien comprendió y explicó los procesos de inducción electromagnética, eso es más que suficiente para crear la electricidad necesaria para mantener todas nuestras necesidades bioeléctricas. Precisamos de electricidad para movernos, para pensar, para que palpite nuestro corazón, precisamos de electricidad para cualquier acontecimiento intrínseco a la vida, como demuestran los electromiogramas, los electroencefalogramas, los electrocardiogramas, etc. Sin electricidad no hay movimiento muscular, ni actividad neurológica, ni pulso cardiaco.

Precisamos de aportes energéticos complejos para el buen mantenimiento de las funciones vitales, necesitamos aire, agua y alimentos, también calor y luz, y no menos importante que cualquiera de estos factores bioenergéticos, además, para vivir también necesitamos estar inmersos en un flujo magnético constante y equilibrado.

Somos fruto del mundo que nos envuelve. Los materiales y las energías que nos dan forma y animan son las mismas en las que estamos inmersos, somos una extensión de nuestro universo inmediato.

¿Qué ocurre si nuestro ambiente geomagnético desaparece?

Se ha estudiado cómo la ausencia del campo magnético de la Tierra puede provocar en los astronautas trastornos mentales durante los vuelos espaciales lejanos a la Tierra, en ausencia del campo magnético terrestre, como ocurriría en el caso de futuras expediciones a Marte o a otros planetas.

Las investigaciones para estudiar lo que sucede cuando se carece del campo magnético terrestre, o cuando éste es débil, han sido realizadas por parte de científicos rusos del Instituto de Investigación de Biología y Biofísica de la Universidad estatal de Tomsk y del Instituto para Problemas Biomédicos de la Academia de Ciencias de Rusia. Concluyen que hay evidencia suficiente de lo importante que es habitar en un ambiente geomagnético adecuado para el mantenimiento de la salud física y mental de los seres humanos.

Los experimentos realizados con ratas mostraron que los animales perdieron habilidades sociales, tenían problemas con la memoria y experimentaron cambios en sus órganos internos.

Para el estudio, los científicos construyeron un espacio donde el campo magnético terrestre fue reducido a una milésima de su fuerza, y donde vivieron doce ratas durante un periodo de 25 días.

En sus primeras observaciones, los científicos notaron una agresión creciente entre las ratas. Estas establecen su jerarquía dentro del grupo a través de luchas, sin embargo al quedar privadas del campo magnético terrestre olvidaron cómo hacerlo y perdieron sus habilidades sociales. También observaron fallos de memoria en los roedores, olvidaban su entorno habitual, los ratones comenzaban a examinar el ambiente como si nunca hubiesen estado allí antes.

La intensidad del campo magnético de la Tierra es cientos de veces más fuerte que la de Marte, protege a todas las criaturas vivas en la superficie del planeta del viento solar y del flujo de partículas procedentes del Sol y, por lo que además se desprende del estudio, también es necesario para el buen funcionamiento de nuestros procesos biológicos y cognitivos.

Las naves espaciales en órbita a la Tierra viajan a altitudes relativamente bajas, donde el campo geomagnético se encuentra reducido aproximadamente un 20% respecto a la superficie de la Tierra, suficiente para mantener las actividades físicas y cognitivas en perfecto funcionamiento durante su estancia en órbita. Pero los astronautas en expediciones interplanetarias tendrían que vivir en ausencia del campo magnético terrestre durante periodos muy largos, periodos de meses o años.

EN NUESTRAS VIVIENDAS O LUGARES DE TRABAJO, PODEMOS ENCONTRAR VARIACIONES GEOMAGNÉTICAS LOCALES. ¿QUÉ LAS PROVOCA? ¿INFLUYEN EN LA SALUD?

Resulta que no sólo en el espacio podemos encontrar un descenso de la densidad del flujo del campo magnético terrestre. Cada vez se encuentran más variaciones geomagnéticas presentes en nuestro entorno debido a los sistemas constructivos predominantes en la actualidad. Las estructuras ferromagnéticas utilizadas en la edificación (vigas. pilares, mallazos, planchas de microonda) generan interferencias en el campo geomagnético que pueden aumentar o disminuir drásticamente su intensidad con variaciones de decenas de miles de nanoteslas (nT) sobre la constante del lugar, constante que en nuestro país se encuentra entre los 32.000 y los 35.000 nT a nivel de la superficie terrestre. Estas estructuras también pueden crear anomalías como la inversión de la polaridad del campo e incluso reducir su densidad de flujo a cero nT, igual que ocurre en el espacio interplanetario. Esto implica la ausencia de actividad del campo geomagnético en ese lugar del mundo.

Estos acontecimientos se puede observar con un simple geomagnetómetro de mano.

