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ENTREVISTA: DR. JORGE CARVAJAL POSADA

 

Lleva toda una vida dedicado a mejorar la salud, el bienestar y la felicidad de sus pacientes y sus alumnos. En sus más de 35 años de experiencia clínica y docente, ha tomado contacto con el sufrimiento humano en múltiples formas y ha comprobado la profunda necesidad de cada persona de encontrar la paz en su interior. Conversamos con él acerca de la salud, la meditación, el desarrollo personal y la meditación mundial por la paz, celebrada el pasado mes de mayo.

– Jorge, usted ha tenido la oportunidad de ejercer en distintos países y situaciones, atendiendo a personas con características personales y sociales diferentes, ¿ha encontrado un patrón común en las preocupaciones y el sufrimiento de los seres humanos?

Ya lo decía el príncipe Siddharta Gautama, Buda, hace 2500 años: la causa del sufrimiento es el apego o la aversión, y ambas condiciones se derivan de la ignorancia. Es la ignorancia del ser, la confusión con el no-ser, lo que produce el apego, la ambición desmedida y la corrupción. Y estos son el germen de todo tipo de violencia.

Vinimos a ser felices, no a tener ni a carecer. Esto implica tener lo necesario. Y lo necesario muchas veces es tener menos de lo que ya tenemos, para no tener que consagrar la vida al tener, olvidando así nuestro ser. Las carencias de lo indispensable para vivir dignamente suponen un desequilibrio en el que a unos les sobra demasiado mientras muchos carecen de lo necesario. Una necesidad mayor del ser humano de todas las condiciones es la justicia, ese equilibrio dinámico de la equidad que tiene como consecuencia la paz. Y esa necesidad es de los de arriba como de los de abajo, pues no puede haber riqueza excesiva sin una ignorancia profunda de lo que somos. Todos necesitamos, en síntesis, despegarnos de lo que no somos para llegar a esa abundancia del ser en la que la paz es posible.

-¿Es la paz la solución a ese sufrimiento o es un paso intermedio?

-La paz está en el punto de partida, en el de llegada y en el intermedio. Sin paz no podemos disfrutar de los logros ni emprender el camino hacia ellos. La paz es no local como la conciencia, pues es una condición inherente al ser. Es la pausa necesaria al ritmo. Es el silencio del que surge la palabra. Es el presente y la presencia. La paz es la puerta de entrada a la presencia, el alma. La paz en fisiología es respuesta de relajación, una poderosa medicina que modula positivamente la expresión de más de 2500 genes. La paz es la clave de la economía, el ingrediente mayor de la confianza que enraíza y da estabilidad a todas las relaciones humanas.

-Cuando hablamos de la paz en el mundo nos vienen a la mente las guerras, los conflictos, la violencia… Como seres humanos individuales, ¿qué podemos hacer frente a eso?

-No juzgar, no criticar, no dividirnos entre los buenos y los malos, saber, cómo nos insinuaban Buda y Jesús, que el único pecado capital es la ignorancia expresada como división y separatismo. No sabemos lo que hacemos y no comprendemos que nos lo hacemos a nosotros mismos. Desde una actitud activa y comprometida de la no violencia, comprometernos a no dañar ninguna vida ni por acción ni por omisión, lo que implica salir de las orillas de los partidismos o la indiferencia y convertirnos en el punto de encuentro que somos. Asumir que las diferencias son la condición de una verdadera unidad. La guerra contra la guerra es más de lo mismo. Tanto criticar sin compromiso nos lleva a un criticismo sin sentido. Cuando luchamos contra la guerra y la violencia y terminamos siendo violentos y excluyentes caemos en la misma espiral. No se trata tanto de hacer como de ser. Y si lo que hacemos lo podemos hacer desde la paz que somos, desde el mismo fondo sereno del ser, ya desde adentro, individualmente, estamos creando las condiciones para que sea posible la paz colectivamente. Si un ser humano es una célula en ese organismo mayor de la humanidad, nada de lo que haga aún en el plano individual y subjetivo dejará de tener la consecuencia del ruido interno. Las guerras empiezan y terminan en nosotros mismos. Si cesa la guerra en nuestro propio corazón, en nosotros y en el interior de nuestras familias, ya estaremos propiciando el desarme que el mundo necesita. Pero si no desarmamos los espíritus no podremos desactivas las cabezas nucleares que instante a instante ponen en riesgo el planeta de nuestros sueños.

