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«Nunca estaremos listos para servir» escribió una vez Juán José Lopera, líder de la caravana Arhuaca desde el año 2016. Efectivamente, no me siento lista ¡pero sí dispuesta!

Mi primera caravana de sanación transcurrió en Argentina, no entendía nada pero mi corazón saltaba de alegría al sentirme parte de un movimiento grupal de siembra de sonrisas y esperanza. Sin conocer a nadie, me sentí en familia. Luego vino la invitación a la caravana de Nabusímake, capital del pueblo Arhuaco donde, a pesar de mis temores e inseguridades, la vida me dijo «es tu momento de compartir y poner en movimiento el amor que cada día recibes ». Así empezó esta aventura para mi.

Una carretera sinuosa, natural, ajena a la linealidad del pensamiento occidental, te prepara desde la llegada para la experiencia venidera, en la que si te resistes, te agotas. Aquel que visita la Sierra debe ir 4 veces, para ser reconocido, para relacionarse, para confrontarse y para ser parte. Cada visita es mágica y única. La quinta, por diferentes azares, fue realizada sólo por mujeres entre los 19 y los 72 años. Un grupo armónico y alegre de múltiples saberes, que aprendió a alinearse cada día moviendo las caderas, el Alma y el corazón. Iniciamos 13, luego una tuvo que partir, no sin antes ser la luz que nos guió al lugar donde realizaríamos nuestra amorosa siembra de luz con una antena de armonización.

Cada día en la sierra se inicia con una reflexión, un propósito que guía nuestras actividades, y con el que la Sierra se alinea y responde para entregarnos un mensaje, un aprendizaje.

7 días de servicio, 7 chakras, 7 meditaciones y 7 guías inspiradas por las experiencias previas junto a la comunidad. Juntas invitamos a jugar a nuestra niña interior por un recorrido amoroso de autoreconocimiento, de transformación y transmutación, de gratitud por el camino recorrido y el aprendizaje venidero. Construimos vínculos en el servicio, y cosechamos sonrisas de gratitud, de amistad y de alegría.

Organizadas en 4 grupos de atención, cada una fue líder, aprendiz y maestra. Fuimos todas testigos del expandir de nuestras alas y de la fuerza creativa de nuestras voces, dando la nota  original a cada una. 

La comunidad, siempre amorosa nos acoge con la tradición de la «macuruma», el compartir de aquello que se tiene; frutas, tejidos, sonrisas, abrazos.

En cada encuentro se reafirma el vinculo que nos une mas allá de la lengua o la vestimenta, y nos acompañamos en nuestros temores y tristezas, en nuestras inseguridades y tambien en nuestras ilusiones y alegrías.

La Sierra nos tenía hermosas sorpresas. Un nuevo hospital fue inaugurado con una apariencia externa que corresponde a las normas occidentales de atención. Sin embargo, en su interior el médico cirujano Ahuaco, vestido según su tradición, es la representación de lo mejor de dos filosofías y culturas desarrolladas con el propósito común de servir a la Comunidad. Conocer y compartir con el Dr. Zarán ha sido una de mis mayores alegrías. 

Me recibió respetuosa y calidamente y, luego de un momento de reflexión, me invitó a conversar en el lugar que consideró mas apropiado: el hospital ancestral. Junto a la recientemente inaugurada estructura de blancos ladrillos, se encuentran  2 casas ancestrales junto a una huerta en construcción. En ella se cultivan las plantas medicinales de la Sierra. Una de las casas funciona como laboratorio, y la otra es la despensa medicinal donde el médico ancestral ofrece sus servicios. 

Una vez a la semana, Zarán y Jóse de Jesús realizan consulta médica conjunta.

Y yo estoy allí, sentada con los dos, siendo testigo de la materialización de un sueño:la complementariedad de las medicinas tradicionales, la medicina moderna y la medicina de síntesis, la conciencia. Compartimos impresiones y proyectos, hablamos un idioma común: el servicio desde el amor.

En la huerta nos enseñan de sus saberes, nos dan la información necesaria para continuar el trabajo del grupo de semillas, que nació de Caravanas anteriores.

Atendimos 264 pacientes en su gran mayoría mujeres entre los 20 y 59 años, y niños menores de 10 años. Realizamos consulta domiciliaria a pacientes adultos mayores y pacientes diabéticos e hipertensos en compañía de la bacterióloga del hospital y la guía de los niños de la comunidad. Los más frecuentes motivos de consulta han sido síntomas gastrointestinales y respiratorios, lumbalgia y cefalea.

Entregamos mantas a los bebés, telas de algodón para confeccionar trajes tradicionales, alimentos básicos de alto valor nutricional a familias en riesgo, detectadas por el personal del hospital, provenientes de veredas lejanas. Compartimos libros de lectura, útiles escolares y lámparas de luz solar.

Los medicamentos llevados son utilizados por el personal médico presente en los grupos de atención y luego lo que queda es entregado al personal del hospital para su administración.

“Caravanear” es dar de lo que se tiene y recibir más de lo que se puede esperar, es construir y sembrar para la vida. En lo personal, es mi actividad favorita en el mundo mundial, y ¡más aún si se me da la oportunidad de bailar!

Gracias al llamado emitido y la capacidad de responder a él, desde la presencia o desde la distancia. Gracias a cada caravanero con quien he tenido el privilegio de compartir esta experiencia.

 

Diana Angélica Vargas

DIANA VARGAS

Nana Vargas (conocida con el nombre artístico de Diana Angélica Vargas Castañeda), Medica cirujana de la Universidad Nacional de Colombia, bailarina de corazón, Profesora de yoga y yogaterapia ayurvédica, con formación en Medicina tradicional China, cromoterapia energética y Flores de Bach. 

Encontró en la Sintergética y Manos para Sanar el camino del Ser y el hacer amoroso, la búsqueda integral y misteriosa de la coherencia.

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