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EL PROPÓSITO DETRÁS DE LA FUNCIÓN

 

Las emociones no son buenas ni malas. Las emociones hacen parte del equipaje que tenemos biológico para vivir aquí, para tener esta experiencia humana en estos cuerpos. Como equipaje ellas tienen propósitos: no hay nada en nuestro cuerpo, en nuestro organismo, no hay un órgano, una víscera, una estructura, cuya forma sea un capricho de la naturaleza y mucho menos su función. No hay forma sin función. Toda forma está asociada a una función, pero toda función en un organismo está conectada a un propósito. Ahí es donde entramos en otro mundo más allá de la visión de la ciencia clásica, de nuestra visión de la medicina clásica, de la fisiología clásica. Y es que las cosas no solamente tienen función y tienen estructura: o sea tienen materia, forma y funcionamiento, tienen propósitos.

 

Nuestra visión materialista del mundo nos lleva a estudiar (y eso es válido), el por qué de las cosas. 

 

Pero cuando entramos en el propósito, nos cuestionamos el para qué.

 

Ahí entramos en el misterio del orden del universo. El universo tiene un orden, nosotros hacemos parte de ese orden y como parte de ese orden obedecemos entre comillas a propósitos. Tenemos un ADN asiento en el núcleo de cada célula de nuestro cuerpo y un programa de una programación genética que puede incluir también aspectos de nuestro temperamento. En la manera en que nosotros reaccionamos, emocionalmente puede tener también un marcaje, una tendencia genética y aún algunas maneras de pensamiento pueden estar programadas. Así que tenemos un temperamento, una base triple, física, como expresión emocional-mental, pero no somos sólo eso. Habitamos este instrumento. Existe el sujeto, lo subjetivo, el testigo interior, la conciencia, el observador interior. A esa instancia se acude como posibilidad enorme de transformar, de resignificar, de optar por nuevos hábitos. 

 

De la misma manera que hemos generado hábitos por repetición, cuando yo repito algo y lo repito, lo repito, se me vuelve un hábito y se me mete en mi mente subconsciente. Pero también se mete en mi sistema cerebral, en mi cerebro reptil, en mi cerebelo, en el núcleo de la base. Hay maestrías de movimiento que por repetición ya no las pienso. Ya nuevo activo mi corteza humana, ya no pienso para hacerlo, ya son movimientos automáticos, así son nuestros hábitos. Y a veces nos hemos habituado también en el plano emocional-mental. Se nos olvida que los hábitos no son solamente físicos: tenemos hábitos posturales, de sentarnos, de acostarnos, de mirar, de hablar, del tono de la voz, del movimiento del cuerpo, de la actitud total del cuerpo. Es un hábito que ha sido aprendido, modificado por el aprendizaje. Tenemos también una postura natural, pero la hemos modificado, la hemos condicionado. Pero los condicionamientos existen también en el plano emocional-mental.

 

Cada vez que hemos dicho que “no puedo” o “que no soy capaz” o he escuchado que me han dicho “tú no puedes con eso”, “tú no vas a ser capaz”, “tú no sirves para eso”, “tú no mereces eso”. Es la educación por el castigo. Ha sido un condicionamiento de cientos de años, tal vez miles en que los humanos hemos aprendido por el castigo. Y entonces nos repetimos en eso. Como es un hábito ya está allí en el automático, está en el inconsciente. Tenemos esa tendencia y es una fuerza muy grande. Pero tenemos una ventana, aunque sea pequeña, de ser conscientes, de observar, de pausar. Y allí es donde podemos introducirnos.

 

Entonces, nuevamente recapitulando, tenemos las emociones, son parte de nuestro equipaje, no son buenas ni malas, tienen propósitos, producen funciones, tienen efectos y consecuencias. El propósito de la emoción posiblemente tenga que ver con movernos: la alegría nos mueve de cierta manera, el miedo de otra manera, la tristeza de otra manera, la preocupación de otra manera. En algunas cosmovisiones de la salud como la medicina tradicional china estos movimientos emocionales cuando permanecen se asocian, y podrían generar alguna perturbación en algunos órganos. Por ejemplo, podríamos asociar muchas veces el miedo contenido y sostenido a una perturbación de nuestra función renal y de la vejiga. Nuestras iras, irascibilidad e irritabilidades en general, también asociadas a la actividad del hígado, de la vesícula biliar. Nuestras tristezas, melancolías, asociadas cuando permanecen allí, a perturbaciones del sistema respiratorio en general y del intestino grueso. La alegría extrema también, la manía, la alegría sin control, podría generar alteraciones en el sistema cardíaco cardiovascular y en el intestino delgado. Y la permanencia en la preocupación podría alterar el funcionamiento del vaso, también del páncreas, de esos órganos y vísceras asociados a los elementos constitutivos de nuestro cuerpo. No voy a defender que esto sea cierto o no, pero la experiencia nos lo dice. 

 

Dr. Jorge Iván Arango Caro

Médico, docente, terapeuta y vicepresidente de proyección social de la AIS

 

DR. JORGE IVÁN ARANGO CARO

Médico y cirujano de la Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. Ejerce la medicina integrativa y terapias de sanación desde hace mas de 25 años. La Sintergética, como visión de síntesis de la vida y la salud, es hoy eje de su consulta.

Es socio de AMIBIO (Asociación de Médicos e Investigadores en Bioenergética) y actual Vicepresidente de Proyección Social de la AIS (Asociación Internacional de Sintergética).

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