-Cada vez se publican más estudios sobre los beneficios para la salud de la gestión emocional. ¿Podría ser también una vía a esa paz interior?

-Las emociones pueden ser las armas más destructivas o las energías con mayor potencial para construir la paz. Las emociones constructivas como la gratitud, la alegría, la compasión y el genuino aprecio son, como lo demuestran décadas de investigación en el Instituto Heart Math, el mayor nutriente energético del corazón. Las emociones destructivas como el pánico, el odio, el resentimiento, los celos o la envidia destruyen la paz, la confianza y la comunicación interior. Estas emociones destructivas inducen estados de ansiedad y agitación, producen desorden rítmico e incoherencia, desgastan nuestro potencial energético y nos colocan en una especie de estado de guerra no declarado en el interior. La ciencia de la felicidad y la compasión, el apaciguamiento de las tormentas emocionales a través de las técnicas de psicología energética, relajación y meditación, y sobre todo poner en movimiento el amor a través de la buena voluntad y el servicio son poderosas herramientas de sanación emocional que conducen a la paz.

-Hay una frase atribuida al Dalai Lama que dice si a cada niño de este planeta le enseñásemos a meditar, eliminaríamos la violencia del mundo en una generación. ¿Está de acuerdo? ¿Son los niños de hoy la gran esperanza de nuestro planeta?

-¿Quiénes les enseñarán a meditar si no somos los adultos? Nunca es tarde para aprender. Que todos meditemos en presente sería una buena solución para mejorar nuestras relaciones con nosotros y los otros, nuestra inmunidad, nuestra salud y aún la longevidad. Tengo plena confianza en que el futuro dependerá de lo que sembremos ahora en el presente. Si no nos ocupamos del presente cualquiera que sea nuestra edad, no tendremos futuro para los niños ni para nosotros, ni para la naturaleza. Hay una instancia de conciencia permanentemente joven que hace que el ser humano se renueve. Cada segundo nace alrededor de 800.000 células en nuestro cuerpo y tendrán el programa epigenético de nuestra paz, de nuestra ansiedad o nuestra violencia. Educar al niño es también educar a quien está naciendo en ti en cada instante. Nunca es tarde. La semilla del presente generará los bosques del futuro siempre y cuando la sembremos en la tierra fértil de un corazón comprometido.

-Recientemente ha participado en la Meditación por la Paz Mundial, celebrada el pasado 18 de junio. Cuéntenos en qué consistió esta iniciativa y cuál era su objetivo.

-Sigue siendo el objetivo del quinquenio. Cultivar la paz implica trabajar por la verdad y crear una opinión pública que no sea posible manipular desde los medios de comunicación que acomodan la verdad a los intereses oscuros de unos cuantos. Cultivar la paz conlleva trabajar por la equidad que implica la justicia, salir del juego tenebroso de verdugos que no saben que ya son víctimas y de víctimas que se van convirtiendo en verdugos. Asumir nuestros deberes con la misma vehemencia que reclamamos nuestros derechos. Descubrir que una libertad sin el reconocimiento de la diversidad y la interdependencia nos lleva a la esclavitud del separatismo que va en contravía de la evolución. Y, por último, y no menos importante, el cultivo del amor que nos renueva y nos ordena. Esto quiere decir servir como la forma más efectiva para cultivar esa felicidad que sólo puede nacer de la tierra sagrada de la paz.

-El trabajo por la paz del mundo no es algo nuevo, ¿verdad?

