fbpx

 

EL PAPEL CLAVE DE LA AUTO RETROALIMENTACIÓN EN LA HUMANIZACIÓN

 

Una vez que hay interiorización nos encontramos con un proceso muy valioso, una propiedad valiosísima para la evolución, especialmente a nivel de los sistemas de los organismos vivos. Esa propiedad es la retroalimentación, la auto retroalimentación, que consiste en que un sistema emite, pero el sistema tiene una entrada y una salida. Cuando este sistema tiene una entrada y una salida la retroalimentación es que una parte de esta, que sería la señal de salida, debe regresar a la señal de entrada. Y cuando la salida regresa a la entrada nosotros tenemos un bello proceso de regulación, es decir, las entradas se van regulando según el nivel de salida y así se modula la regulación de muchos de los procesos biológicos. 

La auto retroalimentación tiene una implicación y es el auto reconocimiento. Un sistema se reconoce porque es capaz de mirarse en el espejo de aquello que está emitiendo. Es decir, porque es capaz de regresar al interior aquello que está saliendo de sí mismo. Yo me puedo reconocer cuando hablo en el sentido de que me escucho. Si no me escuchara no podría hablar. Yo me puedo reconocer en el mundo a través de las relaciones con los otros. Las relaciones con los otros me están retroalimentando y están generando permanentemente un enriquecimiento de la imagen de mí mismo.

Digamos que la retroalimentación es un recurso que permite la memoria,  y cuando nosotros tenemos memoria podemos utilizar nuestras experiencias previas. Si no tuviéramos memoria estaríamos condenados a repetirlo. Si no utilizáramos nuestras experiencias previas no podríamos crecer, no podríamos avanzar, expandir nuestra conciencia y digámoslo así, evolucionar. Así que un sistema vivo tiene memoria de sí mismo porque tiene auto retroalimentación, y esa auto retroalimentación genera un proceso de auto reconocimiento. Y el auto reconocimiento que se da en un plano biológico, en un plano bioquímico (así funcionan nuestras hormonas), también se puede dar después en un plano energético. Nosotros emitimos energía y re capturamos parte de la energía que estamos emitiendo. 

Cuando nosotros sometemos un cultivo celular a un estímulo con un haz luminoso capta la energía de la luz. Vuelve a emitir la energía de la luz y recaptura una parte de esa emisión, y así se auto reconoce. Si un tejido no tuviera esa propiedad se desordenaría y sería, por ejemplo, un tejido canceroso. De hecho en el laboratorio nos encontramos que la célula tumoral ha perdido su memoria de sí misma, es decir, ha perdido su capacidad de auto retroalimentarse, de reordenarse. 

Si ya lo miramos en una perspectiva un poco más global podemos decir que en el curso de la evolución el movimiento externo va generando un movimiento energético interior. Es decir, que los órganos de los sentidos, la percepción del mundo exterior, genera señales que son procesadas en el interior a través de un sistema nervioso primitivo. Y ese sistema nervioso primitivo surge evolutivamente de la necesidad de procesar el movimiento. Por eso las plantas no tienen propiamente un sistema nervioso ni tienen un cerebro. 

Nosotros a nivel del reino animal ya tenemos un sistema nervioso y un cerebro porque evolutivamente estamos, digámoslo así, obligados a procesar el espacio, obligados a procesar el movimiento. Y esa libertad del movimiento ha de incorporarse. Y en última instancia esa incorporación ha generado un cerebro que se centraliza y se interioriza en el sistema nervioso central. Si lo pudiéramos ver de otro modo diríamos que en nuestra parte más interna son las médulas, la médula ósea y esa médula que llamamos el sistema nervioso central, las procesadoras de las funciones más nobles. Por ejemplo en la médula ósea la producción de sangre, de glóbulos rojos, de plaquetas, de glóbulos blancos, que nos permiten la vida y el autorreconocimiento. Y a nivel del sistema nervioso central la magia del pensamiento, que desde esta perspectiva constituye una bella interiorización del movimiento. 

