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Efectos sobre la celularidad tumoral

 

Nuestros mecanismos de defensa se encargan de vigilar que ese cáncer latente que existe dentro de cada uno de nosotros no progrese. La evidencia muestra que las propiedades preventivas y terapéuticas de los alicamentos (alimentos medicamentos) son capaces de incidir en el proceso oncogénico. Disminuyen la división de las células tumorales, aumentan su muerte programada, movilizan el sistema inmune y disminuyen la inflamación y las estructuras vasculares que alimentan el tumor. Los alimentos que tienen la capacidad de producir esos efectos son conocidos como nutracéuticos y actúan en el organismo como auténticas medicinas. Esto es, una dieta antiproliferativa, antinflamatoria, antioxidante, inmunoestimulante y antiangiogénica. La mayoría de los vegetales que componen la dieta occidental, como patatas, lechuga, tomate y zanahoria, tienen escaso poder anticáncer. Las verduras de hojas verde oscuro, crucíferas y ajo, que apenas constituyen un 1% del consumo vegetal en nuestra dieta, son anticancerígenas

Los tumores no están constituidos únicamente por células tumorales. Su nutrición, eliminación de residuos, inervación, soporte y factores de crecimiento, le vienen dados por células que en sentido estricto no son tumorales, pero sin las cuales el tumor no podría existir. Son las células del huésped que conforman el llamado microambiente tumoral, que incluyen desde fibroblastos de soporte hasta estructuras vasculares y células del sistema inmune, encargadas de luchar contra el tumor (o hacerlo crecer!). Por tanto, los efectos anticáncer que es posible buscar a través de la dieta pueden ser divididos en dos grandes apartados, según la intención sea actuar directamente sobre las células tumorales propiamente dichas, o bien sobre el microambiente tumoral.

Principales efectos de la dieta anticáncer
Sobre la celularidad tumoral Sobre el microambiente tumoral

Dieta anticáncer (antiproliferación)

Dieta alcalinizante

Disminución del índice glucémico

Dieta antinflamatoria

Dieta antioxidante

Dieta proapoptótica

Nutrigenómica

Dieta alcalinizante

Dieta antinflamatoria

Dieta antiangiogénica

Matriz extracelular

Omega 3

Inmunonutrición

Dieta probiótica

Dieta de desintoxicación

– Nutrigenómica

Los primeros estudios que relacionan la alimentación con los tumores datan de la década de los 40 del siglo pasado. En ellos se relacionaron los efectos de una dieta rica en grasas con el crecimiento tumoral. Como el proceso de desarrollo tumoral es muy largo, cualquier efecto que tienda a nivelar a nivel bioquímico el equilibrio celular desempeña un importante papel, como ocurre con los agentes bioactivos de la dieta. Estos compuestos tienen la capacidad de incidir sobre la expresión génica de la célula, afectando sus funciones metabólicas. Numerosos alimentos muestran capacidad para reparar y mantener el contenido genético celular y por el contrario, su carencia conduce a la aparición de daño sobre el genoma. Algunos carcinógenos proceden de la cocción, preparación a la brasa o la manipulación industrial alimentaria, como nitrosaminas, hidrocarburos policíclicos, benzopirenos y colorantes, estabilizantes, conservantes, saborizantes y otros aditivos, así como toxinas de origen natural, como las aflotoxinas.

La intervención en la dieta basada en estos conocimientos es la genómica nutricional o nutrigenómica, con el fin de prevenir o tratar determinada enfermedad. El estudio de las enfermedades relacionadas con la dieta se conoce como nutrigenética y los cambios en el ADN inducidos por esta vía como epigenómica nutricional. Los estudios procedentes de este campo muestran como una alimentación rica en vegetales, frutas y cereales, con cantidades moderadas de proteína animal, producen la mayor protección sobre el riesgo de desarrollar diferentes enfermedades, incluyendo el cáncer. Las fibras alimentarias, el ácido ascórbico, los folatos, los fenoles y los indoles, flavonoides y compuestos sulfurados son las moléculas capaces de producir esos cambios genómicos.

