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EL ESPIRITU DE LAS CARAVANAS

 

Caravanas… La magia del verbo, reside en que lo intangible y lo tangible se unen en él, cuando nombra lo que nombra con pureza. Lo intangible será siempre vivencia, subjetividad, misterio. Algunas palabras lo contienen a manos llenas. Cuando decimos “Caravana” lo intangible – la dimensión sumergida -, es como en el iceberg, las 9/10 partes del concepto. Las Caravanas nombran al amor, él es la esencia misma del ser, que es misterio. 

Caravanas son (si empezamos por nombrar la parte visible del iceberg) los viajes en los que médicos, psicólogos, terapeutas y seres humanos de cualquier profesión con vocación de ayudar, recorren desiertos, selvas, pueblos; para encontrar a quienes les esperan reunidos en hospitales, escuelas, asilos, orfanatos o en la misma iglesia del pueblo. De esa unión entre quienes necesitan sanación y quienes vienen a ofrecerla, surge transformación para todos, porque cuando el alma oficia todo se renueva. También son Caravanas esos otros viajes en los que se ven pocos pacientes, pero se sanan lugares claves del cuerpo de la Madre Tierra. 

Hablemos ahora del misterio… Intentemos como quien entra al templo, -con ropas limpias y descalzos -, dar algunos pasos hacia el recuerdo. Y al decir “recuerdo” ya hemos caído en la primera trampa. ¿Como podría ser recuerdo lo que está presente como latido, en este instante? ¿Como podría haber pasado lo que no tiene tiempo? No vamos al recuerdo, ni vamos a Arica. No podemos ir a Tierra Santa, al Huerto de Getsemani, el Mar de Galilea; no es posible regresar al desierto de Lucy, La Libella, Axum o las cataratas del Nilo. No es posible, porque jamás nos fuimos. 

No podemos ir a aquellos que viajaron con nosotros, ni sumergirnos en sus miradas o traer a nosotros sus palabras, ni nuestras vivencias, porque no es posible traer lo que ya está aquí. 

Las Caravanas nombran al amor, no el romántico, el emocional o el filial, sino el amor sin condiciones; el que mana desde lo superior en nosotros, hacia el corazón abierto. El amor que ensancha el corazón abierto, como la lluvia ensancha al río.  

Caravanas… Son esos viajes o peregrinaciones que realizamos juntos a lugares necesarios, respondiendo con cuerpo y alma a una llamada. El alma grupal llama, el alma individual responde, la mente despeja la agenda, el cuerpo hace la maleta y vamos. 

Vamos sin saber si seremos realmente útiles y a la vez renunciando a esos parámetros mentales, retirando la duda como quien se saca un mechón impertinente de delante de los ojos. Vamos sabiendo que cada cosa que ocurra, está acorde al plan del alma, soltamos expectativas. Viajamos con nuestros amigos del alma y con amigos por devenir, a lugares que no conocemos y a sitios que nuestra mente temerá, sabiendo que dejará de temer.  (Recuerdo bien elegir la opción más difícil para mí, en Arica y partir hacia la cárcel de mujeres, llevando conmigo las palabras de Claudio Méndez “el soplo del espíritu hace leve lo más denso” y sonreírle al morro que, desde su altura complacido, nos observaba). 

Nos sumergimos en arterias del planeta que nutren continentes enteros, en lugares de sinapsis de culturas y rincones donde el dolor ha cristalizado, impidiendo a la vida seguir seguir su cauce. No medimos la tarea. No la medimos, porque si lo hiciéramos retrocederíamos como corderos. No la medimos, al igual que una célula no mide el esfuerzo del brazo. Seguramente si el brazo y la célula hablaran, el brazo le diría que no fue esfuerzo, ni fue un movimiento suyo, sintiéndose como se siente conectado al tronco, las piernas y la voluntad. 

Viajamos sabiendo que quien regresará a casa será alguien diferente, casi desconocido y no nos importa quién será, ni las decisiones nuevas que tomará. Será alguien que habrá asistido al milagro de la fuerza del alma grupal; alguien que habrá dado cuanto es y cuanto sabe para aliviar el dolor de muchos; alguien que habrá recibido el mensaje dejado a todos por culturas milenarias; alguien que ha reordenado su estructura por el toque del alma y ha ensanchado el corazón para que le quepa más amor. 

Las Caravanas nombran al amor.
El amor en movimiento es servicio,
el servicio nos libera de la cárcel del yo pequeño,
abre la jaula, da cielo a las alas. 

El espíritu de las Caravanas,
es el Espíritu de la Vida misma,
cuando abierta la jaula, amamos como el alma ama.

 

Autora: Isabella di Carlo

Isabella di Carlo es psicóloga transpersonal, escritora, conferenciante y poetisa. Especialista en Esencias Florales, Homeospagyria (Homeopatía) y AONC (Auto Observación Neutro Consciente – Neurociencias) se dedica a la psicología clínica desde 1992.

Enseña la práctica de la meditación como vía de autorrealización y servicio desde 1994. Realiza talleres prácticos para el entrenamiento en la aceptación, el perdón, la compasión y los demás valores que conducen a alinear la personalidad con el alma. Colabora desde hace 20 años con periódicos,   revistas y webs mediante artículos que promueven el despertar de la consciencia y la cultura de la paz.

Autora de VALORES QUE CURAN: Hacia una Psicología del alma,  La Sal de la Tierra y La Vida Siempre puede más (anahataediciones.com).

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