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NO NACEMOS CUANDO NACEMOS. NO MORIMOS CUANDO MORIMOS. ANTES Y DESPUÉS DEL NACIMIENTO Y LA MUERTE, LA VIDA PERMANECE.

 

EL DIÁLOGO DE LA NOCHE INTERNA

¿Cómo es seleccionado uno entre los millones de aventureros del océano interior?

¿Qué sistema de señales ha teleguiado este cometa misterioso del espermatozoide hasta la tierra fecunda del óvulo elegido?

¿Qué patrón de ordenamiento se esconde tras las células para que la morfogénesis ponga cada cosa en su lugar?

¿Qué secreta melodía produce la resonancia que mantiene unidas a billones de células que componen la unicidad del cuerpo?

¿Qué propósito ha logrado silenciar el poderoso sistema inmunitario materno para que la mitad de las células del ser en formación, que contienen el ADN del padre, no sean rechazadas?

¿Cómo los sentimientos, convertidos en señales químicas, cruzan la barrera placentaria para programar los receptores que habrán de determinar la capacidad de adaptación a la vida?

¿De qué modo la música femenina de la voz materna afina las notas de la vida?

¿Cómo la ternura ha revestido de hermosura ese templo de un cuerpo que contiene el plan de lo divino?

¿Cómo en esa tierra materna, en la que ha sido concebido, siembra el hijo la ofrenda de sus propias células?

El viaje de la vida, desde la noche interna hasta el nacimiento, se replicará un día en el sendero de regreso hacia el propio corazón, para nacer de nuevo.

 

EL DIÁLOGO MOLECULAR DE LOS PRIMEROS DÍAS

Como una temprana expresión de la reciprocidad feto-materna, ya en los primeros cinco días de vida, cuando el embrión recorre el sendero de las trompas de Falopio hacia el útero, genera señales moleculares que son respondidas por el cuerpo de la madre, con mensajes químicos que guían su camino y liberan los nutrientes necesarios para su desarrollo. Una vez concluye la anidación a partir del día 16, las células madre de las tres capas embriológicas empiezan a generar los diferentes órganos según coordenadas espacio temporales precisas.

Esto se acompaña de un cambio en el cerebro y el cuerpo de la madre, que prepara toda su biología con esa corriente de inteligencia emocional, inmune y endocrina, que hace del embarazo el proceso de la simbiosis perfecta de la madre con el hijo.

 

¿CÓMO PUEDE ACEPTAR EL SISTEMA INMUNE DE LA MADRE LA MITAD PATERNA DEL HIJO?

El mismo feto induce en la madre esa condición de tolerancia inmunológica que necesita para su supervivencia. Para ello emite una señal que provoca la desactivación de las células inmunes maternas que naturalmente están programadas para rechazar la mitad de las células que contienen el ADN paterno. Es así como se establece una simbiosis, en la que el embrión se convierte en parte del cuerpo de la madre, y al nacer deja células de su nuevo ser que serán siempre reconocidas por el cuerpo de la madre. Esta es la evidencia de una maravillosa comunicación recíproca que no culmina con el nacimiento.

Cuando estudiamos hoy la biología de una comunicación transgeneracional, que no involucra sólo a la transmisión genética, podemos apreciar cómo el comportamiento de los padres se puede transmitir durante varias generaciones. Esto nos lleva a pensar que la comunicación feto-materna es un modo de comunicación particular que está inmerso en el capítulo mayor de la epigenética.

“MUJER, EN UN SILENCIO QUE TE SABRÁ A TERNURA, DURANTE NUEVE LUNAS CRECERÁ TU CINTURA”. PABLO NERUDA

 

EL SABOR DE LA TERNURA

La madre vive la noticia sintiendo una voz interna, que resuena desde el último resquicio de su cuerpo hasta el más sutil de sus pensamientos, ¿acepta?, ¿rechaza?, ¿duda? ¿Qué hay en su corazón desde ese primer momento? ¿Si supiera que su corazón emite en cada latido una onda electromagnética que envía al corazón y al cerebro fetal el mensaje de sus sentimientos de alegría, de rechazo o de dolor, cómo viviría esa experiencia única de la gestación? ¿Si sintiera cómo los armónicos de su voz llevan el programa de su vida a la vida que lleva en sus entrañas, cómo y desde dónde le hablaría? ¿Si conociera que los hijos nunca se van de sus madres, pues dejan en su cuerpo sembradas semillas de sus células, qué les diría hoy? Nunca es tarde para que una madre diga en silencio cuánto ama a sus hijos. Ellos la siguen escuchando desde adentro.

 

EL LENGUAJE DE LA NOCHE INTERNA

Desde la primera de las nueve lunas ya la voz materna nos arrulla.