– Dieta anticáncer (antiproliferación)

El riesgo de cáncer de mama y de colon se reduce a la mitad limitando el consumo de carne roja. Si disminuimos el consumo de azúcar y harina refinados, que estimulan la inflamación y el crecimiento celular a través de la insulina y factores relacionados (IGF), reduciendo el consumo de ácidos grasos omega 6, grasas trans y grasas animales y disminuyendo la exposición a sustancias contaminantes, ya habremos dado un gran paso en la dirección correcta. La composición del plato estándar de la dieta anticáncer contiene muchas frutas, verduras y legumbres, con aceite de oliva, ajo, hierbas y especias, dejando los productos lácteos, la carne y los huevos como opcionales y nunca el ingrediente principal.

Las verduras crucíferas, la col y sus variedades, de Bruselas, repollo, coliflor, brécol, etc., contienen sulforafano e indocarbinoles, moléculas anticáncer que impiden el desarrollo de células tumorales. Las verduras y frutas ricas en carotenoides como zanahorias, batata, calabaza, tomate, caqui, albaricoques, remolachas y frutas de colores contienen mucha vitamina A y licopeno, inhibidores del crecimiento celular tumoral. En la soja, las isoflavonas (genisteína y daidzeina entre otras), bloquean la estimulación de las células cancerosas por hormonas como estrógenos y testosterona. Es preferible tomarla en forma natural mejor que en suplementos. Existen una gran variedad de derivados como el tofu, tempeh, miso, brotes de soja y germinados. La kalanchoe es un conjunto de plantas con un potente efecto antitumoral y antiinflamatorio. Además de flavonoides y ácidos grasos contienen triterpenoides, compuestos orgánicos similares a las secreciones venenosas del sapo que tienen la capacidad de detener la proliferación celular tumoral y su propagación.

La unión de té verde, la genisteína de la soja y la cúrcuma, forman una combinación especialmente interesante al sumar efectos sobre diferentes mecanismos.

– Dieta Alcalinizante

Los pacientes con cáncer tienen de forma generalizada un ambiente ácido en todo el cuerpo. Un premio Nobel, el Dr. Otto Warburg, descubrió que las células tumorales tienen ventaja para crecer en condiciones de bajo consumo de oxígeno, que es lo que ocurre en condiciones de acidez. En alcalinidad, la disposición de oxígeno es mayor y las células cancerosas muestran dificultades para sobrevivir. Las recomendaciones para alcalinizar la dieta pueden proceder tanto de la ingesta de líquidos como de la alimentación. Se recomienda una proporción de no más del 20% de alimentos acidificantes y el 80% restante alcalinizantes. La dieta alcalina es aquella que incluye un contenido más bajo en proteínas, grasas, lácteos y azúcares refinados y evita el efecto acidificante del alcohol, el café y el tabaco, y se fundamenta principalmente en frutas y verduras. El agua con limón, a la que se puede añadir un poquito de bicarbonato en algunas circunstancias (grado de acidificación, estrés, tratamiento quimioterápico, detoxificación, etc.); el agua de mar; la combinación de kuzú y omeboshi, son formas rápidas y eficaces de alcalinizar el organismo. Alimentos acidificantes son aquellos con más proteínas, ya procedan de carnes, huevos, pescado o lácteos, así como harinas refinadas, pastas y arroz blanco, entre otros. Una dieta alcalina incluirá abundante uva fresca, almendras, dátiles, remolacha, zanahoria, apio, melón, pomelo, repollo, tomate, limón y manzana.

-Disminución del índice glucémico

En todos los tumores resulta de especial interés adoptar medidas para disminuir el índice glucémico. Este índice traduce la capacidad de los alimentos de incrementar los niveles de azúcar en sangre (glucemia), tanto en velocidad como en magnitud. Los alimentos con mayor índice y carga glucémica, como el pan o las patatas, producen altos niveles de insulina-IGF. El cáncer se alimenta de azúcar y las células tumorales usan la glucosa como carburante a través de una vía metabólica diferente a las células normales. Ese fenómeno se aprovecha cuando se hace un estudio de tomografía por emisión de positrones (PET) para detectar un tumor, usando glucosa radiactiva que es captada y resalta las células del tumor hasta 25 veces por encima de las sanas. Además de producir acidez los azúcares aumentan el grado de inflamación y contribuyen a la angiogénesis tumoral y a las metástasis.

