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AMOR DE MADRE

 

Las mujeres tenemos ese “no-se-que “que nos lleva a disfrutar de poner el amor no sólo en acciones, mimos, comidas ricas; sino también en palabras. Nos fascina mostrar lo que nuestro corazón siente a quien escucha con respeto, nos enamora la intimidad que teje vínculos duraderos, nos encanta escribir y hacer con nuestras cartas avioncitos de papel que cruzan cordilleras, saltan fronteras y llegan a la ventana que las espera …

Veo a mis pacientes madres, a mis amigas madres, contemplo las diferencias y el idéntico trasfondo del amor materno, y mi amor por ellas se condensa en una lágrima. Rueda por mi mejilla, cae en una estrella… Y les digo, no cambien nunca…

Escribe mi poeta más querido “podría navegar el mundo en una de tus lágrimas”. Lo dice cuando su mujer, está embarazada de su cuarto hijo, Sebastián; y si, el mundo cabe en una lágrima. 

La esencia de las madres es su entrega, ese total olvido de ellas mismas, en tanto ego, en tanto individuo con prioridad en sí mismo – en sus necesidades, preferencias y deseos-. Es la abnegación completa, el sacrificio silencioso.  Entendamos el término “sacrificio” por favor. Es hacer sacro, hacer sagrado algo, es dejar lo inferior en aras de lo superior; no es en lo absoluto, victimizarse. Si hay victimismo, hay egocentrismo, hay carencia, debilidad, reproche y queja. El victimismo es la sombra de la maternidad, no su esencia.

El amor no es víctima jamás.  El amor es pura fuerza, da porque quiere y puede, avanza porque no teme, arropa porque es la ternura misma.  Enciende porque es fuego, se derrama por ser fuente, se regala por ser espíritu.

El espíritu es en ellas, amor.

Las veo y me maravillo… A fuerza de disolverse, se han hecho inmensas. A fuerza de negarse se han afirmado en el alma.  A fuerza de embellecer la vida de otros, se han convertido en faroles, incluso en faros.

Felicidades a todas las madres.

Felicidades a los hombres, que aman a las mujeres.

Felicidades a los obstetras que las cuidan, las comadronas que las acompañan, los pediatras que las tranquilizan.

Felicidades a lo maternal en todos, esa capacidad del alma humana, de nutrir, cuidar y servir al otro.

Isabella Di Carlo

Isabella di Carlo es psicóloga transpersonal, escritora, conferenciante y poetisa. Especialista en Esencias Florales, Homeospagyria (Homeopatía) y AONC (Auto Observación Neutro Consciente – Neurociencias) se dedica a la psicología clínica desde 1992.

Enseña la práctica de la meditación como vía de autorrealización y servicio desde 1994. Realiza talleres prácticos para el entrenamiento en la aceptación, el perdón, la compasión y los demás valores que conducen a alinear la personalidad con el alma. Colabora desde hace 20 años con periódicos,   revistas y webs mediante artículos que promueven el despertar de la consciencia y la cultura de la paz.

Autora de VALORES QUE CURAN: Hacia una Psicología del alma,  La Sal de la Tierra y La Vida Siempre puede más (anahataediciones.com).

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