Sabemos por los avances científicos más recientes que durante su desarrollo intrauterino el feto llora, siente, sueña, recuerda, aprende, enseña. Ama. El feto tiene la capacidad de responder a los estímulos externos como la música, y desarrolla una sutil comunicación con el exquisito mundo interno de la madre. Nada de lo que sucede en el complejo acontecer de las relaciones de su madre es ajeno al feto en desarrollo. Su respiración, la calidad de la alimentación, sus tristezas, su dolor, sus momentos de alegría, las evidencias del amor y hasta la música de su voz quedan programados en el disco duro de su biología, determinando fortalezas y fragilidades futuras en la vida. Ya no podemos explicar esta extraordinaria reciprocidad de su relación solamente por el diálogo bioquímico a través de la placenta.

 

LA VIDA PSÍQUICA INTRAUTERINA

El oído interno, compuesto del vestíbulo y del caracol, es el primer órgano de los sentidos en desarrollarse, y constituye un verdadero ordenador interno, hasta el punto de que para algunos autores, como Alfred Tomatís, la recepción y procesamiento de los sonidos es una parte esencial del desarrollo del lenguaje humano, una clave mayor en la aventura evolutiva de la humanización.

La voz humana es una onda portadora de comportamientos y actitudes. Y la voz materna es grabada desde el comienzo de la vida como una guía que moldea el oído del feto y su capacidad de escucha, determinantes luego del nacimiento de su modo de relación con el mundo.

La calidez y la armonía de la voz materna representan esa corriente de secreta simpatía que ayuda al niño a entrar en contacto con la vida. Esta voz filtrada internamente a través del líquido amniótico, contiene frecuencias alrededor de los 8000 hercios, un rango de frecuencias en las que Tomatís ubica lo que el mismo denomina “el sonido del silencio”.

Hoy sabemos que el ordenador acústico no es un mecanismo pasivo para oír y que la función de la escucha implica la resonancia armónica de múltiples niveles del cerebro, con la postura, el movimiento y la fisiología del cuerpo. Las fibras nerviosas que llevan la respuesta que el cerebro reproduce ante el estímulo sonoro, superan en una proporción de 10 a 1 las fibras que llevan estos estímulos al sistema nervioso central. Esto implica, ni más ni menos, que el cerebro decide lo que escucha. Recordemos el refrán: no hay peor sordo que el que no quiere oír. Como dice Tomatís: “Captamos el sonido que queremos”. El cerebro programa la función, cierra, abre o corta los receptores según su necesidad. Esto es necesario para eliminar el ruido constante que no tiene un valor de comunicación, como ocurre con el de nuestros propios procesos fisiológicos. Así, el cerebro fetal puede anular la escucha del ruido permanente de los sonidos graves que priman en su entorno materno y seleccionar los sonidos agudos que caracterizan las frecuencias de la voz de la madre, transmitidas a lo largo de la columna vertebral materna y filtradas por el océano interior del líquido amniótico que le rodea.

HUELLAS DE LA GESTACIÓN

La impresión de información en un momento crítico del período embrionario actúa como un programa inscrito en el disco duro de los nuevos organismos. En 1929, el Dr. V.E. Negus en The mecanisms of the Larinx citado por Alfred Tomatís, relata que si varias hembras de una especie de pájaros no cantores incuban huevos de pájaros cantores, los recién nacidos tienen muchas posibilidades de seguir siendo mudos. Y relata otro fenómeno aún más conmovedor: cuando una madre de pájaros cantores incuba huevos de otra especie de pájaros cantores, es probable que los pajarillos se equivoquen de canto y adopten el de su madre incubadora.

Recordemos cómo el profesor Konrad Lorenz demuestra la huella programada por la voz sobre un ser en formación. Es clásica su descripción de los patitos que rompen la fila india que forman detrás de su madre para seguir la voz que se había dirigido hacia ellos cuando aún estaban en el huevo.

Tomatís describe en otras experiencias, que dan mucho a pensar, los fenómenos que podrían aplicarse al diálogo de la madre con el recién nacido. Este investigador graba los sonidos de las cerdas que acaban de parir y luego de mezclar en un solo recinto las distintas camadas de cerditos, les pasa una a una la grabación obtenida de sus madres. Los cerditos no se equivocaban, sólo se dirigían al altavoz cuando su emisión correspondía al so- nido de su respectiva madre. Con los cabritos obtuvo resultados similares.

Somos personas antes de ver la luz. Nuestra historia personal no empieza en el nacimiento. En la noche interna del cosmos uterino estamos rodeados por un ambiente energético, emocional y espiritual. Durante la gestación se van grabando programas que luego se harán evidentes durante el ciclo de la vida. Todo en la madre se prepara para la inmersión psicofisiológica en un ambiente de amor y de confianza. Desde los primeros instantes de la gestación su cerebro escucha y responde al nuevo ser, una nueva plasticidad neuronal genera conexiones para que los circuitos de recompensa se activen y los de inhibición se frenen.

Disminuyen las hormonas del estrés, baja el cortisol, aumenta la progesterona y la oxitocina que preparan el ambiente único de la maternidad. Antes de saberlo por la ciencia, yo ya lo sabía por Margarita, mi mujer. Nunca fue tan sana y feliz como en sus cuatro embarazos. Cuando hoy percibo cómo goza con nuestros hijos y nietos, comprendo que la huella del amor quedó grabada tanto en ella como en ellos.