Se sabe que la restricción calórica y las medidas para combatir la diabetes se acompañan de una disminución del índice de cáncer. Por ello, las recomendaciones saludables de este apartado serán disminuir el consumo de azúcares, consumir pan de multicereales en lugar de pan blanco, sustituir el arroz blanco por arroz integral y considerar verduras y legumbres como base de la dieta anticáncer. Recordar además que el ajo y la cebolla reducen los picos de insulina.

-Dieta antinflamatoria

Es necesario destacar la importancia de una dieta antinflamatoria en la prevención y el tratamiento del cáncer. Si buscáramos una manera de producir inflamación en el organismo y propiciar la aparición de cáncer, no encontraríamos otra forma mejor de hacerlo que la dieta occidental, rica en azúcares y harinas refinadas, productos lácteos y grasas saturadas. Numerosas enfermedades, algunas tan banales como el acné, ponen de manifiesto la relación evidente entre la dieta occidental y la inflamación. Presente en el 90% de adolescentes del mundo occidental, el acné es desconocido entre grupos tribales cuya dieta no incluye azúcar ni harina blanca. El efecto proinflamatorio de azúcares, harinas refinadas y arroz blanco a través de su rápido efecto sobre la insulina-IGF, deben ser sustituidos por otros alimentos con efecto antinflamatorio. Además será preciso equilibrar el consumo de ácidos grasos omega 3/6, aceites vegetales, grasas trans y grasas animales y disminuyendo la ingesta de sustancias tóxicas y contaminantes. En la actualidad, después del tabaco, la obesidad es el segundo factor de riesgo de padecer cáncer. Obesidad y cáncer comparten un mismo origen, que es su mecanismo inflamatorio.

Las células tumorales aprovechan el ambiente generado por las células de la inflamación para sostener su crecimiento. Las sustancias químicas inflamatorias son capaces de impedir el proceso natural de muerte celular programada (apoptosis) y de alterar la respuesta eficaz de defensa del sistema inmune. Un poderoso factor proinflamatorio llamado Nf-kB, está presente en la mayoría de los tumores y cuando se inhibe su producción es corriente que las células tumorales se vuelvan mortales de nuevo. La mayoría de agentes anticancerígenos son inhibidores del Nf-kB. También son capaces de bloquear su acción proinflamatoria las catequinas del té verde y el resveratrol del vino tinto, pero sobre todo la cúrcuma, de la que hablaremos después.

Una dieta mediterránea, donde abunde el ajo, la cebolla y el puerro, el perejil y el apio, los cítricos y el romero producirán un efecto antiinflamatorio natural gracias a sus compuestos de azufre, que actúan como antibacterianos, proapoptóticos y regulan los niveles de azúcar en sangre.

Conviene limitar (o eliminar!) la leche de vaca, que estimula el crecimiento de células grasas y la inflamación, es acidificante y contribuye por todas esas vías al desarrollo de tumores. Algunas algas y muy en especial el jengibre y la cúrcuma, poseen un efecto directo antitumoral inhibiendo el NF-kB. El chocolate negro es un potente antiinflamatorio.

La cúrcuma es el antiinflamatorio natural más potente identificado hasta la fecha. Posee acciones proapoptótica y antiangiogénica y potencia el efecto de la quimioterapia. Mezclada con pimienta negra aumenta hasta 2000 veces su absorción, también se puede disolver en aceite de oliva. Como agente de quimioprevención actúa en cáncer de piel, oral e intestinal, a través de la inhibición de los niveles de proteína NF-kB, entre otros. Su efecto de bloqueo de la migración celular y la invasión le acredita como un agente preventivo de metástasis.

Finalmente los ácidos grasos omega 3 están presentes en pescados grasos y reducen la inflamación y el crecimiento de numerosos tumores y sus metástasis. Es preferible obtenerlo de peces de menor tamaño, como anchoas, caballa o sardinas, ya que muestran menor toxicidad para elementos pesados como plomo y mercurio que se encuentran en el tejido adiposo de los peces de mayor tamaño. El pescado congelado pierde el omega 3. Fuentes vegetales de omega 3 son las nueces y las semillas de lino.