La milenaria ciencia de la unión propuesta en los aforismos del yoga de Patanjali, el taoísmo, el noble sendero del medio propuesto por Buda, las lecciones del nuevo testamento, las antiguas lecciones de la escuela de los esenios, contenidas en los rollos del mar Muerto, el misticismo de Ibn Arabi y de San juan de la Cruz, todas son manifestaciones de una sola corriente de sabiduría perenne que nos señala los cauces que conducen al océano de la unidad del ser cuya esencia es la paz. Este pasado filosófico y místico se va afianzando progresivamente en una extraordinaria unión de la mística y la ciencia ya insinuada en Einstein y Teilhard de Chardin y desarrollada más recientemente por Fritjof Capra en El tao de la física y los best sellers de Deepak Chopra, Gregg Braden, Joe Dispenza y Dawson Church. Todos nos demarcan como hilo conductor la no localidad de la conciencia, el entrelazamiento cuántico y la inseparable unidad del ser humano y el Todo viviente. Todas sus propuestas son proclamas vivas que develan que el sendero de la paz es posible cuando abrimos el corazón y expresamos un amor comprometido y efectivo a través de los movimientos de buena voluntad que hacen del servicio la fuerza más poderosa para la construcción de un mundo mejor.

“Mi paz os dejo” fue el legado maravilloso de Jesús. Es esa paz activa y comprometida de una vida en el perdón, el amor incondicional y el respeto profundo por la diversidad y la dignidad de cada ser humano, como hijo de su mismo Padre. Desafortunadamente, en el camino, muchas veces confundimos amor con apego y religión con religiosidad y fundamentalismo. La increíble promesa de Jesús reflejada en la frase: “Cosas más grandes que yo haréis”, afirma sin reparos la divinidad inherente a cada ser humano. Y esto no es parte del pasado, es la promesa ya presente en la ciencia emergente que sustenta hoy el inmenso alcance del potencial humano.

-¿Hay alguna diferencia entre trabajar solo la meditación o dentro de un movimiento global, como el que nos ha contado?

-Las gotas unidas al océano no son sólo gotas, tienen el potencial de todo el océano. Cuando la conciencia se integra construimos un puente, una antena de largo alcance que, como un radar, capta y emite la información de un programa en el que el amor con discernimiento nos conducirá a la sabiduría de saber vivir en paz. Pero tú nunca meditas solo, te unes a través de la meditación a ese océano de la mente superior, el mundo de las ideas del que emergen todos nuestros pensamientos. Cuando a través de la meditación regresas a esa fuente original, te unes no sólo a los otros seres humanos. Te unes a la Creación.

-Si alguno de nuestros lectores quiere recorrer ese camino hacia la paz interior a través de la meditación, pero no sabe por dónde empezar, ¿qué le recomendaría?

-Dejar pasar el pasado, declararse inocente, perdonarse. Experimentar así la paz del presente. Aceptarse. Reconocerse. Amarse y amar cada día más. Caminar conscientemente. Comer cuando come, dormir cuando duerme. Tener la actitud humilde de un aprendiz permanente y conmoverse con la belleza del plan de la vida con todas sus sombras incluidas. Entonces, viene lo demás, como respirar lenta, pausada y profundamente, llevar la mente a la luz del entrecejo, y sumergirse en la profundidad inefable del ser, sin abandonar sus responsabilidades cotidianas. Lo importante es el ser; cada uno, por lo demás, irá encontrando el mejor camino para llegar a sí mismo. Servir es el método más sencillo y eficaz para lograr con seguridad la paz y la felicidad que anhelamos.

-Hasta la próxima meditación mundial en 2020, déjenos un deseo para nuestro planeta.

-Quiero hacer una invitación al reconocimiento profundo de que en cada ser humano respira toda la Tierra. Conspiramos, respiramos juntos en la construcción de esta Tierra Patria, como la denomina Edgar Morin, cuando en la materia prima del homínido, que expresa nuestra biología, podemos esculpir nuestra biografía humana.

Entrevista publicada en la Revista Vivo Sano

DR. JORGE CARVAJAL

El Dr. Jorge Carvajal es médico cirujano de la Universidad de Antioquia (Colombia). Escritor, docente, investigador, con cuarenta años de práctica clínica dirigidas a la integración de diferentes sistemas médicos. Creador de la Sintergética y Manos para sanar. Es presidente honorífico de la Asociación Internacional de Sintergética (A.I.S.).

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