Ahora todos, médicos y legos, comprendemos la importancia de una nutrición física, emocional y espiritual adecuadas durante el embarazo; la necesidad de eludir las toxinas de las drogas, el licor, el cigarrillo, la amargura, la depresión. La importancia de evitar la exposición a la energía radiactiva del sentimiento de abandono o el radón. La prioridad que es abstenerse de entrar en contacto con la peste del desamor, de los pesticidas o de la radiación electromagné- tica excesiva. La prioridad que es hacer sentirse a la mujer acompañada y querida durante esa época crítica en la que se juega el futuro de los hijos. El provenir de nuestra humanidad. Sabemos que cuando la mujer se siente querida por su marido o por su familia, entre otras cosas, disminuye efectivamente el riesgo de complicaciones obstétricas. Un embarazo feliz es el primer paso en firme hacia el provenir.

 

EL DOLOR Y EL AMOR DEL NACIMIENTO

El nacimiento revela cómo el silencio de la crisálida ha incubado la magia de las alas.

En un documental sencillo sobre los camellos hay una lección preciosa sobre la música y el cerebro emocional de los mamíferos. Mamá camello rechaza a su cría si ha sido producto de un parto desgarrador, un dolor tan intenso que puede dar al traste con esa fuerza poderosa del instinto materno. Estos camellitos producto de partos catastróficos para sus madres estarían todos condenados a la muerte, pero los campesinos en Mongolia han heredado una hermosa tradición. Cierta música de esos violines extraños hechos con cuerda de crines de caballo, hace que la mamá camello empiece a llorar y, en un resurgir del manantial de la ternura, acoge de nuevo a su cría, la lame cariñosamente y la amamanta. El parto sónico propuesto por Tomatís permite regresar en un programa progresivo para restaurar el lenguaje primitivo de la comunicación feto-materna. Para ello, utiliza la voz de la mamá filtrada a través del agua, tal como sería escuchada en el útero. En algunas ocasiones los resultados son extraordinarios.

 

LA VOZ DEL CORAZÓN

A las tres semanas de la gestación sucede un evento crucial: el corazón late por primera vez en el embrión y aparece el misterio de la ritmicidad cíclica autogenerada que simboliza la vida misma, y que un día permitirá al nuevo ser la danza de la vida sin la guía de los ritmos de la madre.

El feto escucha la música del corazón de la madre y lo podrá reconocer. Hay un bello video que no sé qué tan cierto sea, pero en todo caso es conmovedor en la verdad de fondo que nos trae. Es el niño de una madre que murió en el parto. Unas semanas después llora sin consuelo. Abuelas, tíos, familiares, tratan de calmarlo, pero todos fracasan en el intento hasta que un hombre lo recibe en sus brazos y de inmediato se apacigua y sonríe. ¿Qué misteriosa fuerza lo serena? Es el corazón de la madre, la donante del corazón que ahora late en este hombre que ha sido el receptor.

 

LOS HIJOS NO SE SEPARAN NUNCA DE SUS MADRES

Los hijos que han sido nutridos durante toda la gestación por la vida de sus madres les dejan el legado de sus propias células, que quedarán vivas en los órganos maternos por el resto de sus vidas.

A partir de la cuarta semana de gestación ya hay un traspaso de células fetales a la madre, que convivirán por el resto de la vida con los reservorios celulares, órganos y tejidos maternos. Se ha encontrado que en los órganos de la madre como el pulmón, la piel, los riñones, la suprarrenal y la tiroides se encuentran células del bebé. Estas células también se guardan en la medula ósea que es como un banco de reserva de células progenitoras. Las células fetales descubiertas en la madre son llamadas progenitores celulares asociados al embarazo que, debido a su origen fetal, tienen una gran capacidad regenerativa, por lo que pueden colaborar con las células adultas de la madre en sus funciones regeneradoras.

Si consideramos la importancia de la mitocondria en la generación de la energía celular y el hecho de que el ADN mitocondrial es de origen materno, comprendemos aún más el hecho biológico real de una comunicación que se prolonga desde la profundidad de la noche uterina hasta el final de nuestros días.

“¿QUÉ VA A HACER ESE PEQUEÑO SER A QUIEN NO QUIEREN TRANSFORMAR EN RECIÉN NACIDO Y A QUIEN SU MADRE NO DESEA DAR LA SEÑAL DE PARTIDA? SI PUDIERA DECIR: ¿ME QUEDO? ¿SALGO? Y LA DUDA LO EMBARGARA, PODRÍAMOS PENSAR QUE ESA DUDA EXISTENCIAL PUEDE SER UNA HUELLA QUE LO ACOMPAÑE POR EL RESTO DE SU VIDA”. ALFRED TOMATÍS

 

Dr. JORGE CARVAJAL POSADA

Artículo publicado en la Revista Vivo Sano N° 21

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