-Dieta antioxidante

Los compuestos antioxidantes son objeto de gran debate en el estudio y prevención del cáncer. Ello se debe a su facultad de neutralizar compuestos químicos altamente reactivos llamados radicales libres, que se originan cuando las moléculas se oxidan, y que pueden dañar diversos componentes de la célula incluyendo su material genético. El organismo puede producir una cantidad moderada de antioxidantes, pero es preciso un aporte externo para neutralizar todos los radicales libres derivados del metabolismo. Frutas, verduras y cereales aportan betacarotenos, licopenos y vitaminas A, C y E, con especial poder antioxidante. La adecuación del aporte en forma de complementos está, hoy por hoy, sin resolver, ya que existen estudios clínicos con conclusiones divergentes y aunque su efectividad ha sido probada en condiciones experimentales de laboratorio con animales, hasta ahora no existen estudios en humanos que hayan ofrecido unos resultados concluyentes.

Mientras que el té negro sufre un proceso de fermentación que destruye buena parte de sus compuestos, el té verde tiene una gran cantidad de polifenoles, entre otros catequinas, antiangiogénicas, antioxidante y desintoxicante (activación enzimática hepática para la eliminación de toxinas), proapóptotica y potenciadora de la radioterapia.

Los frutos rojos como fresas, frambuesas, arándanos, moras, granadas, etc, tienen ácido elágico y polifenoles, desintoxicantes y antiangiogénicos. Sus antocianidinas poseen efecto proapoptótico.

El chocolate negro, con un 60-70% cacao es antioxidante gracias a sus niveles de proantocianidinas y polifenoles. Frenan el crecimiento celular tumoral y son antiangiogénicos.

-Dieta proapoptótica

Apoptosis es la palabra técnica que define un tipo de muerte desencadenada por señales celulares determinadas genéticamente. Más de 200 de esos genes responden a la llamada de la vitamina D, que afecta numerosos procesos fisiológicos incluyendo la proliferación celular, la diferenciación, la apoptosis, la inflamación y la inmunomodulación. La vitamina D3 tiene una importante acción proapoptótica, incidiendo directamente sobre las células tumorales y favoreciendo su eliminación. Y bajos niveles de vitamina D se relacionan con la aparición de diferentes tumores, entre los que cabe destacar el cáncer de colon, que disminuye en un 50% en las personas con ciertos niveles de esta vitamina. Encontramos Vitamina D en el aceite de hígado de bacalao, salmón, caballa, sardinas y anguilas. Pero sobre todo la vitamina D se sintetiza en la piel tras la exposición solar y en el riñón. Otros fitoquímicos capaces de incidir sobre la proliferación tumoral y la apoptosis son los isotiocianatos de las crucíferas, el resveratrol de las uvas y especialmente la cúrcuma. Hierbas como el romero, tomillo, orégano, albahaca, hierbabuena, son ricas en terpenos y muestran un efecto proapoptótico. El carnosol del romero es antioxidante y antinflamatorio. La apigenina (perejil y apio) es un antiinflamatorio que promueve la apoptosis y bloque la angiogénesis.

La combinación de magnesio (espinacas, frutos secos, cereales integrales), vitamina C (cítricos y verduras), vitamina A (fruta y verdura de colores intensos, huevos) y selenio, consigue disminuir la probabilidad de tumor experimental en un 90%.

Dr. Tomás Alvaro Naranjo

El artículo ha sido publicado en https://arjunatortosa.es.

Licenciado en Medicina y Cirugía y doctor en Anatomía Patológica, especialista en el estudio del sistema inmune y sus tumores.
Inmunopatólogo, especializado en Medicina Sintergética y estudioso del campo de la Medicina bioenergética y vibracional.
Licenciado en Psicología Clínica, e interesado en el mundo de la Psicología y la Psicoterapia Transpersonal.
Director del Centro de Medicina Integrativa Arjuna Tortosa.

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