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Ríos de sustancias químicas que corren por nuestro cerebro, hacen parte de un complejo sistema instintivo que nos permite generar, mantener y defender la vida, así ante su amenaza nos pone en movimiento disponiéndonos al ataque o la huida, de ahí su designación: E-motion en movimiento. Sin embrago, la mayoría de las situaciones a las que nos enfrentamos en el día a día, generan en nosotros sensaciones que, aunque evocan a las primigenias, no responden a un verdadero peligro para nuestra vida y no se disparan de manera automática a no ser que estén ligados a una experiencia traumática, grabada en nuestro inconsciente gracias a una asociación a un estímulo sensorial que ha superado el umbral normal y se traducen en fobias.

Los pensamientos asociados a algunas situaciones y aún a su recuerdo, permiten en nosotros la manifestación de sensaciones corporales de malestar, incomodidad, disconfort que evocan a las emociones básicas, pero que no tienen la característica de ser automáticas e incontrolables, y dependen de nuestras interpretaciones, las cuales responden a nuestros sistemas de creencias, para efectos prácticos las denominaremos aquí “sensamientos”.

Reprimir estos “sensamientos” manteniéndolos por un tiempo sostenido en nuestro pensamiento y en nuestra fisiología sin llegar a expresarlos a través de la palabra o la acción, genera en nosotros enfermedad, por otro lado, expresarlos “abierta y espontáneamente” supone el deterioro de nuestras relaciones.

Como la legendaria Alquimia logró transmutar el plomo sublimándolo hasta convertirlo en oro, a través del amor como el más poderoso transmutador, podemos valorar nuestros “sensamientos” como una herramienta de trabajo interior cuando nos disponemos como aprendices a aceptar que son nuestros, pues se generan únicamente en nosotros, independientemente de qué o quién haya hecho algo ante lo cual afloraran.

Una decisión consciente y amorosa también nos permite asumir los resultados que nuestras acciones, palabras o pensamientos generaron, como lo único que podemos cambiar, en lugar de intentar cambiar a los otros o a lo otro; nos permite así acceder a la responsabilidad como primer portal del contacto con el alma. Cuando asumimos, nos damos cuenta que podemos gestionar en privado nuestro malestar para no ofender al otro, o a todos los que están a nuestro alrededor, y luego, con nuestra mejor disposición y respeto, plantear soluciones, diálogos y acuerdos, y poner límites, en caso de ser necesario, lo cual a veces resulta ser también un acto profundamente amoroso con nosotros mismos.

Cuando modificamos la INTERPRETACIÓN de las situaciones, usando el filtro del AMOR cambian en nosotros las sensaciones fisiológicas que se suscitan. Es así como un sentimiento de comprensión por quien comete un error, logra traer a nosotros sentimientos de paz , compasión y contento, mientras un sentimiento de rabia hacia esa misma persona cuando la culpamos por habernos hecho algo, trae a nosotros sensaciones de angustia, ansiedad, intolerancia, que se extiende a veces por un tiempo mayor a la experiencia y se repite cada vez que la evoquemos , generando en nuestro cuerpo un torrente de sustancias de estrés, que alteran el funcionamiento de nuestro sistema nervioso, endocrino, inmune, circulatorio, convirtiéndose entonces literalmente en “el veneno que nos tomamos para que el otro se muera” comprendemos así, la utilidad del trabajo con las creencias.

El amor, esa esencia interna que somos, esa profunda comprensión de todo y de todos, que se culta tras nuestro ego, requiere nuestra decisión consciente de ser manifestado, de ser expresado, en lo que hacemos, en lo que decimos, y más profundamente en lo que pensamos, esa corriente infinitamente transmutadora nos permite vivir aún las situaciones más adversas aceptando, asumiendo, valorando , respetando ,agradeciendo, soltando el lastre de lo que “deberíamos sentir” para experimentar por decisión y disposición la infinita paz del corazón.

Pilar Salazar Cataño
Médica sintergética

PILAR SALAZAR

Es médica y cirujana, especialista en neuropsicología y psicología clínica, máster en psiconeuroinmunoterapia, docente internacional de Sintergética, Manos para sanar y especialista en Medicina China. Cuenta con más de 15 años de experiencia, clínica y docente.

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