Si pudiéramos verlo de un modo unificado pensaríamos que esto que llamamos el pensamiento es una interiorización del movimiento. Y eso que llamamos el movimiento es una exteriorización del pensamiento, y así vamos generando todo este proceso de unificación para comprender una cosa muy importante.

En el curso de la evolución, a través de ese proceso de interiorización vamos a mirar el movimiento de toda esta inteligencia operativa de la creación, de toda la gran cadena de la vida que llamamos la conciencia. Y vamos a ver cómo tenemos un proceso progresivo de complejificación y de interiorización de la conciencia. Cuando miramos el reino mineral vemos el reino de los reactivos, los que reaccionan, los que son sensibles a estímulos químicos y son sensibles a electrones activados. Digamos que en el reino mineral lo que tenemos es reactividad: esa reactividad es pura química. 

También la podemos explicar desde un punto de vista físico, pero cuando nosotros avanzamos y avanzamos al reino vegetal ya vemos otro tipo de conciencia mucho más sutil, más sensible, más interiorizada, que podemos llamar sensibilidad. Y la encontramos en la sensibilidad a la luz, la sensibilidad al campo electromagnético solar (por ejemplo), el fototropismo también, la sensibilidad a los minerales que están disueltos o que se disuelven en la tierra para ascender como savia, también la sensibilidad a la gravedad, a la interacción entre el cielo y la tierra. 

Una bella sensibilidad que se expresa a través de la armonía, a través del florecer, a través de la belleza y del arte del reino vegetal que embellece la tierra. Digamos que ahí ya nosotros empezamos a entrar en contacto con una conciencia sensible. Conciencia sensible que va ascendiendo cuando encontramos una orquídea, por ejemplo, que se desprende de sus raíces. Ese es un hallazgo maravilloso porque ya ella no está anclada a la tierra, está perdiendo el anclaje, el enraizamiento terrestre y sus raíces se vuelven aéreas. A nivel de las epífitas como las orquídeas, si fuéramos a adelantar millones y millones de años de evolución, uno ve como una orquídea tiene el diseño de las mariposas, de las alas, de los insectos. Imagínense que en millones y millones de años de evolución de pronto esa orquídea se convierte en alas de la libertad, se convierte en una mariposa. Digámoslo también haciendo el símil precioso de lo que es la crisálida: de pronto el gusano que se arrastra por la tierra entra en esa reflexión interior que representa ese periodo del silencio, de muerte aparente, ese proceso profundamente activo del reordenamiento que se da en el seno de la crisálida para que surja esa maravilla casi que impredecible. Que del humilde gusano que se arrastra nosotros podamos tener la belleza de las alas. 

Son metáforas muy bonitas porque realmente es lo que ocurre en torno a los procesos de reflexión. Cuando ascendimos del reino mineral al reino vegetal y nos liberaron de las raíces, surgimos a la magia del movimiento. Esa magia del movimiento representa para nosotros la primera y la mayor de las libertades, es el comienzo de la liberación. Ya somos dueños de un espacio, de un territorio externo, nos movemos en ese territorio. Ese territorio es inicialmente el del agua. Hacemos ese salto, esa metamorfosis increíble desde el agua a la tierra a través de los batracios y vamos ascendiendo. Luego saltamos de la tierra al aire y literalmente volamos. Conquistamos entonces las aletas, conquistamos las patas, conquistamos las alas, ascendemos y henos aquí en este prodigioso proceso de humanización.

 

Dr. Jorge Carvajal

Creador de la Sintergética y de Manos para Sanar

DR. JORGE CARVAJAL

El Dr. Jorge Carvajal es médico cirujano de la Universidad de Antioquia (Colombia). Escritor, docente, investigador, con cuarenta años de práctica clínica dirigidas a la integración de diferentes sistemas médicos. Creador de la Sintergética y Manos para sanar. Es presidente honorífico de la Asociación Internacional de Sintergética (A.I.S.).

SUSCRIBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Estamos decididos a cuidarte. Conoce como mejorar a nivel físico y emocional.

Traducir »