Es grato haceros llegar reflexión del Dr. Renato Segura, tras su participación como ponente en el Congreso Internacional de Sintergética celebrado en Cancún el pasado mes de Septiembre. Esperamos os guste.

“En el imaginario poético del continente americano está sembrado un grito de libertad. De la Tierra del Fuego al estrecho de Bering el murmullo de un viento inconforme cabalga sobre el lomo de nuestras majestuosas cordilleras, recorre las arideces de nuestros desiertos, profundiza el hondo vientre de nuestra madre tierra preñada con un inagotable manantial de minerales, se eleva trayendo consigo los caminos del agua que fertilizan y reverdecen el manto espeso de nuestras selvas tropicales, y estalla sobre nuestro Caribe o nuestro Pacifico con la fuerza telúrica pero silente de la espuma, quizás tan solo para seguir inscribiendo su rebeldía, en la roca y en la arena de nuestras costas.

La independencia de la Europa antigua nos costó. Nuestro suelo oro y verde también es rojo sangre. Las raíces arrancadas, los dioses vejados, los cuerpos ultrajados, el espíritu quebrado y en algunos casos desaparecido. Sin embargo, y pesar de la memoria de dolor, ya no participamos en el clamor por la injusticia. Nuestro ser espiritual no reconoce méritos en el azar del nacimiento. Somos americanos como pudimos ser de cualquier otro lugar del mundo, y así hemos empezado a reconocer las huellas del camino. Recién nos hemos preguntado, con los habitantes de la montaña y con los de las llanuras, ¿quien ha caminado hacia quién? ¿Hemos sido los primeros? ¿Que semilla Eva nos fecundo? ¿Nuestra memoria ancestral yace solo en este continente?.

Sesenta y seis millones de años atrás, cuando América del Sur y África aún no eran dos continentes separados, una masa cósmica descomunal impacto el planeta en la zona de la península de Yucatán. El golfo de México, entonces sumergido en el Caribe que hoy lo baña, recibió un meteorito de más de diez kilómetros de diámetro desencadenando un cataclismo que terminó con infinidad de organismos vivos, entre ellos, los dinosaurios. La cronología astronómica describió una nube de polvo que opacó todo y cortó la fotosíntesis ya que impidió la entrada de la luz del sol. Miles de fragmentos de roca se dispersaron por los aires con una velocidad y una fuerza incalculable y, cruzaron y traspasaron hacia arriba el límite del firmamento, regresando, por efecto de la gravedad y generando, por el roce con la atmósfera, un “pulso térmico”, una ola de calor, que inundo la superficie con temperaturas superiores a 500 grados centígrados y que cambio para siempre el ecosistema de entonces.

En Cancún, tal vez un emergente directo de tamaña fecundación, al llamado cadencioso del tambor americano que nos funda, se formó un ramillete de veinticuatro países. Cada representante enfundado en el ánimo de su propia idiosincrasia, blandió su baqueta buscando el acorde agrupante, el ritmo de esa corriente unificadora de almas a través de los corazones.

Ya no fue entonces solo nuestra América, ya no fue solo nuestro castellano. El salón fue un símil de mapamundi, una sinécdoque a través de la cual el grupo pudo ser nación o planeta. Un breve momento de conciencia local que nos elevó en un fractal de conciencia universal.

Quedamos envueltos por el relato conciso pero vivido de las tradiciones sociales, médicas y religiosas legadas por nuestros antepasados a lo largo de todo el continente, por las cosmo-geo-visiones escritas en el lenguaje de una inteligencia natural hija de la observación, el respeto y una espera secular resignada y taciturna.

Justo ahí fuimos sorprendidos por el extenso y fundamentado trabajo bibliográfico, minucioso y ordenado, de la Dra. Ruth Amarilis Rodríguez Sotomayor que fecundo nuestra reflexión con una nueva pregunta de múltiples variantes: ¿Somos el resultado de una sola ola migratoria? ¿No les cabe el mismo interrogante a las generaciones de humanos “más antiguos” de otras latitudes?. ¿Nuestra tendencia a reverenciar el milenario saber oriental no estará anclada en una suerte de mecanismo ancestral de reciproca reverencia refundido en una inconsciente sincronicidad de eras consecutivas?.

En el ámbito personal surgen nuevas elucubraciones:

¿Podremos saber algún dia, con cierta certeza, donde y cuando empezó nuestra historia?. ¿En qué circulo Dantesco de nuestro inconsciente colectivo surgió nuestra consciencia de ser americanos?.

La verdad descrita siempre será una verdad relativa ya que lleva implícita la imperfección y la incompletud. El ser humano individual se singulariza al “incluirse” y de allí, en suma, se universaliza. La llamada Nueva Era no es, o mejor, no debería ser, un embeleco esotérico desprovisto de fundamentación y de practicidad. Es, y ha de ser, una clara consciencia primero, de que el maestro que nos guía es interior y segundo, que no caminamos solos en el camino del aprendizaje y del desarrollo evolutivo. Tal vez estemos ad portas de entrar en la dinámica de un pensar cooperativo como humanidad, de una organización holarquica, y así podamos por fin entender que todo nos ocurre a TODOS simultáneamente, de la playa del cuerpo, al mar de las emociones, al cielo de la mente y a la luz del alma”.

Dr. Renato Segura

Miami, FL EEUU, noviembre 12 del 2017

www.sintergeticausa.us

Te invitamos a leer las experiencias vividas por el Dr. Renato Segura, en su incursión en territorio Kallawaya, durante el desarrollo de la Caravana de Amarete, que tuvo lugar en el mes de Agosto de 2017, haciendo clic aquí.

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