CRECIMIENTO PERSONAL, ¿De qué se trata?

TRANSICIÓN ENTRE EVOLUCIÓN Y CONCIENCIA

Hemos llegado a intuir lo que es Ser Humano por lo que el hombre parece, por sus componentes y sus mecanismos, por su comportamiento, sus roles. Esto es lo que no es el ser humano; este es su modo de ser, su vestidura, sus circunstancias; es lo que tiene que ver con el hacer, con el estar.

Al ser humano no lo podemos explicar por sus partes, por sus componentes, por su vitalidad, por una identidad genética. La diferencia genética entre el cerebro de un ratón y el de un ser humano es apenas el 4 %. La diferencia genética como especie entre un antisocial, un místico, un científico, un artista, un gobernante, un maestro…. ¡¡¡Es ninguna!!!

Ignorar quiénes somos, implica no poder aportarle a la vida nuestra escencia.

 

QUÉ ES ENTONCES LO QUE DETERMINA AL SER HUMANO???

Todo mecanismo o instrumento (el qué) obedece a un diseño (forma, estructura, características); este instrumento a su vez tiene un modo de funcionamiento (el cómo) que responde a un propósito (para qué).

El complejo diseño humano no obedece a un azar, ni a una combinación aleatoria de probabilidades casuales, en medio de las cuales somos casi un accidente, un precipitado asombrosa e inexplicablemente perfecto.

La función de un sistema o instrumento responde a un propósito, a un para qué; a su vez la función moldea el modelo, según se haga uso el uso del instrumento; el uso de nuestro instrumento según un cómo, un por qué y un para qué, le da vida propia al instrumento.

La forma como funcionamos, como utilizamos nuestro instrumento, moldea el organismo, genera hábitos y determina programas; así, levantar pesas, tocar un instrumento, hablar un idioma, asumir una identidad o forma de ser, tiene más relación con lo que nos sucede en todas las esferas de nuestra vida, que la misma herencia genética. Las células, los órganos, los sistemas, hasta la expresión del código genético, del ADN, están bajo la influencia de lo que el ser humano piensa, cree, siente, consiente, resiente y hace.

 

CONCIENCIA

En función del uso de nuestro instrumento, el cerebro hace un reclutamiento de neuronas que representan la realidad interna que nos mueve, lo que nos ocupa y pone en marcha programas automáticos, generalmente inconscientes, que implican las esferas del pensar, el sentir, el actuar, el reaccionar, el concebir; todo esto adquiere el colorido según el filtro con el que interiorizamos la realidad, que se vuelve nuestra realidad interna.

Y qué es lo que está detrás de la realidad interna, ya sea visible o invisible? La realidad interna es el registro, la huella, de la actividad de lo que llamamos conciencia y que se expresa en una manera de ser: nuestra personalidad.

La personalidad es el despliegue del potencial del pensar, del sentir, del actuar en el tiempo y en el espacio, según el uso de conciencia, expresión del alma.

En el escenario de nuestra intimidad, lo que pensamos, lo que creemos y lo que sentimos, está directamente relacionado con la realidad interna; en el escenario del mundo externo, las actitudes, los patrones de reacción, las acciones, están relacionados con la realidad externa; la realidad externa está construida y sostenida por los roles.

El diseño de la realidad, interna y externa, obedece a contextos entramados con lo personal a través del uso de consciencia: el pasado (evolutivo, cultural, histórico, social); lo presente, (social, cultural, familiar); el futuro (las tendencias evolutivas con las cuales nos identificamos activa o pasivamente, consciente o inconscientemente, pues a falta de la propia, domina la consciencia del colectivo más cercano o con mayor poder de influencia).

Podemos identificarnos con una o algunas tendencias que en general podemos ver como caminos, pero que de cara a la naturaleza del alma son tan simples como el camino del poder, el del amor y el del conocimiento. Cada una de ellos tiene sus propios actores (arquetipos), su esfera de influencia, poder y limitaciones, que nos enfrenta a lecciones, desafíos y crisis que no es posible resolver exitosamente por ensayo y error (entendido el éxito o el fracaso como el éxito o el fracaso de lo humano en el planeta).

Este ha sido y es un largo capitulo en nuestra historia como especie y corresponde a la ignorancia de la ignorancia. A veces, a pesar de que lo intentamos todo con el protocolo correcto, con los recursos correctos, los resultados son pobres o son lo esperado pero en detrimento del equilibrio de los recursos no renovables del planeta, a expensas del bienestar y la equidad de lo humano.

Por ejemplo, actualmente la principal causa de morbimortalidad en EEUU son los tratamientos farmacológicos bien conducidos, para enfermedades bien diagnosticadas. El problema es un asunto de enfoque, de lo que ignoramos de la realidad del ser humano, con profundo impacto en todo acontecer: por un lado se diezma el potencial humano para la familia, para la economía, para la sociedad; por otro, industrias como la farmacéutica, que sirven a intereses ajenos a lo humano, a la acumulación de bienes materiales, en la que el ser humano es una herramienta de producción, se convierten en los falsos mediadores entre el ser humano y la esperanza de bienestar. Mientras tanto instituciones como las universidades, los hospitales, la ciencia, la tecnología, la economía, basados en una hipótesis de corto alcance (la frágil premisa de mejorar estándares de plenitud basados en la ostentación del tener, del estar y del hacer, a expensas del ser), explotan el potencial humano, distanciándose cada vez más del ideal de servir a la vida, reinvertir en la vida.

Así, la aceleración y el crecimiento incontrolado de bienes de consumo cuyo precio sacrifica la dignidad humana, conciben, diseñan y ponen en marcha toda una maquinaria que, en el mejor de los casos, pretende afrontar los problemas relativos a necesidades irreales, dejando de lado la vida como proceso sagrado.

El verdadero capital por y para el cual se ha de trabajar, es el relativo al SER y a la VIDA en su plena expresión. Así a partir de un sano desarrollo y crecimiento personal, se revela la vida adquiere un sentido trascendente.

Reinvertir para acrecentar este capital sobre la base no solo de la sostenibilidad, que considera los procesos en la justa relación del hombre con el medio, sino de la sustentabilidad en el sentido de que toda argumentación y justificación pueda finalmente apuntar a la paz, al gozo y a la compasión, tal vez nos suponga el desafío de la desaceleración, del decrecimiento, pero con una sólida premisa, la búsqueda del SER en armonía con todos los seres y de éstos con el entorno.

Es necesario replantear los modelos basados en metas y consumados en acuerdos y transacciones cuyo propósito se aleja y, con frecuencia, es abiertamente contrario a la vida.

Transitar del concepto ampliamente justificado de explotación al noble principio de servir. Comenzar a ponerle el alma a la ecuación de la vida. Este es el punto de partida para el crecimiento personal.

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