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MITOCONDRIA – SUBE TU ENERGÍA – PARTE I

 

Cansancio, migrañas, estrés o depresión, pueden deberse a una falta de energía en las células. La ciencia está descubriendo el valioso papel que tienen las mitocondrias en la salud física y mental: son el motor que produce la energía que necesita el organismo.

CENTRALES DE ENERGÍA EN TUS CÉLULAS

Toda actividad física y mental en el organismo requiere un aporte de energía. Esta energía se produce en la mitocondria, una organela ubicada en el interior de cada célula que actúa como un verdadero motor capaz de fabricarla para que el cuerpo y la mente funcionen correctamente y sin problemas. En este proceso, la alimentación es clave para proveer al organismo de los nutrientes necesarios para una salud óptima, serían la leña para avivar el fuego. Es a través del proceso de la digestión de los alimentos como el organismo consigue fragmentar y obtener los nutrientes, pero en este proceso, no solo no se genera energía, sino que bien al contrario, se consume energía. Es en la mitocondria donde se produce la verdadera transformación de los nutrientes para liberar la energía que poseen, y ello se hace en forma de ATP, una molécula que se conoce como «la moneda energética». La mitocondria tiene la capacidad de utilizar el oxígeno, así, cada célula posee la capacidad de utilizar el alimento que les llega, literalmente quemándolo de forma controlada en presencia de oxígeno para obtener la energía que necesitamos para sentirnos bien, realizar todas las actividades diarias, y para abastecer las necesidades de todos los órganos.

SINCRONIZAR EL RELOJ MITOCONDRIAL

Las mitocondrias disponen de un reloj biológico que sigue los ritmos circadianos, las horas de comida, el sueño, los picos horarios de mayor actividad y lucidez, y los valles de descanso y calma. La luz es el principal director que dirige toda la orquesta del reloj biológico; y la melatonina, la hormona que regula el ritmo mitocondrial, es clave para conseguir la estabilidad mental y una adecuada competencia cognitiva. Seguir los ritmos horarios del sol ayuda a fabricar buenas dosis de melatonina.

ENERGÍA QUE AYUDA A ALEJAR LA ENFERMEDAD

La diferencia más importante entre una célula normal y una célula tumoral es la forma en que respira, es decir, la forma en que genera energía. Así lo descubrió Otto Warburg en 1920, cuando demostró que el dao de las mitocondrias se relacionaba con la aparición del cáncer. Hoy sabemos que la mitocondria no solo ordena el metabolismo y produce energía en condiciones normales, además, forma parte de sus funciones indicar a la célula cuándo reproducirse y cuándo morir. Numerosos factores son capaces de inducir el fallo mitocondrial, entre los que se cuentan virus, bacterias, toxinas, radiaciones, mutaciones genéticas, estrés crónico y otros. Lo que todos ellos comparten es la alteración de la respiración normal de la célula.Así se producen cambios metabólicos, inmunitarios y bioenergéticos, que propician procesos neoplásicos, enfermedad cardiovascular, síndrome metabólico, disfunciones del sistema inmune y enfermedad neurodegenerativa, incluyendo alteraciones de la salud mental, fatiga, autismo, depresión y estrés crónico, todos ellos con una importante dependencia energética mitocondrial.

MENOS TÓXICOS, MÁS EJERCICIO AERÓBICO

Disponer de una buena cantidad de mitocondrias, funcionalmente competentes, es una contribución indispensable para la salud física y mental, la prevención del cáncer, el envejecimiento y la enfermedad neurodegenerativa. Hay que evitar agresiones y tóxicos que las deterioren o las destruyan, incluyendo medicamentos de uso común, como anti inflamatorios, estatinas y antibióticos. La dieta occidental no es una buena aliada de la salud mitocondrial, como tampoco lo es el sedentarismo, los tóxicos, como el alcohol y el tabaco, que acaban generando radicales libres. La manera más directa de incrementar la densidad mitocondrial es poner el motor a funcionar ; y en este sentido, el practicar ejercicio de forma sistemática y con buena intensidad permite desprenderse de las mitocondrias dañadas, que no funcionan correctamente, y desarrollar nuevas unidades más eficaces. Así, el ejercicio aeróbico es beneficioso, pero mucho más cuando se realiza trabajo de fuerza, entrenamiento a intervalos de alta intensidad y sobre todo el ejercicio en ayunas o con poca glucosa disponible, con el objeto de incrementar el consumo de grasas.

Dr. Tomás Alvaro Naranjo

El artículo ha sido cedido por Centro Arjuna Tortosa.

Licenciado en Medicina y Cirugía y doctor en Anatomía Patológica, especialista en el estudio del sistema inmune y sus tumores.
Inmunopatólogo, especializado en Medicina Sintergética y estudioso del campo de la Medicina bioenergética y vibracional.
Licenciado en Psicología Clínica, e interesado en el mundo de la Psicología y la Psicoterapia Transpersonal.
Director del Centro de Medicina Integrativa Arjuna Tortosa.

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