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COVID: ESTRATEGIAS PARA SU PREVENCIÓN Y MANEJO: ELEVANDO LA ENERGÍA DEL SISTEMA INMUNE

 

Juan José Lopera (JJL): En las personas que tienen la fortuna de tener una enfermedad asintomática o leve la infección por Covid parece una gripe. Yo tuve Covid, y a mí no me dio muy fuerte, pero estuve tres días con un dolor de cabeza tremendo y sensación de dolores en todo el cuerpo (algunos articulares) y tos. Luego me empecé a recuperar. A mí me han dado gripes fuertes en mi vida, pero con el Covid yo sentí algo que jamás había sentido. Era como si estuviera interiormente desencajado. Era una sensación como de zozobra dolorosa en todo el cuerpo. Y eso yo siento que es la base de la patogenicidad del virus. 

 

El órgano de choque principal de la cascada de la inflamación que provoca el virus es el pulmón, que genera infecciones sobreagregadas. Con ello baja abruptamente la oxigenación, y por ahí puede existir un gran riesgo para la vida que se debe de atender de manera urgente. 

 

Jorge Carvajal (JC): Yo quisiera ampliarlo, contextualizarlo. Primero, esto es efecto invernadero. El efecto invernadero ha matado y va a matar mucho más gente que todas las pandemias y que este virus indudablemente. Segundo, el efecto invernadero no es un efecto externo, es un efecto interno también, es un efecto de recalentamiento global, de recalentamiento a nivel social a lo que estamos asistiendo, de recalentamiento a nivel metabólico por la forma como manejamos nuestra alimentación, nuestro régimen de ejercicios, nuestra falta de pausa, nuestro nivel de estrés. Recalentamiento en torno a niveles insostenibles de estrés que está afectando nuestra inmunidad y está contribuyendo a mantener una inflamación latente. La gente cree que la inflamación es un asunto de un agente externo infeccioso. ¡No! 

 

El principal agente pro inflamatorio es el estrés y mantiene un incendio de bajo grado 

 

Es decir, mantiene pequeñas llamas encendidas que están generando oxidación y resequedad.

 

¿Qué quiere decir? El virus es un gran agente oxidante y el virus se encuentra con un territorio que ya está oxidado. El virus, digámoslo así (a mí me gusta mucho ese símil), el virus es un pirómano, pero un pirómano que llega a un bosque húmedo tropical no puede hacer nada. Pero si un pirómano llega en medio del verano y de la sequía… podemos mandar policías a coger el pirómano, que es lo que hacemos cuando tratamos de defendernos del virus, y a veces ya no hay nada que hacer porque las llamas se han desbordado. Comparémoslo en la tierra de la vida, porque ya hay un desorden sistémico y a veces no hay cómo pararlo. Y entonces llega todo el incendio de interleuquinas. Así que nosotros tenemos un terreno abonado y ese terreno abonado no solo lo tenemos en el ser humano sino lo tenemos en la tierra con la deforestación, con la eliminación de los nichos de los animales salvajes. Entonces los hemos aproximado al ser humano y hemos facilitado que el virus salte. Pero no sólo es que el virus salte, sino que encuentra también en nosotros un terreno recalentado y desertificado.

 

Pero no sólo eso, sino que a nivel social encontramos el efecto invernadero del recalentamiento social por las injusticias crónicamente sostenidas. Y entonces, ¿qué es lo que ocurre? Que al efecto del virus y su transmisibilidad agregamos el efecto de la gente desesperada, de la gente que no tiene porvenir, que no tiene horizonte, de la gente que tampoco tiene presente, que no tiene raíces, que no tiene sentido de pertenencia, que se siente sin oportunidad. Todo esto se combina, desde la ecología, desde el efecto invernadero, desde los trastornos económicos al recalentamiento global y el recalentamiento global en última instancia al estrés que es pro inflamatorio y desde el estrés internamente a algo bien importante que es el síndrome metabólico. Que allí donde hay síndrome metabólico, es decir, allí donde hay hipertensión, donde hay obesidad, donde hay diabetes, el virus es mucho más letal, hay muchísima más morbilidad, hay más riesgo. 

 

Esto no sólo es un asunto de edad sino que es un asunto del terreno previo, y ese terreno corresponde también a nuestro potencial inmune. 

 

Cuando tenemos una buena reserva energética el sistema inmune, que es un gran consumidor de energía en condiciones de estrés, se va a poder defender. Pero cuando estamos sin reserva de energía se afecta a la densidad de electrones.

 

Cuando nosotros estamos estresados perdemos electrones. Cuando nos alimentamos mal, perdemos electrones. Estamos inflamados, y la inflamación es un proceso de oxidación y de pérdida de electrones. Viene el virus, y el virus como agente oxidante es un gran secuestrador de electrones. Entonces en última instancia este es un efecto de acidificación, de oxidación, de esclerosis, de recalentamiento que se está dando en un plano global cuando así lo contextualizamos. Entonces nos preguntamos… ¿y qué vamos a hacer para reducirnos, para ganar electrones de nuevo, para prevenir? Porque ya vemos que curar es muy costoso.

 

Se calcula que afrontar una pandemia es miles de veces más costoso que prevenirla

 

Prevenirla cuesta, pero en este momento todos los científicos saben que esta no es la última pandemia y que estamos en condiciones, con los aprendizajes de la actual, de prevenir la próxima. Y los científicos prevén que en los próximos 20 años si seguimos como vamos va a haber una pandemia muy letal a causa de bacterias resistentes a los antibióticos. 

 

La resistencia a los antibióticos no es en ti Juan José, no es en mí, no es en la humanidad. Si nosotros nos vamos al océano hay bacterias resistentes a los antibióticos. Hay bacterias resistentes a los antibióticos en los ríos y en el agua dulce. ¿De dónde viene la resistencia a los antibióticos? Nosotros utilizamos los antibióticos en la alimentación animal, y luego nos comemos esos alimentos de animales que fueron levantados a base de antibióticos y antimicóticos, entre otras cosas. 

 

Entonces, ¿Qué estamos haciendo con la cadena de la vida? ¿Qué estamos haciendo con la naturaleza? ¿Qué estamos haciendo para prevenir la próxima pandemia? ¿Qué estamos haciendo en caso de que esta pandemia o la próxima pandemia llegue a nosotros, que ya está encima de nosotros, para mantener un medio ambiente interno alcalinizado sin esa oxidación, sin el temor, sin el estrés para afrontar con madurez y conciencia la pandemia y prevenir la infección en los otros, en nosotros, en nuestra familia, en nuestro entorno? Esa es una pregunta muy importante que debiéramos empezar a abordar.

 

Dr. Jorge Carvajal (médico, creador de la Sintergética y de Manos para Sanar) y 

Dr. Juan José Lopera (médico, presidente de la Asociación Internacional de Sintergética)

 

El Dr. Jorge Carvajal es médico cirujano de la Universidad de Antioquia (Colombia). Escritor, docente, investigador, con cuarenta años de práctica clínica dirigidas a la integración de diferentes sistemas médicos. Creador de la Sintergética y Manos para sanar. Es presidente honorífico de la Asociación Internacional de Sintergética (A.I.S.).

El Dr. Juan José Lopera es médico formado en Neurociencias del comportamiento, Sintergética y medicinas alternativas, y diplomado en Gestión Clínica y Organizacional del Estrés por el Instituto Heartmath. Es Presidente de la Asociación Internacional de Sintergética, máster en Programación Neurolingüística (PNL), Coaching de vida, ejecutivo y emocional, así como en Coaching Sistémico y Ontológico.

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