En el transcurso de nuestro trabajo como analistas en Salud Geoambiental encontramos personas que descansan con su cuerpo expuesto a variaciones geomagnéticas de este tipo, personas que duermen con una parte importante de su cuerpo en ausencia de la densidad suficiente del campo magnético terrestre, y al mismo tiempo pueden tener la cabeza, o cualquier otra parte del cuerpo orientados magnéticamente a cualquiera de los puntos cardinales sin relación con el campo magnético natural del lugar donde se encuentra En esos casos encontramos que después de un tiempo conviviendo con estas características del campo geomagnético, las personas expuestas comienzan a sufrir diferentes trastornos neurofisiol6gicos que se parecen demasiado a los descritos en las ratas expuestas a campo cero o muy débil del experimento realizado por los científicos del Instituto de investigación Biología y Biofísica de la Universidad estatal Tomsk (Rusia), y del Instituto para problemas Biomédicos de la Academia de Ciencias de Rusia.

Personas de diferente edad y sexo pueden sufrir trastornos neurofisiológicos que se manifiestan como insomnio, rigidez y contracturas musculares crónicas, depresión y apatía, trastornos cognitivos y de memoria, dolores, mareos y angustia. También se ha observado su influencia en el empeoramiento de enfermedades autoinmunes, y de enfermedades crónicas o degenerativas del sistema nervioso.

En todos los casos, encontramos que los síntomas desaparecen al cambiar el lugar de descanso nocturno. En los casos más graves, cambiando el lugar de residencia.

Una persona que vivía con su pareja en un piso con las características geomagnéticas más extremas que he conocido, relata así los síntomas causados por la exposición a la que estaba sometida en su apartamento:

“Ya no sabemos dónde ponernos en la casa. En el dormitorio hemos puesto la cama de mil formas y siempre tenemos insomnio, pesadillas, dolor a la altura de riñones y, depende del sitio, dolores de cabeza bastante fuertes acompañados con una especie de depresión~ te hace preguntarte ¿pero qué pinto yo aquí? Hemos cambiado el colchón a otros lugares de la casa, pero sin resultado. En la salita del ordenador, en el salón y en otro dormitorio suelen pitar más los oídos, y tienes sensación de presión en ellos. Y concretamente en el salón y la salita del ordenador si comemos y después nos quedamos en una de las dos salas, la tendencia es a vomitar”.

“Todo, absolutamente todo, desaparece a las pocas horas de salir del piso, y hasta nuestra mala cara mejora. Algunas noches, cuando ya era insoportable, hemos tenido que ir a un hotel y hemos dormido y descansado. Si hemos marchado de viaje, una vez descansábamos de la paliza del piso, todo cambiaba y nos encontrábamos bien”.

Estas personas no tuvieron más remedio que cambiar de domicilio. En la actualidad sus problemas de salud han desaparecido sin tener que aplicar ningún tratamiento médico, simplemente se han cambiado a vivir a otra casa donde el campo geomagnético es estable. Ahora viven en un edificio con estructuras más convencionales que las de su anterior vivienda.

En este caso concreto hablamos de unas condiciones extremas que no se suelen encontrar de forma tan habitual. En la generalidad de las prospecciones realizadas en viviendas, las influencias suelen ser más locales, normalmente debidas a estructuras metálicas concretas como vigas, pilares, tramos de mallazo, etc. En la mayoría de los casos suele bastar con identificar el área afectada y simplemente cambiar la disposición de la cama para evitar la exposición a una variación drástica del campo geomagnético.

En otros casos la fuente de estas variaciones geomagnéticas procede de la propia configuración de la cama, debido a la existencia de piezas metálicas como las que tienen los colchones de muelles o los mecanismos de articulación. En estos casos las camas deberían sustituirse por otras sin elementos ferromagnéticos que rompan la naturaleza geomagnética del área de ubicación de las camas en los dormitorios.

Definitivamente el campo geomagnético es un nutriente más en nuestras necesidades bioenergéticas diarias, como lo son el aire, el agua o la comida. Sin un campo geomagnético adecuado es difícil generar la actividad bioeléctrica suficiente como para mantener nuestro soporte vital y cognitivo en plena forma. En la mayoría de los casos que conocemos. seguro que sufrir un problema de salud debido a una deficiencia de campo geomagnético no depende de los viajes interplanetarios que realizamos durante la semana. Hay pocos o ningún astronauta entre las personas para las que trabajamos habitualmente, pero sí encontramos. cada vez más, a personas viviendo en edificios cuyos sistemas constructivos incorporan gran cantidad de elementos ferromagnéticos en sus estructuras, debido principalmente a las ventajas técnicas y económicas que aportan estos sistemas a la edificación.

Personalmente, no creo que sea necesario prescindir de una tecnología que nos resulta tan útil, pero como ha sucedido ya tantas veces a lo largo de la historia, tenemos la responsabilidad de ampliar nuestro conocimiento con el fm de no cometer errores con costes en la salud manejando los nuevos riesgos en la manera más adecuada.

Fuente: revista Vivo Sano

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